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Revolving door: el nuevo fichaje de Rato y otras denuncias


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Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 9 de enero de 2013 a las 10:24 | Clasificado en UPyD

El diputado de UPyD critica la práctica generalizada de altos cargos políticos incorporándose a empresas privadas. El último caso, el de Rodrigo Rato en Telefónica.

La última encuesta de opinión del CIS volvió a situar a los políticos y la política entre las mayores preocupaciones de los españoles y a los partidos como las instituciones más desprestigiadas. Un desprestigio tan largo y profundo -y añado que merecido en la mayor parte de los casos- debería haber provocado una reacción de, al menos, autodefensa o supervivencia por parte de los afectados. Si no por convicción y principios, sí por interés propio para erradicar las prácticas oligopólicas, corruptas y despilfarradoras -siempre pro domo sua- que están en la raíz de la crisis actual, que es una crisis económica, política, social y ética (pues debe existir una cierta ética pública para mantener la legitimidad de cualquier democracia).

Pero el mal está tan profundamente arraigado en la política heredera de la Transición que los aludidos, las cúpulas y cuadros de los partidos grandes y tradicionales, viven impávidos un proceso de deslegitimación que siguen alimentando como si ni siquiera fuera con ellos, ya que no lo ven ética y políticamente reprobable.

Es el caso del fichaje de Rodrigo Rato por Telefónica en pleno juicio por la quiebra de Bankia. Sí, ya sabemos que Telefónica es -teóricamente- una empresa privada que ficha a quien quiere para formar parte de su dirección y sólo responde ante sus accionistas, pero también sabemos que un movimiento semejante no puede producirse -en la práctica- sin la bendición del Gobierno y del PP. El silencio de ambas instituciones confirma que si acaso la promoción de Rato no motiva entusiasmo, tampoco merece rechazo ni crítica alguna, o lo que es lo mismo, se consiente.

Los anglosajones llaman ‘revolving door‘, literalmente ‘puerta giratoria’, a esta práctica habitual del paso de las instituciones de gobierno a las ejecutivas de las grandes empresas o bancos, acabando con cualquier separación razonable entre los intereses públicos y los privados. Y es una práctica condenada por prácticamente todo el mundo comprometido con la democracia. En unos casos por las evidentes colusiones de intereses que se producen entre los altos cargos políticos y esas ejecutivas empresariales a las que acceden porque tienen influencia y gracias a las bendiciones de sus partidos de gobierno: el de las compañías eléctricas españolas y su hábito de contratar expresidentes y exministros es un caso escandaloso.

Asombrosamente, esas mismas empresas lamentan en privado de su mala imagen pública y que se les achaquen disparates como el ‘déficit tarifario’, aunque lo mismo hacen los lacrimosos cocodrilos de Telefónica con su sonado fichaje de Urdangarín. No deja de sorprender que gente tan bregada en la defensa del interés propio bien entendido se sorprenda tanto por la indignación del interés general. Probablemente, han perdido de vista toda distinción entre ambas esferas.

Mas en general, el ‘revolving door’ debe rechazarse y legislarse por la inevitable contaminación de las instituciones que implica la falta de separación entre dirección de empresas y gobierno político. Es obvio, y hay miles de ejemplos para confirmarlo, que cuando se usa y abusa del ‘revolving door’ ni las empresas ni los gobiernos deciden como es debido porque sus intereses, diferentes incluso en su naturaleza, acaban siendo indiscernibles.

La confusión de empresas y Gobierno es una contumaz estupidez compartida, por cierto, tanto por la derecha neoliberal como por la izquierda más castiza. Y si quieren un buen ejemplo, lo tenemos en la quiebra de las cajas de ahorro españolas, que sin ser legalmente empresas privadas representaban el 51% del sector financiero español y fueron regidas como bancos privados de sus propios patronos, impuestos por poderes políticos de partido que van desde el PP hasta IU.

Las denuncias de inspectores del Banco de España acusando directamente a la dirección política de esta institución reguladora -el célebre MAFO- ,de haber permitido la catastrófica crisis del sector de cajas de ahorros al someter la función supervisora del Banco de España a los intereses de los gestores y beneficiarios de las cajas, es un ejemplo acabado de nefasto ‘revolving door’.

Gestores que, como todo el mundo sabe, son o eran los representantes de partidos políticos, sindicatos, patronales y poderes locales. Entre ellos descuella Rodrigo Rato por su peso político y por el bancario de la monstruosa entidad sistémica que tanto contribuyó a crear, BFA-Bankia, que se ha ganado el derecho al título de banco del Doctor Frankenstein.

En una democracia seria esta denuncia desesperada de los inspectores del Banco de España habría puesto patas arriba el sistema, pero aquí no hay que temer algo así, al menos en lo que a las instituciones respecta. Lo demuestra, precisamente, que Rodrigo Rato haya sido elevado a la ejecutiva de Telefónica atravesando con elegancia la ‘revolving door’ directamente desde el banquillo de la Audiencia Nacional. Como Franco, el ‘establishment’ español presume de tener impasible el ademán incluso al firmar… bueno, ya saben.

Desde luego, se puede y se debe mejorar la legislación básica que hace más difícil la práctica del ‘revolving door’, es decir, legislación sobre incompatibilidades y sobre tiempo de demora para que un exalto cargo político se pueda incorporar a un alto cargo empresarial. Pero para eso hay tantas trampas como reglas, como demostró la rápida incorporación de Elena Salgado a la filial chilena de Endesa, burlando la legislación que le obligaba a esperar al menos dos años para entrar en la matriz española.

La verdad es que este tipo de cosas sólo pueden evitarse si se penalizan políticamente, esto es, si los electores retiran su voto a partidos que consideran de lo más normal (ignorar) las denuncias de los inspectores de Hacienda o del Banco de España, o (aceptar) la promoción de Rato por sus agradecidos amigos de Telefónica y del Gobierno. Esa es en realidad la clave de bóveda de cualquier democracia: que los electores elijan sus representantes y altos cargos en base a convicciones, principios y experiencia. Lo demás no funciona porque es tolerar el fraude, ‘revolving door’ incluido.

Los votantes dicen...
  1. Nombre. Apellido dice:

    Se tendrian que llamar progreso-reformista. . UPyD( Unión
    Progresoreformista y Democracia ). .

    Progreso suena a partido
    progresista de izquierda. . Progreso-reformista suena a partido
    transversal( ni de izquierdas, ni de derechas ).

  2. […] Tolerar la corrupción política acaba impregnando y corrompiendo la totalidad del sistema. Si en algún sitio abundan las pruebas de la lógica implacable de esta regla es en España, con las conexiones entre corrupción política, despilfarro de recursos públicos, mala gestión, opacidad, manipulación de la información y tolerancia social de todo ello. Son los ingredientes del cóctel en que consiste esta crisis económica, política y social sin precedentes. Los casos Gürtel, Pallerols o de los falsos ERES no son simplemente la guinda que corona el pastel, sino expresiones y ejemplos de un modo de hacer las cosas profundamente instalado en la vida pública y con ramificaciones en toda la sociedad a través de la economía sumergida, el fraude fiscal o las “puertas giratorias” entre gobierno y empresas. […]

  3. […] Tolerar la corrupción política acaba impregnando y corrompiendo la totalidad del sistema. Si en algún sitio abundan las pruebas de la lógica implacable de esta regla es en España, conlas conexiones entre corrupción política, despilfarro de recursos públicos, mala gestión, opacidad, manipulación de la información y tolerancia social de todo ello. Son los ingredientes del cóctel en que consiste esta crisis económica, política y social sin precedentes. Los casos Gürtel, Pallerols o de los falsos ERES no son simplemente la guinda que corona el pastel, sino expresiones y ejemplos de un modo de hacer las cosas profundamente instalado en la vida pública y con ramificaciones en toda la sociedad a través de la economía sumergida, el fraude fiscal o las “puertas giratorias” entre gobierno y empresas. […]

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