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Primarias


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Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 1 de mayo de 2013 a las 10:17 | Clasificado en UPyD

La elección directa de los cargos internos de los partidos es un paso necesario en su democratización. Además de fomentar la participación, destabaría las tensiones internas y haría florecer los intereses hasta ahora ocultos.

El recientísimo descubrimiento socialista de la conveniencia de democratizar los partidos imponiendo por ley la celebración de elecciones primarias para elegir cargos internos ha causado cierto revuelo. Más bien parece otra ocurrencia dentro de su crisis que la convicción surgida de un debate profundo, porque sólo hace unas semanas que el PSOE se abstuvo en una iniciativa de UPyD en ese mismo sentido votada en el Congreso. Pero bienvenido sea el debate, aunque sea en las habituales condiciones caóticas y superficiales del contexto político español.

La democratización de los partidos políticos es una condición sine qua non de la mejora de la democracia en general. Es absurdo -un absurdo habitual- esperar que partidos acostumbrados a los modos opacos, jerárquicos y clientelares sean capaces de impulsar la indispensable renovación de las instituciones democráticas que necesita mucha más transparencia, apertura, horizontalidad y participación.

Como prueba, basta con recordar las tortuosas y tenebrosas negociaciones de la mismísima Ley de Transparencia entre los viejos partidos o el Gobierno y la Casa Real: eso es todo lo que, en las condiciones actuales, son capaces de dar.

Los partidos españoles han compensado la lejanía y extrañeza de la sociedad ocupando los espacios públicos para asegurarse el control de todos los resortes del poder, desde la justicia hasta los reguladores supuestamente independientes, y sustituyendo las magras aportaciones privadas por cuantiosas subvenciones públicas.

Las primarias pueden ayudar considerablemente a la democratización de unos partidos prácticamente improvisados durante la Transición y acostumbrados a la financiación ilegal -en absoluto una especialidad  exclusiva del PP- y la sumisión interna al liderazgo de turno como única forma de promoción, salvo cuando -como es el caso en el PSOE- el liderazgo falla y los candidatos a líder surgen por doquier.

¿En qué sentido son más democráticas las primarias que la elección en el seno de un grupo reducido o el dedazo estilo Aznar? En primer lugar, las primarias genuinas están abiertas al voto de todos los afiliados del partido -puede ampliarse también a los simpatizantes-, que pueden elegir entre varias candidaturas obligadas por el propio sistema a competir entre sí.

Las primarias no sólo son participativas, son, además, competitivas y, por lo tanto, conflictivas. Esto último es muy importante, porque altera profundamente la tranquilidad interna a la que aspira todo partido, tranquilidad tan alejada de la vida real, que en las sociedades abiertas, para la mayoría, es conflictiva y competitiva.

Si las primarias se acabaran extendiendo a todos los partidos, bien por decisión propia o por una reforma de la Ley de Partidos -que sería muy conveniente-, la política española sufriría un notable terremoto, precisamente lo que necesita para salir del espantoso estancamiento y mediocridad que la carcome.

La alternativa a la democracia debilitada por la corrupción, la ineptitud y la cobardía política de partidos agotados no es un sistema asambleario sin partidos, aunque sea vía internet (como hace en Italia Beppe Grillo con las febles consecuencias que eran de prever), sino una renovación a fondo de los partidos, o la creación de partidos nuevos libres de herencias tóxicas. La mayoría de las sociedades democráticas prefieren la representación por partidos y las instituciones eficaces a los experimentos de “democracia directa”, como acaba de comprobarse en Islandia.

Otra cosa es cómo reaccionaría la propia sociedad española, tan poco acostumbrada a la libre competencia con juego limpio, a la novedad de unos partidos políticos obligados a airear sus tensiones internas debido a la competición pública por el liderazgo. Supongo que a los ciudadanos más interesados por la participación política -una pequeña minoría, incluso en el seno de los partidos- les interesará mucho más ese nuevo sistema participativo, polemista y competitivo.

No creo, en cambio, que guste a los grandes grupos de comunicación y a las vacas sagradas de la opinión, acostumbrados a interferir y determinar los liderazgos de los partidos mediante el descarado uso de la luz de gas y el ninguneo contra quienes le desagradan, y la fabricación del líder a medida mediante el empleo generoso de los focos y la laudatio en columnas, tertulias y entrevistas.

Probablemente, muchos opinadores que ahora reclaman democracia en los partidos, incluso cuando hacen lo posible por bloquearla para promover calamidades como ZP, Mas o Rajoy, considerarán horrorosas sus consecuencias y las descalificarán como formas de caos, anarquía y debilidad del liderazgo dependiente que prefieren, ¡pero eso, acabar con la tiranía de la opinión interesada, también sería una afortunada consecuencia!

Los votantes dicen...
  1. Ayzen Myoo dice:

    Pan para hoy y hambre para mañana

  2. Fede dice:

    Muy de acuerdo con lo expuesto en el artículo. De hecho opino que las primarias son una condición necesaria, pero en el caso PSOE no son condición suficiente, porque no veo que propongan la misma democratización para la vida política del pais en su conjunto (no he encontrado ninguna propuesta concreta y firme del PSOE en cuanto a la reforma de la ley electoral).
    Por tanto es un “chapa y pintura”, un cambio de nombres sin contenido. El establishment sabe mucho de ese tipo de mecánica. Los demás que somos nuevos, nunca hemos creido en el “ceteris paribus”…..
    Gracias por el artículo

  3. José Navarro González. dice:

    El artículo me parece muy interesante y pone de manifiesto lo más actual del planteamiento democrático, que la ciudadanía empieza a plantearse como una necesidad. Lo deseable como ud. afirma sería una Reforma de la Ley de Partidos, pero los dos grandes no plantearán listas abiertas porque saben que necesitarían estadistas en cada uno de sus partidos, para mantener una autoridad moral y de eso desgraciadamente no hay en el Congreso de los Diputados o Senado, a parte de que serían abandonados por todos aquellos adláteres de los políticos que le han ayudado a salir a cambio de un puesto remunerado y no por defender ideas o programas. El cambio tiene que venir de la movilización ciudadana que les obligue a realizarlo y la primera prueba del algodón será el año que viene en las Elecciones Europeas, si la ciudadanía los hace caer en el más espantoso ridículo.

  4. upydense dice:

    Si además se hicieran en igualdad de condiciones para las candidaturas del aparato y el resto, sería la repera.

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