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Una transparencia muy opaca


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Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 11 de abril de 2013 a las 9:06 | Clasificado en UPyD

Mientras los partidos políticos hablan y debaten sobre transparencia, se acumulan los casos de opacidad, también en los acuerdos para regular la propia transparencia.

La transparencia se ha convertido en uno de los debates de moda -y tardíos- en la política española. Bienvenido porque responde a una reclamación real y necesaria, pero no perdamos de vista que pueda ser malempleado como una cortina de humo para fines muy ajenos a los que persigue la transparencia, que es el control público de las instituciones y la dación de cuentas de sus actos a las demás instituciones y supervisores, pero sobre todo a sus ciudadanos. Por ejemplo, podría servir para impulsar una extraña “transparencia opaca”.

“Transparencia opaca” es un oxímoron, una figura retórica antigua que vincula dos términos antitéticos. Por ejemplo, “soledad sonora”, “silencio clamoroso” o “hielo ardiente”. No son tan raros como parecen y, en el por lo general elíptico, retorcido y simulador lenguaje político, el oxímoron es abundante. Antes de ayer alguna lumbrera increpó a UPyD como “populistas alejados de la realidad”, cuando el populismo se caracteriza por abusar de lo que es oportuno (oportunismo) y, por tanto, de lo real. Ser populista y proponer medidas antipopulares es incoherente y estúpido, pero es un oxímoron oscurantista a disposición de los que detestan la claridad.

La transparencia opaca es la criatura que están dibujando día a día las contradicciones entre las supuestas adhesiones a la transparencia, como principio político, y la resistencia numantina a adoptarla en la práctica. El caso más flagrante es el reciente anuncio a Reuters de que la Casa Real habría pactado con el Gobierno su inclusión en la Ley de Transparencia con ciertas condiciones.

Para las almas cándidas ese pacto puede parecer un avance hacia la transparencia, pero en realidad expresa la enorme lejanía práctica y teórica de ese concepto. La transparencia no es en realidad otra cosa que la apertura y publicación por ley de la información pública para hacer posible su verdadero objetivo, que no es publicar datos, sino hacer posible el ejercicio de una democracia participativa, abierta y sometida a la dación de cuentas; esto es, a la obligación de que las instituciones den explicación detallada de sus actos, logros y fracasos, y respondan a las preguntas que los ciudadanos tienen derecho a hacer sobre su gestión y toma de decisiones.

Por ejemplo, no es sólo que un ayuntamiento publique su presupuesto detallado, sino cómo se han concedido contratos, a qué empresas y cuántas se habían presentado y con qué condiciones, cuándo y cuánto se ha pagado, con qué financiación y qué deuda queda pendiente, etc.

Respecto al asunto de la Casa Real y la Ley de Transparencia, mal empezamos si se deja de lado al Parlamento, que es quien tiene la competencia legislativa, y el Gobierno pacta con la Casa Real cómo va a ser una Ley en la que PP y PSOE no querían que la Jefatura del Estado estuviera incluida de ninguna manera (y ni siquiera los partidos, al principio del debate). Por parte del PP -apoyado en esto por el PSOE-, este pacto es un abuso de la mayoría absoluta que anula el papel del Parlamento, una de las razones de la muy pobre calidad de la democracia española.

Si se han visto obligados a cambiar de posición es por la sucesión de escándalos y la exigencia pública de explicaciones por la actuación de la Casa Real en el caso Nóos. No está el horno para bollos oscurantistas, pero parece que sí para burlar la exigencia de transparencia.

Lo malo es que esta semana ha dado muchos más ejemplos de la lejanía de los partidos y ‘establishment’ tradicionales respecto a la transparencia tomada en serio. Reuniones secretas de Rajoy y Rubalcaba para pactar con Artur Mas asuntos que deberían debatirse en público en el Parlamento, como la financiación o rescate de Cataluña y sus repercusiones políticas; la pretensión de algunos gerifaltes del PP de Madrid de pasar directamente del gobierno que está “externalizando” la sanidad a dirigir empresas sanitarias privadas que gestionan esa externalización; protestas del nuevo partido de Llamazares, Izquierda Abierta, porque no le dejan intervenir en las reuniones de la ejecutiva de Izquierda Unida; la implicación de UGT y CCOO en los EREs falsos de Andalucía gracias a la opacidad de la operación.

Y también los escraches de la PAH, que dice promoverlos para “informar” y “debatir” sobre la ILP de desahucios, pero que se negó a hablar con UPyD del asunto pese a que fuimos los primeros en presentar propuestas contra los desahucios y para regular la dación en pago en esta legislatura, ya en diciembre de 2011.

Si esa es la transparencia que nos espera, oscura y torticera, tendremos un curioso oxímoron, pero nada parecido a lo que la transparencia persigue. Una transparencia de apaga y vámonos.

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