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Volver a Madrid


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Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 29 de noviembre de 2012 a las 12:07 | Clasificado en Opinión

El diputado de CiU Carles Campuzano argumenta con cifras que el soberanismo no ha sido derrotado y que, además, el apoyo al referéndum es ampliamente mayoritario.

Vuelvo a Madrid después de las elecciones catalanas y parece como si el nuevo catalanismo soberanista hubiese sido rechazado en las urnas. Sonrisitas de superioridad de algunos, caras de satisfacción en otros. La desconexión continúa. Es cierto que CiU no ha sacado un buen resultado con la perdida de 12 diputados. No solo hemos quedado muy lejos de los objetivos que pretendíamos alcanzar, sino que los resultados ha estado por debajo de las expectativas más pesimitas. Pero CiU ha ganado las elecciones de manera muy clara. Más del doble de diputados que la segunda fuerza con representación parlamentaria (50 de CiU frente a 21 de ERC) por un lado y, por el otro lado, los 50 diputados de CiU son más que la suma de los obtenidos por el PSC, PP y Ciutadans, que alcanzan los 48 escaños. Muy rotundo.

Pero el éxito del movimiento de fondo de la sociedad catalana a favor del derecho a decidir y la soberanía es aún más definitivo y evidente. Las cifras son ahí aún espectaculares: cerca de 1.800.000 votos a favor de las candidaturas que defiende el Estado propio (CiU, ERC, CUP, SI), frente al 1.300.000 que suman PSC, PP, Ciutadans y otros. En medio los más de 350.000 votos de ICV. Pero la suma de aquellos que defienden la necesidad de canalizar la demanda catalana por la vía de la consulta democrática al pueblo es todavía más concluyente: más de 2.600.000 de votos que suman CiU, ERC, PSC, ICV, CUP y otros, frente a los 800.000 que suman PP, Ciutadans y otros. El mandato democrático de las urnas es categórico: hay una amplísima mayoría por el derecho a decidir.

Quizás convendría menos sonrisita y satisfacción. La oleada democrática y cívica del nuevo catalanismo soberanista no ha sido derrotada en las urnas. La corriente de fondo ha emergido y es poderosa. Políticamente tiene una articulación compleja, ciertamente. Se va a ver en las próximas semanas. Pero aquello que es relevante en el análisis de la sociedad catalana, es que el nuevo consenso catalanista está en el derecho a decidir. Esta demanda democrática es la que debe se escuchada y atendida en Madrid. La fórmula política para resolver la cuestión es el acuerdo en las condiciones y las consecuencias de una consulta democrática sobre el futuro de Catalunya entre el Congreso y el Parlament. Los acuerdos entre los gobiernos de Londres y Edimburgo establecen el precedente. También la sentencia sobre la “claridad” del Tribunal Supremo de Canadá es un buen antecedente.

Porque además, al volver a Madrid, he encontrado la calidez de otros madrileños, como la funcionaria del Congreso que, de manera cómplice, me dice que “muchos os entendemos”. Ojalá su sentido común sea escuchado.

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