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Lo que sí ha estado bien en 2012: tres pasos contra la corrupción


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Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 27 de diciembre de 2012 a las 10:27 | Clasificado en UPyD

El diputado de UPyD Carlos M. Gorriarán hace balance del año destacando las cosas positivas que ha aportado la política.

Me parece que el injusto desprestigio de la política, injusto porque le afecta inmerecidamente el desprestigio merecido de los malos gestores y representantes políticos o de las instituciones fallidas. Reclamo un esfuerzo por al menos llamar la atención sobre las buenas decisiones políticas, aquellas que sirven para mejorar la cosa pública y el interés general, en vez de, como suele ser más corriente, empeorarlo.

No es algo tan fácil en el primer año de un Gobierno, el de Rajoy, que sin duda pasará a los anales como el del incumplimiento más extenso y profundo conocido hasta la fecha de un programa de Gobierno. Mariano Rajoy tiene un lema en común con Bartleby el escribiente, el genial personaje de Melville:  él preferiría no hacerlo.

Pero, a diferencia de Bartleby, que murió de inanición por su pura inacción, Rajoy hace todo aquello que preferiría no hacer y había desechado categóricamente hacer en su programa: bajar las pensiones (congelarlas es un eufemismo), liquidar la I+D+i, subir todo tipo de impuestos a costa de la actividad económica y de la competitividad de las empresas, agotar el erario salvando de la quiebra a cajas quebradas, o mantener a los nuevos avatares de Batasuna en la legalidad. Estamos en la fase en que don Mariano preferiría no tener que pedir el rescate a la troika: vistos los antecedentes mejor vámonos preparando. Pero yo también preferiría, digo, no hablar de lo mal que lo hace Rajoy sino de lo que hemos hecho bien este año cuyos últimos días vamos apurando.

¿Y qué hemos hecho bien este año? Y no me refiero a mi partido, UPyD (eso es fácil: seguramente, presentar en la Audiencia Nacional la querella contra Bankia admitida por la Fiscalía y el juez Andreu), sino a las instituciones de todos. Pues bien, en lo que al Parlamento respecta, creo que dar unos cuantos pasos muy importantes en la lucha contra la corrupción política. Tres en concreto: cambiar la Ley de Financiación de Partidos, ampliar la responsabilidad jurídica corporativa a partidos políticos y sindicatos y prohibir que los acusados en juicio oral por delitos contra las administraciones públicas puedan seguir en el cargo y formar parte de listas electorales.

Tenemos razones para celebrar estos tres genuinos progresos. Que hayan sido poco comentados en los medios, y por tanto poco valorados por la opinión pública, cada día más preocupada con razón por la corrupción -una lacra política, ética y económica-, no debe extrañarnos. Es lo usual, qué quieren que les diga, en una información política centrada en atacar al contrario y celebrar sólo lo de tu partido. Y aquí el mérito es de la institución, no de un partido en concreto.

La nueva Ley de Financiación de Partidos Políticos obligará a éstos, entre otras cosas, a publicar sus cuentas anuales de modo accesible (en su web), comprensible y detallando el origen de los ingresos (tanto subvenciones como cuotas y donativos) y su empleo en los gastos (retribuciones internas, gastos corrientes, campañas electorales, publicidad…), a ejercicio vencido y sin esperar a los cada vez más morosos dictámenes del Tribunal de Cuentas (al que también se le dan competencias sancionadoras que no tenía).

Además, la nueva Ley impedirá las condonaciones de créditos, ese modo tradicional y opaco de financiar tramposamente a los partidos a cambio de favores inconfesables. Y si un banco quiere hacerlo deberá convertir la condonación en donación pública, con el límite máximo de 100.000 €. Hay cosas que mejorar, como que las cuentas de las agrupaciones locales reciban la misma publicidad y control contable que las del aparato central, pero sin duda es un gran paso respecto a la vieja opacidad usual.

La ampliación de la responsabilidad jurídica corporativa, mediante una reforma del Código Penal, permitirá exigir responsabilidad corporativa a partidos políticos y sindicatos si llega a probarse que han actuado irresponsablemente tolerando la comisión de delitos, es decir, la corrupción política. Llegado el caso, un tribunal podría sentenciar la disolución de un partido o sindicato creado -o degenerado- para amparar prácticas corruptas. Y hay ejemplos de esto, desde el GIL de la Costa del Sol a la Unió Mallorquina de la señora Munar. Los partidos y sindicatos, manteniendo su carácter especial, no tendrán sin embargo más privilegios jurídicos que corporaciones como empresas y ONGs.

Respecto a la exclusión de cargos públicos y de listas electorales de los acusados de corrupción en la fase de juicio oral, significa ni más ni menos que el fin de la extendida e intolerable práctica de usar mal la presunción de inocencia para parapetarse en una institución y ponerla, con todos sus recursos, al servicio de la defensa privada del acusado (al estilo Berlusconi y de tanto alcalde español).

También de la no menos despreciable de buscar refugio en un ‘puesto de salir’ de una lista electoral cerrada para protegerse de la Justicia y seguir delinquiendo, degradando de paso a los partidos y a la política. Y ya que los partidos políticos tradicionales no han sido capaces de impedirlo por su propia iniciativa, cuando no al contrario, es un progreso que ahora lo impida una ley (también vía la misma reforma del Código Penal).

Ha sido una gran satisfacción poder entendernos con el PP y otros grupos parlamentarios para sacar adelante estas iniciativas. Aunque no sin reticencias y franca hostilidad en algún caso: es sorprendente el modo retóricamente feroz en que PNV y PSOE -y con menos vehemencia pero idéntico fondo CIU- se han opuesto a la ampliación de la responsabilidad penal corporativa a los partidos políticos, abusando de la peligrosa identificación entre partidos, instituciones y democracia…

No deja de sorprenderme también que el ministro Gallardón, tan oligárquico en asuntos tan graves como las inadmisibles tasas de la administración de Justicia, se aviniera enseguida a la exclusión de los acusados de corrupción de cargos y listas. ¿Interés propio bien entendido? Sea como sea, esta vez el PP ha demostrado mayor disposición a avanzar en la prevención legal de la corrupción que otros partidos que han sido más conformistas con el status quo y de los que cabría esperar más empeño a tenor de sus declaraciones.

En cualquier caso sin duda hemos dado pasos adelante: si las leyes se cumplen, España será un país mucho menos tolerante con la corrupción y más duro con los corruptos. Veremos si Gobierno y PP siguen siendo proclives al acuerdo en la esencial Ley de Transparencia, por ejemplo: ¡es muy, muy mejorable! Toca el año que viene, 2013.

¡Aprovecho para deseárselo muy feliz a todos los lectores!

Los votantes dicen...
  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Me parece que el injusto desprestigio de la política, injusto porque le afecta inmerecidamente el desprestigio merecido de los malos gestores y representantes políticos o de las instituciones fallidas. Reclamo un esfuerzo p……

  2. Obis Maxi dice:

    Se tendrian que llamar progreso-reformista. . UPyD( Unión Progresoreformista y Democracia ). .

    Progreso suena a partido progresista de izquierda. . Progreso-reformista
    suena a partido transversal( ni de izquierdas, ni de derechas ).

  3. […] Algo de esa mentalidad inspiró los duros alegatos de nacionalistas y socialistas contra la extensión a los partidos y sindicatos de la responsabilidad jurídica colectiva que tuvimos que oír al aprobarla este diciembre último (por cierto, ya ha entrado en vigor este […]

  4. […] Algo de esa mentalidad inspiró los duros alegatos de nacionalistas y socialistas contra la extensión a los partidos y sindicatos de la responsabilidad jurídica colectiva que tuvimos que oír al aprobarla este diciembre último (por cierto, ya ha entrado en vigor este […]

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