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Small is beautiful


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Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 1 de noviembre de 2012 a las 13:08 | Clasificado en Opinión

El diputado de CiU Carles Campuzano analiza por qué el tamaño de un Estado no es un problema para la consecución de su derecho a decidir.

Desde determinados círculos progresistas hay interés en vincular los procesos de emancipación nacional en Europa a una supuesta estrategia neoliberal para debilitar la capacidad de actuación de los Estados frente a los mercados. El argumento no es nuevo, pero ahora cuando los ciudadanos de Catalunya expresan su voluntad de ejercer el derecho democrático a decidir su status político en el seno de la Unión Europea, ese discurso reaparece, tal serpiente de verano.

Lo que pasa que en Europa los hechos objetivos contradicen esa idea. Son precisamente los Estados de dimensión similar a Catalunya aquellos que en Europa tienen mayores índices de bienestar y menor nivel de desigualdad y mayor dinamismo económico y apertura a los mercados internacionales. En ese éxito pesan sin duda distintos factores, pero un Estado propio, las políticas que promueven, su mentalidad colectiva, la confianza en la propia sociedad, han hecho posible ese desarrollo avanzado. Por ejemplo, en materia de desigualdad, los países mejor situados en el Índice de Gini, que mide la desigualdad de ingresos, son Noruega, Islandia, Eslovenia, Suecia, Chequia, Dinamarca, Países Bajos, Finlandia, Eslovaquia y Austria. Estados de dimensión reducida y población relativamente similar a Catalunya. Ser pequeños no les ha hecho más desiguales. Todo lo contrario.

Y si nos vamos al otro gran indicador de bienestar social y calidad de vida, el índice de desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) que mide la vida larga y saludable, la educación y el nivel de vida digno, encontramos de nuevo en las primeras 10 posiciones Estados relativamente pequeños, tales como Noruega, Nueva Zelanda, Irlanda, Países Bajos y Suecia.

No es la medida de un Estado, ni la dimensión de la población aquello que garantiza una vida digna y una sociedad más igualitaria; ser más grande no implica para nada ser mejor en términos sociales. Las cifras y los datos objetivos apuntan en dirección contraria. Quizás porque un Estado grande como el español es incapaz, después de tantos años de pretender homogenizar la realidad social, de promover el patriotismo basado en valores positivos que reivindica la filosofa estadounidense Martha Nussbaum, y que es aquel que legitima que se puede reclamar a los ciudadanos hacer sacrificios para mejorar la vida de otras personas que están en peor posición, requisito de cualquier política redistributiva, especialmente en tiempos de crisis.

Y tampoco parece que la dimensión de muchos esos Estados les haga más débiles frente a los mercados; eso sí, los habrá dependiendo de los modelos por los que optaron. No son lo mismo Irlanda y Islandia, que Suecia y Dinamarca, por ejemplo. No es la medida la cuestión.

Y me parece muy evidente que si en Catalunya hoy parece que una mayoría muy amplia nos inclinamos por ejercer el derecho a decidir de manera libre y democrática como fórmula para conseguir un Estado no es ni principalmente, ni mucho menos exclusivamente, para preservar la identidad, sino sobre todo para buscar una vida más digna y más decente para todos los ciudadanos del país en el que convivimos.

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