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Un año con Rajoy y en la oposición


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Juan Moscoso del Prado

Nacido en 1966, Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Portavoz de Economía del PSOE en el Congreso


Escrito el 26 de noviembre de 2012 a las 17:06 | Clasificado en Opinión

El diputado del PSOE Juan Moscoso hace repaso del largo periodo electoral que empezó con las autonómicas de 2011 y acaba de terminar, y del horizonte que se dibuja para el PSOE.

El primer aniversario de la victoria del PP de Mariano Rajoy ha coincidido con la celebración de las elecciones catalanas, unos comicios que ponen fin al largo periodo electoral que arrancó en primavera de 2011 con las autonómicas y municipales. Autonómicas y municipales, generales, andaluzas y asturianas, vascas y gallegas y finalmente catalanas, cada cual con su propia personalidad -cada proceso electoral tiene su aquél- como se suele decir. En todas el PSOE ha pagado un duro precio, con diferencias importantes según dónde y con quién, en un periodo que marca si no el peor, sin duda uno de los momentos más difíciles para el partido socialista en esta etapa democrática.

En mitad de este periodo, digamos, ‘electoral’, el PSOE celebró en Sevilla su 38 Congreso Federal en el que resultó elegido, elegimos, Alfredo Pérez Rubalcaba como nuevo Secretario General tras los casi 12 años de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin duda el elemento más importante interno pero también de cara la sociedad para afrontar esta complicada fase política.

En este contexto en el que salvo sorpresas –quizás en mi tierra Navarra- no habrá nuevas convocatorias electorales hasta las elecciones europeas en 2014 merece la pena reflexionar sobre qué ha significado el primer año del PP y cómo ha ido afrontando el PSOE su nueva realidad desde la oposición y con menos poder institucional que casi nunca desde 1978.

Los fracasos del PP

El primer año de Gobierno de la derecha pasará a la historia como el del mayor giro político de un partido en el Gobierno en nuestra democracia. Nunca antes un Gobierno incumplió tanto su programa desde el primer día, nunca antes hizo desde el primer día exactamente lo contrario de lo prometido, nunca antes se desgastó tanto por empeorar prácticamente todo lo importante.

Tras su rotunda victoria, el PP demostró enseguida que no tenía un plan para sacar a España de la crisis, ni para crear empleo, ni siquiera para detener la destrucción de tantos puestos de trabajo. Es imposible recoger los indicadores que no han hecho más que empeorar o situarse en niveles peores que los heredados -déficit, la prima de riesgo, la situación bancaria, la necesidad de rescate…- jalonados de sonoros fracasos que han contribuido a ese empeoramiento como la gestión de la crisis de Bankia – el gran banco madrileño-valenciano del PP con su icono Rato al frente-, la incomprensible e injusta política fiscal, el fiasco del debate presupuestario para intentar ganar en Andalucía ocultando medidas, o su torpeza negociadora en Europa rematada por la venta de un rescate financiero como un premio por buenos alumnos.

Se trata del brutal desmantelamiento de políticas públicas como la sanidad del copago, la educación ex-universal, la erradicada dependencia, combinadas con una reforma laboral que cercena derechos como el de la negociación colectiva, y la práctica desaparición de políticas como la cultural, la I+D+i, la cooperación al desarrollo. Todo eso complementa la imagen de este primer año. Todo ello cierra un año nefasto en el que al PP todavía le han quedado ganas para arremeter con el ministro de justicia al frente contra derechos ya consolidados como el aborto, han acabado con la gratuidad de la justicia y amenazan con nuevos sustos.

2013 es clave para el PSOE

La consecuencia es que el primer año de Mariano Rajoy ha dinamitado la confianza en la economía española y ha multiplicado la grave crisis social que vivimos y que sí, también venía de antes, y que contiene graves elementos de crisis también institucionales.

Nuestro país como sociedad europea se enfrenta a grandes retos colectivos, el de la cultura del mérito y el esfuerzo, el del encaje en la Europa que surja de esta crisis, el de la crisis institucional o el del modelo territorial y de Estado en una España en la que los que votaron la Constitución tienen ahora 52 años o más, el del papel en la sociedad y en la política de las generaciones que no la votamos. Nuestra prioridad es transformar proyecto y partido para volver a contar. Sin cambiar proyecto y partido no va a ser posible acometer la recuperación del voto urbano y profesional.

El año 2013 es crucial para avanzar hacia el sueño progresista, ese que nuestro país sólo podrá volver a tener cuando la izquierda que representa al PSOE vuelva al poder, el de nuestra definitiva equiparación con Europa en los dos elementos que la distinguen del resto del mundo: la educación y la fiscalidad. El de la cultura y los valores sociales para acabar definitivamente con los complejos de clase y con la obsesión por la ascensión social, con la conversión en ciudadanos de derechas.

En este contexto, el PSOE afronta un periodo crucial libre ya de citas electorales hasta 2014 en el que está, estamos, obligados a poner a punto el proyecto y el partido para recuperar la credibilidad que hemos perdido a chorros y volver a poder ser alternativa con capacidad de ganar y generar ilusión en los ciudadanos. Escribía aquí hace poco que a pesar de tantos errores del PP, tras el largo y tortuoso periodo electoral del que hemos salido ligeros de equipaje, en el PSOE tenemos muchos frentes abiertos -proyecto, partido-, en un momento en el que a la política se le exige otras vías de participación, de transparencia, de rendición de cuentas y control democrático continuo.

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