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Ácido en la cara


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GuinGuinBali

Este artículo ha sido escrito en GuinGuinBali, un portal de comunicación especializado en África Occidental y la Macaronesia con corresponsales en varios países de la región y en otros puntos de Europa relevantes para la actualidad africana.


Escrito el 30 de junio de 2013 a las 19:25 | Clasificado en África

Una mujer que intentaba separarse de su marido ha sido atacada con ácido en la cara, una práctica habitual en muchos países de ascendencia islámica. Es un ejemplo de cerca de miles cotidianos.

Una mujer tapa su cara (Fuente: @jacksoncamcnn en Flickr)
Una mujer tapa su cara (Fuente: @jacksoncamcnn en Flickr)

A Mabel Mark le tiraron en la cara ácido. Hace más de 50 días que está ingresada en un hospital de Gran Canaria con la cara y el torso arrasados. Reside en Canarias desde hace años, en donde conoció a su aún marido, que ha sido detenido y acusado por intento de homicidio. Está en prisión sin fianza. Ella le acusa de haber inducido la agresión, que se produjo en Benin City, su ciudad natal cuando trataba de cerrar una cuenta bancaria conjunta y avanzar en el proceso de divorcio.

Él

Antes de montarse en su Opel Corsa amarillo, Kingsley O. preguntó qué había que hacer para poder ser policía en España. Mostró su interés ante el dueño del local especializado en artículos y uniformes policiales, que le explicó el proceder. Valoró algunos artículos. Miraba con interés. Llegado de Nigeria hace algunos años, contrajo matrimonio con una ciudadana de su país, Mabel Mark.

Su visita a la tienda ocurrió dos días antes de que fuera detenido en la localidad de Vecindario, Gran Canaria. El local estaba al lado de la tienda de artículos africanos de Mabel. Ahora duerme en prisión. Está acusado de intento de homicidio contra su aún esposa, que duerme también fuera de casa, en el hospital, mientras se intenta curar de las heridas producidas por un vertido de ácido que cayó sobre su cara arrasando la piel de su rostro y también la de parte de su torso. “El ácido me ha destrozado la cara, pero no acabará con mi vida”, dice a GuinGuinBali desde la cama del hospital en el que lleva ingresada más de 50 días. La prisión para Kingsley se decretó sin fianza por “riesgo de fuga” y para proteger a Mabel y su familia, que se sienten amenazadas.

Sus hermanas

Durante toda la mañana, las dos hermanas de Mabel dormitaron en la sala de espera de la planta séptima del Hospital Insular Materno Infantil de Gran Canaria. Mabel, mientras tanto, declaraba durante al menos un par de horas ante la jueza. La habitación 23 estaba custodiada por dos miembros de la policía judicial. Mabel no escatimó en detalles.

Mientras tanto Bless, una de sus hermanas, hablaba por teléfono en inglés, en Yoruba y hacía que entendía algo de español, pero poca cosa. Contó que su hermana lo ha pasado muy mal y que sufrió mucho en el desplazamiento desde Benin City, Nigeria, donde ocurrieron los hechos, hasta Gran Canaria; que tuvo que tomar tres vuelos comerciales. Uno de 30 minutos entre Benin City y Lagos. Otro de seis horas de Lagos a Madrid. Y uno de casi tres horas entre Madrid y Gran Canaria. “Lo hizo por su hija”, dijo Bless antes de lanzar la mirada hacia el inmenso Atlántico que se asomaba a la ventana del hospital. Luego, posó su cabeza sobre los brazos y cerró los ojos, sin dormir, pero queriendo descansar. Mientras tanto, su otra hermana seguía sumida en un ligero sueño alterado por el teléfono movil unas mesas más allá.

Su día a día

Cuando la policía judicial, los abogados y la jueza abandonaron la planta séptima, las hermanas de Mabel se apresuraron a entrar en la habitación para ver cómo había ido. Allí estaba ella, herida físicamente, pero con el ánimo robusto y con más decisión que nunca, como si hubiese derrumbado el muro del miedo tras el que se acostó durante tres años, desde que contrajo matrimonio.

Bless se acercó y la miró y no hizo falta cruzar palabra. Las enfermeras, apostadas en el marco de la puerta, cortaron el instante y comenzaron con las curas. Primero desinfectaron; luego la prepararon para trasladarla hasta el quirófano. Más tarde, con la cabeza y el cuerpo vendado, la camilla en la que iba acostada Mabel salió de la habitación. Así pasó la mañana del pasado 11 de junio Mabel Mark. Estas escenas forman parte de su nueva vida. De una vida que nunca esperó, pero por razones que sí temía.

La agresión

El 22 de abril, en Benin City, Nigeria, Mabel entró en la oficina del banco en el que abrió una cuenta conjunta con su marido para intentar cerrarla. Allí, con algo de desprecio y de forma malencarada, le dijeron que su marido había llamado para impedir cualquier operación que Mabel hiciera. Incluida la de sacar dinero. Era su dinero y su marido se lo impedía sacar, igual que dificultaba su divorcio. En esos días, cuentan las hermanas Mark, Kingsley O. había hecho varias llamadas amenazando con que Mabel estaba tomando el camino equivocado y le podía costar caro.

Ella, contrariada por la conversación en el banco, se dispuso a entrar a una peluquería en su ciudad natal. Y hasta allí se acercó un joven en moto, del que apenas recuerda nada. Y le arrojó un líquido en la cara que le ardió. Que le abrasó la piel. La derrumbó del dolor.

Fue llevada al médico con urgencia y en el hospital pasó un día. Con la cara desfigurada e hinchada, convencida por su hermano, se puso un vestido largo, que llegaba al suelo. Bajo él, una blusa y las vendas que le servían de escudo. Y del hospital fue al aeropuerto. Y ahí empezó una odisea de dolor y sufrimiento que solo Mabel conoce y que la llevó al Hospital Insular Materno Infantil de Gran Canaria en algo menos de 24 horas. En el recinto sanitario sigue durmiendo y en él ha sido operada en varias ocasiones, la última hace unos días, para tratar de recuperar la vista de un ojo. “Si me quedaba en Nigeria, me mataban”, aseguró en la conversación que mantuvo con GuinGuinBali. Ni en Canarias están seguras. Cuenta las hermanas Mark que Kingsley antes de entrar en prisión les comunicó que tiene un hermano en Melilla, que acaba de entrar a España y que si él se queda en la cárcel “vendrá a las Islas y acabará con nosotras”.

Su hija

“Estoy esperando el día que salga de aquí para ver a mi hija”, comenta entre amargura e ilusión. Mantuvo una conversación con ella que permite reproducir:

-Mamá, ¿Dónde estás?
-En África
-Comprame muchos regalos
-Vale, cariño
-Tengo que ir a casa a comer puré
-Vale, amor mío, te quiero

Acaba de hablar con su hija, levanta la cabeza y sonríe entre lágrimas que apenas pueden brotar por los ojos cerrados de la hinchazón que le produce que le hayan quemado la cara con áci

Perdón

Mabel Mark está dispuesta a perdonar a su aún marido, si reconoce que contrató a una persona para que le arrojase ácido en la cara y las amenazas posteriores y anteriores, que han hecho que en los últimos meses la familia Mark en Gran Canaria y en Nigeria viva atemorizada.

Fuente: “El ácido me ha destrozado la cara, pero no acabará con mi vida”
Autor: Txema Santana

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