Arrow

Yihad y sharia en el patio trasero


4
Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 23 de enero de 2013 a las 10:14 | Clasificado en UPyD

El diputado de UPyD alerta sobre los problemas con el islamismo en una zona geográficamente mucho más cercana e influyente que Afganistán.

A estas alturas no va a sorprendernos la flojera del debate en marcha -es un decir- sobre la situación en Mali y los demás países del Sahel, pero no por menos sorprendente deja de ser otro síntoma más del profundo agotamiento de nuestro sistema político. Y no sólo en España, sino en la mayor parte de Europa.

Una Europa desunida, absorta en sus asuntos domésticos nacionales y nacionalistas, y cada vez más provinciana y perezosa. Que tengamos problemas muy graves en casa -paro, recesión, corrupción- no significa que no haya problemas externos que no puedan además agravarlos. Convendría recordar configuraciones comparables de la funesta década de los treinta.

Esta vez sólo se ha salvado Francia, que decidió implicarse en una guerra lejana sin esperar a la decisión del resto de Europa y de sus aliados. Seguramente porque, pese a todos sus tics chauvinistas y  a sus obvios y antiguos intereses en la zona, el país vecino se sigue tomando en serio su propia seguridad y su futuro.

Dos objetivos que pasan por la seguridad, prosperidad y estabilidad política de los vecinos de uno y, para decirlo en el viejo y denostado pero muy gráfico lenguaje ‘realpolitik’, en su patio trasero. Situación que obliga, como decía Jean-Marie Colombani, a cierta condena a “estar en primera línea”. Son obligaciones que no se eligen.

El ‘patio trasero’ meridional de la Unión Europea es África septentrional, es decir, el Magreb, Libia y Egipto, y la ancha franja del Sahel, sede de algunos Estados fallidos heredados de la arbitraria descolonización europea. Que en el sur de Sudán, y tras una larguísima y sangrienta guerra civil y religiosa, haya nacido hace nada uno de los escasos nuevos Estados reconocidos por la comunidad internacional en los últimos decenios, dice mucho de la volatilidad política de esta región del mundo.

El intento islamista de crear un Estado en el norte de Mali bajo la inspiración salafista y de Al Qaeda, coyunturalmente asociado con separatistas tuaregs, es otra expresión mucho más preocupante de ese mismo fenómeno.

En fin, a muchos españoles Mali, Mauritania o Níger pueden sonarles al remoto fin del mundo, pero están tan cerca en este mundo encogido por la globalización que en España hay muchos miles de inmigrantes originarios de esos países. Son, literalmente, tan vecinos nuestros como los marroquíes o argelinos. La creación de emiratos salafistas en el Sahel es sólo un paso de lo más obvio para imponerlos en el Magreb. Lo acaba de demostrar el asalto a la planta de gas argelina de In Amenas.

La intocabilidad de las fronteras consagradas por los tratados internacionales es una superstición que los islamistas no comparten y menos cuando, como sucede en torno al Sáhara, son fronteras imaginarias con excepciones tangibles como el muro marroquí del Sáhara Occidental. Es otro problema que cuenta con muchas simpatías pro-saharauis en España pero que, curiosamente, tampoco suele vincularse a lo que pasa en el Sáhara como si el problema siguiera anclado en la época de la Transición española y nada hubiera cambiado desde la Marcha Verde.

No son de esa opinión los propios saharuis: Aminatou Haidar nos explicó personalmente hace unos años, en la sede de UPyD, la inquietud que le producía a ella y a muchos otros la predicación islamista entre los jóvenes saharauis hartos de vegetar en los campamentos del desierto. Al poco se produjeron secuestros de cooperantes españoles y de otros países occidentales perpetrados, precisamente, para financiar con la industria de los rescates a las nuevas bandas yihadistas.

Pero nuestra afición a seguir anclados en los pseudodebates de la Transición sobre izquierdas y derechas y herencias franquistas, o en prejuicios infantiles como no hablar de seguridad militar y estabilidad política internacional como si no hacerlo conjurara los problemas -una estrategia del avestruz muy popular en muchos países europeos, con la salvedad de Francia y Gran Bretaña-, no va a resolver la muy real amenaza del auge del salafismo y Al Qaeda en lo que no es sino nuestro patio trasero y casa de nuestros vecinos.

Lamentablemente, el pensamiento mágico no funciona ni en economía -el hechizo de conjuración de los ‘brotes verdes’- ni en política y defensa. No pensar en ello no logra que el peligro desaparezca, y para nosotros lo que sucede en el Sahel es mucho más peligroso que lo que suceda en Afganistán. Así están las cosas y de ellas hay que hablar. No para alimentar las tertulias, sino para tomar decisiones como comprometerse a una verdadera intervención europea en el Sahel. Que no vuelva a pasar lo de Kosovo, que tampoco volverá porque Estados Unidos no está por la labor de sustituir en África a la UE.

Los votantes dicen...
  1. Estimado Carlos:

    Aciertas al cien por ciento en el análisis.

    Lo que no se vislumbra en ninguna parte de tu texto es ninguna opción definida distinta del decir que todo está muy mal.

    Lo que los ciudadanos están pidiendo no es que se les explique que las cosas están mal, eso ya lo perciben directamente, lo que están pidiendo es que una vez hecho ese análisis se explique cuál es la postura que debe tomar España; sin tapujos.

    Como tú no te atreves a formular una propuesta, yo te voy a decir cuál debe ser la posición de España en este conflicto de Mali y, si quieres, otro día seguimos conversando sobre política internacional, sobre planes y situaciones concretas.

    Dos puntos de partida:

    a) desde el Palacio de Santa Cruz nunca se ha prestado atención a nada africano que no sean Guinea y los países implicados en el tema del Sáhara (Marruecos, Mauritania y Argelia)

    b) Hollande se a marcado un solo “antiencuestas” al peor estilo americano “me baja la popularidad, invado un país” que ha complicado la cooperación.

    Alguien del Gobierno español con personalidad (¿?) debe plantarse en París y decirle a Hollande que llame a un par de países más (Alemania o Italia o Bélgica u Holanda) y que entre todos le ponemos otros dos mil soldados, de los cuales un tercio entran en combate. A eso se le llama Grupo de Apoyo, Iniciativa Europea o lo que sea. España aporta sus 800 soldados y en tres meses se sale del país y a los yihadistas se les deja el recado de que la próxima será peor.

    Quedarse esperando a que el apoyo venga de una iniativa europea donde Letonia (es un poner) pueda tener poder de veto nos lleva a uno y mil Kosovos más.

    Finalmente, a Francia se le da un tirón de orejas y se le advierte que como vaya
    otra vez sola sin el grupo de apoyo, le van a dar dos mandarinas y se acuerda una estrategia europea de lucha cultural (en sentido amplio) contra el integrismo en África respaldada por un ligero aumento del esfuerzo de inteligencia y militar.
    Si los otros países líderes de la UE se niegan a compartir esta estrategia, España se monta la suya por su cuenta y luego ya veríamos.

  2. Dr. Stockmann dice:

    El islamismo es un peligro en el Sahel y en Siria, donde Gran Bretaña y Francia apoyan a los rebeldes islamistas, como demuestra la franja verde islam de sus banderas. No tiene mucho sentido que te derriben un helicóptero en Mali con material donado a los rebeldes islamistas sirios(me refiero a Francia).

    Seamos claros, la intervención francesa en Mali es producto del derrocamiento de Gadafi por parte de Sarkozy por intereses petroleros.

    Y una cosa más, los islamistas del mundo entero se entrenan en un Kosovo, donde los cristianos están siendo exterminados por islamistas albanokosovares. Eso es Kosovo, zona bajo influencia turca y protección norteamericana. Luego dirán que el extremismo crece.

  3. Raúl dice:

    Señor Gorriarán, me parece que hace usted un buen análisis de la situación, pero, como ya le han indicado, no aporta ninguna propuesta relativa a qué debería hacer España. ¿Le parece suficiente la aportación militar (mínima) con que ha contribuido nuestro país?
    En mi opinión, no lo es. Es cierto que España no está, ni mucho menos, para gastarse los dineros, es cierto que Francia tiene mucho más que ganar que cualquier otro país en un conflicto en una de sus excolonias, y no es menos cierto que, si se trata de impedir el avance del radicalismo islámico en África, podríamos quedarnos de brazos cruzados y dejar que sea Francia la que pague el precio de quitarle a Europa ese problema. Sin embargo, Francia no deja de ser un aliado, y por si eso no fuera bastante, hay que tener en cuenta lo que dice Mauricio Luque: ¿no sería más conveniente que decisiones tan importantes como una intervención militar se tomaran en el conjunto de la UE, y no de forma unilateral? Hay que avanzar en dotar a la UE de una sola voz en el exterior, y no lo vamos a conseguir así.
    Eso no significa que debamos intervenir activamente solo por una idea relativamente utópica sobre la integración de la UE. También hay que hacerse una pregunta: ¿cómo podemos pretender que Francia nos apoye contra Marruecos cuando se monta lío, como sucedió cuando lo de Perejil, si nosotros no hacemos nada cuando nuestro vecino pide ayuda? Es evidente que Francia tiene muchos intereses en el norte de África, y que tradicionalmente se ha puesto de parte de los países de esa zona que de España, pero, ¿cómo pensamos conseguir que Francia cambie su orden de prioridades en cuanto a aliados si nosotros no hacemos nada? España no es un país fuerte, y, para imponerse en el plano internacional, necesita la ayuda de sus vecinos más poderosos. Si no cuidamos las relaciones con ellos, mal nos irá cuando los necesitemos.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>