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La Transición ya ha transitado, la corrupción se la ha llevado


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Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 6 de febrero de 2013 a las 9:47 | Clasificado en UPyD

La corrupción lo impregna todo porque es un problema sistémico sostenido por el bipartidismo, según defiende el diputado de UPyD. Hay que refundar el sistema, empezando por la Constitución.

Con independencia de cómo acabe el esperpento de los “papeles de Bárcenas”, me parece muy probable que en el futuro sea reconocido como el punto y final del sistema político creado en 1978, y paradigmáticamente conocido como la Transición. Y no porque revista una gravedad inaudita: en España hemos visto cosas peores, como el golpe de Estado del 23F, exministros y exsecretarios de Estado encarcelados por terrorismo de Estado, o el propio Gobernador del Banco de España pillado metiendo la mano en la caja.

Lo que cambian son dos cosas: la primera, la profundidad y duración sin precedentes de la crisis político-económica que vivimos, y la segunda, el absoluto descrédito del bipartidismo. Sobre la primera circunstancia, la crisis, no creo que hagan falta muchas precisiones, sobre la segunda, sí.

El descrédito del bipartidismo significa básicamente que, a diferencia del pasado reciente -las elecciones de 2011 sin ir más lejos-, un número creciente de personas han dejado de creer en que el PSOE represente una alternativa política al PP, y viceversa. Por eso las encuestas del pasado domingo 3 de febrero  registraban, por primera vez, la posibilidad de que la suma de PP más PSOE no consiguiera el 50% de los votos en unas eventuales elecciones generales.

Algunos encuentran muy injusto que los ciudadanos no distingan entre políticos y políticos y partidos y partidos, sino que acusen globalmente a todos los que hasta ahora han estado en las instituciones, como Gobierno o como oposición, de la misma implicación en la corrupción, el mal gobierno y la crisis.

Y sin embargo, lo injusto es otra cosa: no querer reconocer que la crisis ha sido agravada por un sistema político del que mal gobierno y crisis política y económica eran consecuencias muy previsibles. Lo que sorprende es que se siga sin querer reconocer que el colapso del 51% del sistema financiero español, las Cajas de Ahorros, es un fenómeno profunda e intrincadamente ligado a su gestión por delegados de los partidos políticos tradicionales, y al fomento de la especulación hipotecaria -la burbuja inmobiliaria- para financiar a las administraciones locales y autonómicas, y a los propios partidos que las gobernaban, entregados a una política populista basada en el despilfarro de recursos públicos para fidelizar el voto: aeropuertos sin aviones, universidades sin calidad, o contratación irregular de cientos de miles de empleados públicos y contratos opacos a empresas ‘amigas’.

Despilfarro, mala gestión, opacidad y corrupción son en buena parte responsables de que la crisis económica haya producido seis millones de parados y arrojado a la emigración a cientos de miles de jóvenes bien formados, mientras un 25% de los niños españoles viven ya en situaciones de pobreza.

La novedad política es que cada vez más personas, en nuestro país y fuera de él (basta con ver el inmediato reflejo en la subida de la prima de riesgo del caso Bárcenas), entienden que se trata de una relación profunda, necesaria y nada casual. Que cabe, por tanto, hablar con propiedad de corrupción institucionalizada, no sólo por activa sino, lo que es peor, por la pasividad ante ésta.

Es la pasividad de la sociedad y de los partidos tradicionales -sobre todo de éstos, ya que son los que ocupan las instituciones y pueden tomar decisiones para combatirla y no lo han hecho- la que ha permitido que la corrupción crezca e impregne la totalidad del tejido institucional. La brutalidad de la crisis ha forzado el despertar de esta consciencia reprimida (no es grato reconocer que se forma parte de una sociedad tolerante con la corrupción política), y el resultado es una marea de indignación creciente en todos los estratos y ámbitos de la sociedad.

Se trata de una crisis de confianza que se convierte inevitablemente en crisis de la democracia (lo he explicado más extensamente aquí).

Pues bien, ya estamos en esa situación: lo que piden un número creciente de personas en nuestro país, e incluso fuera de él, es una refundación del sistema, una regeneración de las instituciones fallidas -por ejemplo, los reguladores y entidades de control que han fracasado, como el Banco de España o la Agencia Tributaria- que no es otra cosa que la ahora tan citada regeneración democrática. Cualquier intento de resolver esta situación al estilo Rajoy, es decir, primero negando el problema y luego dando largas hasta conseguir que se pudra y desaparezca por consunción, está condenada de antemano al fracaso y a soliviantar aún más los ánimos sociales. Por supuesto, la oferta socialista de sustituir a Rajoy sin comprometerse a cambio alguno de fondo del sistema político es básicamente la misma.

En fin: la crisis de la Transición ya ha sucedido, y de lo que se trata ahora es de emprender una profunda reforma del sistema desde dentro del mismo sistema. La regeneración democrática para la refundación del Estado, más allá de los límites trazados en los pactos de la Transición. Algo que requiere una reforma de la Constitución.

Los votantes dicen...
  1. Iulen Tazueco Manrique dice:

    Bien dicho, ya basta de tolerar el régimen del 78, el del bipartidismo y la corrupción, mucho más cercano al turnismo del siglo XIX que a un sistema democrático sin fallos, transparente, buen gestor del dinero público y garante de la igualdad de condiciones a lo largo y ancho del país. Acabemos de una vez con este neocaciquismo y superemos de una vez la Transición, que mantenerla durante 35 años es una broma de mal gusto. Somos un país atrasado y más afectado por la crisis que otros más al norte de Europa porque aún no hemos sacado adelante las reformas que otros Esta dos asumieron hace tiempo, mientras aquí. nos dedicábamos a colocar malos políticos que nos han llevado a la ruina. Usted y su partido han reconocido que son necesarias las reformas, y cada hez más ciudadanos os apoyamos, hartos del PP y del PSOE, de una IU que ambiciona ser como ellos pero en versión comunista, de un nacionalismo impertinente, ñoño e infantil que solo sirve para pactar y aprobar presupuestos en las Cortes a cambio de un alto precio, de la izquierda abertzale que se ríe de aus víctimas, de los medios e instituciones politizadas, de la dependencia de la UE para recortar servicios y no para adoptar el modelo de transparencia de otros países de la Unión. En definitiva, confío en UPyD porque es la única alternativa honrada y consciente de que son necesarias reformas (nada de revoluciones ni alternancias ni un cambio de gobierno a la brava, no) para sacar adelante nuestro país y hacerle despertar del letargo de la Transición, tan anacrónica como el Turnismo del que le estaba hablando antes.

    Si desea comentar algún aspecto o compartir sus opiniones, le dejo mi twitter aquí debajo: @sergeant_tamama Un saludo.

  2. francos dice:

    Sí, el final del sistema parece cercano.Esperemos que nos expulsen de la Unión Europea y podamos hacerlo de una manera pacífica, pero la alarmante bajeza moral del pueblo español, al votar una y otra vez a quien se sabe corrupto, da que pensar.

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