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El ocaso de la piratería somalí


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Jesús M. Pérez

Analista de seguridad y defensa especializado en la transformación de los conflictos armados.


Escrito el 2 de mayo de 2014 a las 9:05 | Clasificado en África

El negocio de la lucha contra la piratería en Somalia: así fue como el fundador de Blackwater y un puñado de sudafricanos redujeron el problema.

Reunión entre representantes de la Unión Europea y las autoridades de Puntland
Reunión entre representantes de la Unión Europea y las autoridades de Puntland

En 2008 el canadiense Jay Bahadur trabajaba en una empresa de investigación de mercados cuando quiso dedicarse al periodismo. Pero alguien le dio un consejo peculiar. En vez de matricularse en la facultad, le recomendó que fuera en busca de experiencia a “lugares disparatados”. Así llegó a Somalia para cubrir unas elecciones locales, pero descubrió el mundo de los piratas. Bahadur se quedó una temporada en Puntland, la región somalí en cuya costa tenían su base los principales grupos piratas del país.

Recogió sus experiencias en un libro, ‘The Pirates of Somalia: Inside Their Hidden World‘, bastante desmitificador. Puntland no aparece como un lugar sacado de la película Mad Max, con violentos piratas paseándose con sus armas por las calles. Por el contrario, Puntland aparece en el libro, publicado en 2011, como un territorio con gobierno, fuerza policial y sistema penitenciario donde las autoridades carecen de suficientes recursos y la piratería es una actividad delictiva hacia la que se ven abocados jóvenes sin alternativas. Bahadur no encontró indicios de organizaciones piratas de alcance internacional manejando información privilegiada. Las expediciones piratas se organizan como un negocio puntual donde el reparto de beneficios queda definido a partir de los aportes económicos y materiales a la empresa y en donde los piratas que se lanzan al mar ganan por lo general una miseria.

En las conclusiones del libro, Bahadur recomendaba el apoyo internacional a las instituciones públicas de Puntland, además de una mayor coordinación entre las fuerzas navales internacionales que patrullan las aguas de Somalia y las autoridades de Puntland.

Mientras tanto, el problema de la piratería frente a la costa de Somalia se convirtió en materia de preocupación para los Emiratos Árabes Unidos. El transporte marítimo no es sólo importante para el país por la exportación de hidrocarburos, sino porque los Emiratos Árabes Unidos disponen de puertos que son importante nodos comerciales, como el gigantesco puerto de Jebel Ali. En una conferencia internacional sobre piratería celebrada en Dubai en septiembre de 2011 se recaudaron 5,1 millones de dólares para “iniciativas anti-piratería basadas en tierra”. El dinero fue gestionado por un organismo emiratí que gestiona dinero recaudado para obras de caridad (zakat), considerando sus actividades en Somalia como un acto de solidaridad con un país que no en vano forma parte de la Liga Árabe.

El dinero internacional ayudó a revitalizar la Fuerza de Policía Marítima de Puntland(FPMP). La formación de sus miembros corrió a cargo primero de la empresa Saracen International y luego de Sterling Corporate Services. La primera había formado parte de la constelación de negocios de Executive Outcomes, la extinta empresa sudafricana que representó el paradigma de empresa militar privada hasta la aparición de Blackwater. Sterling Corporate Services, por su parte, tenía su sede en Emiratos Árabes Unidos y a ella aparecía vinculado Erik Prince, el fundador de Blackwater. Había recalado en Emiratos Árabes Unidos tras vender la empresa. Allí trabajaba asesorando al gobierno, al que había ayudado en la creación de una fuerza militar con personal extranjero, entre ellos colombianos.

La presencia de instructores sudafricanos en Puntland se convirtió en noticia tras la muerte en abril de 2012 deLodewyk Pietersen, un antiguo suboficial y veterano de las tropas paracaidistas sudafricanas. Pietersen murió a manos de uno de los miembros de la FPMP, al que él había recriminado días antes el uso de vehículos de la fuerza para ir a comprar qat, una planta de propiedades narcóticas y cuyo consumo está muy generalizado en Somalia y Yemen. Los problemas no acabaron ahí. Tan pronto se hizo público la presencia de contratistas extranjeros en Puntland, se les acusó de violar el embargo internacional de armas al que estaba sometido entonces Somalia. La financiación externa había permitido dotar a la FPMP de toda clase de equipamiento, como camiones rusos KamAZ, todoterrenos blindados Ford F350 o aviones ligeros Ayres Thrush, algunos de los cuales pudieron verse en la ceremonia de celebración del segundo aniversario.

La atención de los medios de comunicación internacional, en especial cierto artículo en el New York Times, llevó a que se suspendiera la financiación internacional y que los instructores extranjeros abandonaran el país, creando un problema inesperado. Cientos de integrantes de la fuerza se encontraron con formación militar y sin trabajo. Existía un riesgo de que terminaran dedicados otra vez a la piratería, como había sucedido anteriormente con el personal contratado por las empresas Hart Security y SomCam. Pero la posición de Naciones Unidas era una paradoja.

El Gobierno Federal de Transición somalí había sido sostenido precariamente por las tropas de la Unión Africana procedentes de Uganda y Burundi. Las fuerza internacional africana, AMISOM, contaba con poca preparación en ciertas áreas frente a los yihadistas de Al Shabab, aliados de Al Qaeda. Así que AMISOM había recurrido al personal de Bancroft Global Development, una organización sin ánimo de lucro que venía a ser en la práctica una “ONG militar” y que se financiaba con la aportación de donantes internacionales. Su personal se encargó de formar a los soldados de AMISOM en materia como desactivación de explosivos. Así que la ONU apoyaba la presencia de instructores extranjeros en Somalia para ayudar a las tropas de la Unión Africana a hacer frente a los yihadistas pero desaprobaba la presencia de instructores extranjeros que ayudaban a una fuerza oficial de Puntland a luchar contra la piratería.

Encima de todo ello, la FPMP había mostrado ser eficaz y las estadísticas de ataques piratas frente a las costas de Somalia mostraron su punto más bajo en seis años en 2012. El problema se solucionó con un nuevo acuerdo en el que Bancroft Global Development se hacía cargo de la instrucción de la FPMP. A finales de ese año tuvo lugar una de sus operaciones más sonadas. La FPMP asaltó el carguero “Iceberg 1”, que llevaba en manos de piratas desde hacía tres años. Su tripulación estaba en unas condiciones sanitarias deplorables. El capitán había sido asesinado por los piratas y un marinero se había suicidado. La operación fue un éxito y los 22 rehenes fueron liberados sin daño.

El 26 de marzo de 2014 tuvo lugar una reunión entre representantes de la Unión Europea y las autoridades de Puntland en aguas somalíes a bordo del patrullero italiano “Siroco” para profundizar la coordinación entre la Fuerza de Policía Marítima de Puntland con la fuerza naval europea desplegada en la Operación Atalanta. Los representantes europeos manifestaron su intención de apoyar a la FPMP.

La Unión Europea ponía en práctica una de las acciones que Jay Bahadur había recomendado tres años antes. La comunidad internacional había señalado repetidamente la necesidad de afrontar el problema de la piratería somalí en tierra sin que nadie aportara soluciones. Dos años después de recibir una atención mediática negativa y de ser sometida a acusaciones de ser una fuerza desestabilizadora en el país, llegó el reconocimiento para la FPMP.

Los votantes dicen...
  1. […] Las historia de la Puntland Maritime Police Force y la reducción de la piratería en Somalia es mi historia de esta semana para Sesión deControl: “El ocaso de la piratería somalí”. […]

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