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Mucho más que una cárcel


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GuinGuinBali

Este artículo ha sido escrito en GuinGuinBali, un portal de comunicación especializado en África Occidental y la Macaronesia con corresponsales en varios países de la región y en otros puntos de Europa relevantes para la actualidad africana.


Escrito el 17 de diciembre de 2013 a las 19:07 | Clasificado en África

La isla Robben o isla de las focas ha pasado a la historia por ser el lugar donde Nelson Mandela estuvo encarcelado 18 de los 28 años que permaneció en prisión, aunque Madiba no fue el único que sufrió encierro y penurias en la isla, pues desde la llegada de los holandeses en el siglo XVII este lugar sirvió de prisión.

La entrada a Robben Island. (Flickr: April Killingsworth)
La entrada a Robben Island. (Flickr: April Killingsworth)

Robben Island, como se la conoce internacionalmente, no ha sido sólo cárcel. También ha albergado un hospital, una base militar, un centro para la cuarentena de animales y, en la actualidad, un museo. Y en gran parte, gracias a su inquilino más famoso: Nelson Mandela.

La isla es más bien pequeña, de tan solo un kilómetro de diámetro, y se encuentra situada a unos 12 kilómetros de la costa más cercana, la bahía de la Mesa o Table Bay. Por increíble que parezca, en el pasado remoto esta isla estuvo unida al continente y fue habitada ya hace miles de años. Se considera que el primer europeo en pisarla fue Vasco de Gama en noviembre de 1497 durante su primer e histórico viaje hasta la India.

Se cree que el primer prisionero que albergó la prisión de Robben fue Autshumato. Miembro de la etnia Khoisan que habitaba estas tierras sudafricanas y nacido en el continente, cuando era joven se trasladó a la isla, donde se convirtió en nexo comercial entre la población local y los navegantes europeos que pasaban por allí. Se hizo famoso por comprar tabaco y alcohol, pero dio con sus huesos en la cárcel de Robben, logrando escapar un año y medio después. Acabó su vida trabajando como intérprete para los holandeses.

Su sobrina Krotoa, conocida también como Eva, es otra pieza clave en la historia de la isla. Nacida alrededor de 1642 en Ciudad del Cabo, aprendió portugués y holandés y siguió los pasos de su tío como traductora. Fue la primera mujer Khoisan en casarse con un europeo, el cirujano danés Pieter van Meerhoff, siguiendo el rito cristiano. Sus problemas con el alcohol la llevaron varias veces a sufrir prisión y destierro en la isla. Investigaciones genealógicas y genéticas llevadas a cabo en la actualidad han concluido que Krotoa es antepasada de algunos ciudadanos sudafricanos blancos ilustres, como el que fuera presidente del Transvaal Paul Kruger o incluso el ex presidente De Klerk, que escondieron la presencia de una mujer negra entre sus ancestros.

Como se ha dicho, la isla ya contaba con una prisión a mediados del siglo XVII. Entre sus “residentes” forzosos de esta época se encuentran los líderes indígenas que se enfrentaban al poder colonial holandés, tanto en las Indias Orientales como en el propio continente africano. Uno de ellos fue el príncipe Abdurahman Moturu, imán de Ciudad del Cabo, que fue enviado a prisión en la década de 1740 y murió allí. En la actualidad, los musulmanes sudafricanos peregrinan hasta este lugar para visitar el Moturu Kramat, monumento erigido en su honor.

Pocos años después, otros dos presos famosos llegaron a la isla Robben. Se trataba de Massavana y Koesaaij, los cabecillas malgaches supervivientes del motín del barco negrero Meermin, que tuvo lugar en febrero de 1766. El primero murió tres años después, pero Koesaaij residió en la prisión durante al menos veinte años más. En esta época también había un centro para la cuarentena de los animales que llegaban del exterior con destino a la colonia.

Líderes religiosos y esclavos amotinados, pero también soldados británicos y holandeses, civiles, hombres y mujeres, y líderes políticos fueron conducidos a esta isla-prisión, que lo siguió siendo durante el dominio británico. En 1819, una rebelión fallida en el continente hizo que el jefe tribal Makanda Nxele diera con sus huesos en Robben Island. Sin embargo, intentó escapar y acabó ahogándose en las aguas de la bahía, pues su cuerpo apareció, inerte, en la playa. A finales del siglo XIX también fue encarcelado en la isla Robben el líder Langalibalele, que luchó contra el poder colonial.

Fue a partir de 1845 que la isla empezó a ser usada también para aislar a los enfermos contagiosos o con problemas mentales. La leprosería de Hemel-en-Arde, en el continente, se había quedado pequeña y antigua, así que las autoridades británicas decidieron abrir una nueva en Robben. En un principio, los enfermos no estaban retenidos y tenían la posibilidad de abandonar la isla si lo deseaban, pero a partir de 1892 sus movimientos comenzaron a restringirse.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla fue fortificada y dotada con baterías antiaéreas y cañones para hacer frente a posibles ataques, elementos que aún se conservan y se pueden visitar. Sin embargo, fue el régimen del Apartheid de la República de Sudáfrica el que, a partir de 1961, erigió en Robben una prisión de máxima seguridad. Decenas de presos, sobre todo líderes de las comunidades negras que luchaban contra este sistema injusto, tanto en Sudáfrica como en Namibia, tuvieron que vivir durante largos años entre sus muros sometidos a un estricto régimen carcelario.

Entre ellos destaca la presencia de Jeff Masemola, el primer prisionero condenado a cadena perpetua durante esta época, el activista Patrick Chamusso, Mosiuoa Lekota, Govan Mbeki (padre del que fuera presidente sudafricano Thabo Mbeki), el líder estudiantil Murphy Morobe, Walter Sisulu e incluso el actual presidente del país, Jacob Zuma. Sin embargo, no cabe duda de que el prisionero más famoso que ha dado a conocer esta isla en todo el mundo fue Nelson Mandela.

En la actualidad, la cárcel es un museo. La isla, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1999, es hoy un centro de atracción turística de primer orden. Partiendo desde Ciudad del Cabo, en uno de cuyos muelles hay exposiciones sobre la isla, se llega hasta Robben en un transbordador que tarda una media hora. La prisión de máxima seguridad es mostrada, habitualmente, por un antiguo preso que relata su propia experiencia en la cárcel. También hay un recorrido de 45 minutos por la isla y se puede visitar el puerto de la bahía de Murray.

Robben también tiene un alto interés por su flora y fauna y el museo se encarga de la conservación del patrimonio natural. Existen 132 especies de aves, entre las que destacan grandes colonias reproductoras de cormoranes y gaviotas, así como pequeñas manadas de antílopes.

Fuente: Isla Robben, mucho más que una cárcel

Autor: José Naranjo

Artículo publicado en el Especial Mandela de Casa África

Los votantes dicen...
  1. hola mucho gusto la informacion excelente pero quisiera saber si esta carcel es conciderado un monumento artificial

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