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El precio de estar en China


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 13 de febrero de 2014 a las 8:42 | Clasificado en China, Economía, Justicia

Las buenas relaciones con China inspiran una reforma legislativa que limita la justicia universal, ¿pero a qué precio? ¿Para qué?

El ministro Margallo con representantes de la empresa ALSA en China. (Fuente: M. Exteriores)
El ministro Margallo con representantes de la empresa ALSA en China. (Fuente: M. Exteriores)

La conversación, que se le atribuye quizá por error a Groucho Marx, es como sigue: Groucho le plantea a una mujer, “¿Se acostaría usted conmigo por 1 millón de dólares?”, a lo que la mujer le responde, tímidamente, que sí… “¿Y por 5 dólares?” A lo que la mujer responde alterada: “¿Por quién me toma?”. Y el hombre responde: “Eso ya ha quedado claro desde el principio, ahora sólo estamos negociando el precio”. ¿A qué precio renunciaríamos a la lucha por los derechos humanos? ¿Qué precio tiene renunciar a los principios democráticos a cambio de conseguir oportunidades de negocio para nuestras empresas?

Estas preguntas han asaltado el debate estos días con motivo de la reforma judicial exprés que el Gobierno del PP prevé que esté en vigor antes del verano. El objetivo: frenar la causa abierta contra la cúpula del Partido Comunista Chino en la Audiencia Nacional por el genocidio del Tíbet y evitar un conflicto diplomático con Pekín.

Se trata de cambiar la Ley Orgánica del Poder Judicial y establecer que los jueces españoles solo serán competentes para investigar delitos de genocidio, lesa humanidad o contra las leyes de la guerra cuando “el procedimiento se dirija contra un español o contra un ciudadano extranjero que resida habitualmente en España o que se encontrara en España y cuya extradición hubiera sido denegada por las autoridades españolas”.

Sin división de poderes

El régimen chino no contempla la división de poderes de Montesquieu ni cree en la independencia de nada ni de nadie, salvo la de su propio país y de su Gobierno o Comité Permanente del Buró Político. El país, en teoría un régimen comunista que ha derivado en un Estado autoritario de tintes oligárquicos (algunos dirían que una plutocracia, vistas sus cuentas en Suiza), no entiende que un juez o un tribunal español abra una causa contra un ciudadano de su país y que Madrid no pueda impedirlo. Tampoco entiende que semejante paso de España no provoque una reacción por parte china directamente proporcional y en sentido inverso.

El gabinete de Mariano Rajoy anunció el pasado 20 de agosto que se cancelaba el viaje a China previsto para mediados de septiembre del año pasado. Casualidad o no, pocas semanas después la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional reabría la causa contra el ex presidente chino Hu Jintao.

De realizarse el viaje de Rajoy, mínimo de una semana de duración, y días después conocerse la decisión de la justicia española sobre Hu Jintao, los chinos hubieran interpretado muy mal la visita del líder español. Casualidad o no, la cancelación del viaje salvó al presidente español de meterse en un lío quizá irreversible en la relación bilateral de ambos países. Los chinos son muy de gestos. Y también, de amenazas veladas.

¿Cancelación casual?

La idea inicial era hacer coincidir la visita de Rajoy con el 40 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre España y China, que se cumplía el año pasado. No pudo ser. Ahora se buscan fechas para volver a poner el viaje en agenda. Pero, ¿por qué es tan importante China?

En primer lugar, cabe matizar que se trata de un mercado de 1.350 millones de consumidores. Semejante axioma choca con la evidente pobreza que sufren amplias capas de la sociedad china. Uno de los pocos datos disponibles, relativo a ciudadanos urbanos, afirma que el sueldo medio fue en 2011 de 240 euros, que representaría a la mitad aproximadamente de la población. Mucho tendrían que bajar los costes de producción de los artículos occidentales para que el Made in Spain, por poner un ejemplo, fuera un artículo con potencial en semejante escenario.

¡Son los ricos, estúpido!

En 2010, según el Instituto de Comercio Exterior español, la población total empleada en China superaba los 800 millones de personas, de los que 124,5 millones estaban registrados como empleados en zonas urbanas. El porcentaje de desempleo en China en 2010 en zonas urbanas es del 4,2%. Lo que sobre todo interesa de China son los “ricos”. Las capas de mayor nivel adquisitivo. Aunque no hay cifras claras, algunos estudios señalan que en torno a 3 millones de ciudadanos chinos manejan un patrimonio de en torno a los 700.000 euros.

Para hacernos una idea, según la Agencia Tributaria, en torno a 5.600 españoles declararon ingresos superiores a los 600.000 euros. No es lo mismo que la magnitud de patrimonio, cierto. En cualquier caso, nos da una idea de lo que pueda significar para una empresa española el poder tener acceso a un mercado de semejantes características. Además, y según datos que las agencias oficiales chinas dan por buenos, el amor al lujo aumenta entre los consumidores chinos.

Inversiones con potencial

Según el Registro de Inversiones, entre el año 2000 y 2005 la media anual de inversión solo fue de 47 millones de euros, pero en el periodo 2006-2012 se multiplicó por diez y llegó a alcanzar los 488 millones de euros. Empresas españolas como Alsa, Técnicas Reunidas, Gamesa, Inditex, Applus o Bodegas Torres cuentan con una presencia destacada en China. En 2011 había alrededor de 600 empresas españolas con inversiones en China.

Para exportar al país asiático hace falta una autorización y ésta llega de forma arbitraria y aleatoria, en respuesta a gestos o intercambios. Para muestras, dos botones: la visita oficial de los ministros de Exteriores e Industria de agosto de 2008, con el contexto de los Juegos Olímpicos chinos, contó con el gesto chino de autorizar a 8 empresas españolas a exportar jamón al gigante asiático. El 8 es el número de la buena suerte del país. La ceremonia de apertura de los Juegos se celebró el 8 del 8 del 2008.

Otra muestra. La visita del presidente Hu Jintao en 2010 a Francia arrancó con el anuncio de varias aerolíneas chinas de comprar 102 aviones al fabricante Airbus, operación valorada en 10.000 millones de euros, de los que 4.000 irían a empresas francesas. Esa sí que es manera de arrancar bien una visita oficial. Un Sarkozy exultante se olvidó por momentos de la violación de los derechos humanos…

Ante este contexto y forma de actuar… ¿Cómo interpretarían los chinos que España ponga en busca y captura a uno de sus expresidentes? Para despejar cualquier incógnita ahí está el grupo parlamentario popular. Ahí están los intereses económicos. Aumentar las exportaciones. Si se les pregunta a los diputados si reniegan de la persecución internacional de crímenes contra la humanidad responderían ¿Por quién nos toman? Quizá sea cuestión de negociar el precio.

Los votantes dicen...

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