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Dos hombres y un destino de dignidad para Europa


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Beatriz Becerra

Madrileña del 66, casada y madre de veinteañero. Licenciada en Psicología y MBA, especializada en Organización y Recursos Humanos, con veinte años de experiencia profesional en marketing, publicidad y comunicación. Novelista y docente. Diputada al Parlamento Europeo por UPyD.


Escrito el 30 de noviembre de 2014 a las 3:14 | Clasificado en UPyD

Reflexiones de la eurodiputada Beatriz Becerra al hilo de la visita del Papa Francisco y del médico congoleño Denis Mukwege al Parlamento Europeo

En el marco de la celebración del 25º Aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño y del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, esta semana el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo ha acogido (o más bien se ha sobrecogido con) la presencia de dos personajes únicos. Dos hombres que ya han hecho historia. Dos referencias incuestionables en la defensa de la dignidad del ser humano.

Difícilmente se puede imaginar una confluencia tan extraordinaria de ascendencia moral y trayectoria personal.

Son incontables las crónicas ya escritas sobre ambos. Por un lado el Papa Francisco, un jesuita de sencillez franciscana nacido en Buenos Aires hace casi 80 años, que, desde un humanismo cristiano deslumbrante, no elude un solo tema relevante y está sacudiendo uno por uno todos los estatismos de la Iglesia católica. Por otro, el doctor Denis Mukwege, Premio Sájarov 2014, un ginecólogo congoleño que lleva casi treinta proporcionando a decenas de miles de mujeres y niñas violadas auxilio médico y psicológico en el hospital Panzu de Kivu, una región devastada por la guerra en la República Democrática del Congo.

Ambos, sin aspavientos, desde la comprensión, la exigencia y la ejemplaridad más profunda, nos cogieron de la solapa esta semana y nos plantaron delante (a todos, a europeístas y euroescépticos, a conservadores, progresistas, liberales, verdes y comunistas, a extremistas y populistas de todo cuño) una verdad compartida e incontrovertible: la dignidad de la persona como valor y bien máximo.

“Pero qué dignidad le queda a una persona que no tiene lo mínimo para vivir…”

Desde el compromiso cotidiano que inspira al mundo, ambos hablaron de esperanza y de futuro. De la posibilidad cierta de ejercer nuestra responsabilidad como eurodiputados

“¿Cómo permanecer callados? Ha llegado el momento de resolver las causas de la violencia. Es urgente actuar, las soluciones existen y exigen una autentica voluntad política”

Y también de la exigencia de hacernos cargo del dolor y la soledad de las víctimas, de los abandonados, de los humillados y ofendidos. Y de mantener viva la democracia en Europa dejando a un lado las excusas, el miedo y la incertidumbre.

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