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La suerte de ser esclavizado


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 6 de mayo de 2013 a las 8:18 | Clasificado en Asia, Sociedad

¿Queremos políticos que hablen de cambiar el modelo, de revoluciones, o políticos estadistas que asuman la realidad y traten de hacer mejoras que consisten en pasar de morir de hambre a la esclavitud más espantosa?

Símbología de la esclavitud. Fotografía de Ariel López. Flickr
Símbología de la esclavitud. Fotografía de Ariel López. Flickr

Siempre son cuestionables los análisis que parten del supuesto de asumir que una situación indigna para el hombre puede ser, vista desde otra perspectiva, una situación óptima. Esta huida ha hecho que en numerosas ocasiones se aprecie un gran descrédito hacia análisis que en torno a temas que los valorados estadistas resolvían de una manera “práctica”, de “real politik”, de “sensatez” o, en el peor de los casos, cuando han apelado al “sentido común”.

Todos sufrimos en alguna que otra discusión este supuesto.  Podrán ustedes detectar el caso extremo con cierta facilidad cuando en un debate quien tiene delante le responde con displicencia -podrá incluso llamarle utópico en el mejor de los casos, idealista en el peor- cuando pone al hombre como parámetro de medida, frente a sus tablas y estadísticas.

Un caso de cierto parecido a esto lo hemos vivido estos días con un artículo sobre las condiciones de los trabajadores en Bangladesh escrito por Roger Senserrich, que ha supuesto una acalorada reacción de la dirección del medio donde fue publicado. En él se demostraba con cierta solvencia que los trabajadores que estaban en situación de esclavitud (sin “casis”) en Bangladesh estaban mejor que antes de ser esclavos porque, efectivamente, morían de hambre anteriormente.

Basándose en esos datos teóricamente demostrables sobre un gráfico al uso -podría valer por ejemplo una medición del PIB per cápita para avalarlo de alguna manera- se concluye que los ciudadanos de Bangladesh no estaban “tan mal” y que lo que para nosotros podía ser una situación laboral lamentable (cobrando 50 dólares al mes en jornadas de 12 horas sin posibilidad de ir al servicio y vejaciones habituales) para quienes morían de hambre no dejaba de ser una mejora en su calidad de vida.

Por si los datos sobre tablas y gráficos no fueran suficientes, en este caso -como en los que yo les describía al comienzo de este artículo- se apoya el argumento en la máxima del análisis de las carencias del “caso de estudio” como si fueran variables fijas, inamovibles en el tiempo. Con un “como país no tiene nada más (…) No tienen tecnología, no tienen capital para invertir en otros proyectos, no tienen una mano de obra educada ni dinero para crearla y desde luego no tienen la infraestructura para montar empresas de internet” el asunto parece quedar científicamente demostrado.

Este tipo de planteamiento se ha reproducido en nuestra sociedad en los últimos tiempos, llegando a gozar de un reconocimiento de “experto” frente al discurso tachado de “político” -con esa palabra sirve últimamente para resumir todo lo malo en pocas letras- que osaba poner en cuestión los gráficos y con ello el sistema global en el que nos encontramos.

Desde una visión quizá idealista cabe ver los datos como un descriptivo de un momento, jamás como una constante y mucho menos como un factor determinante.

Que los ciudadanos de Bangladesh estén “científicamente mejor” ahora -esclavizados- que antes -muriendo de hambre- no es más que la demostración de que están rematadamente mal y de que efectivamente, es necesario generar un nuevo modelo. Si en la situación actual Bangladesh no puede ofrecer nada mejor porque “no tienen nada más que llanuras inundables” otro motivo para reforzar que el cambio debe ser más profundo, puesto que dadas las actuales condiciones de mercado determinados ciudadanos están condenados a ser esclavos.

Y esto sin entrar a debatir que pueda valorarse como mejora en las condiciones de vida la esclavitud frente a la pobreza absoluta porque se da por debatido y respondido.

Formas de hacer política

¿Es una utopía plantear que se debe cambiar todo cuanto sea necesario para que no haya ciudadanos destinados a “tener la suerte de ser esclavos” o es un deber social y político? Centrando más la pregunta… ¿Queremos políticos que hablen de cambiar el modelo, de revoluciones, o políticos estadistas que asuman la realidad y traten de hacer mejoras que consisten en pasar de morir de hambre a la esclavitud más espantosa?

Últimamente nos estamos decantando más por los segundos, tal vez sin darnos demasiada cuenta. Hemos llamado ilusos a los utópicos hasta hacer de la utopía una ilusión, lo que nos ha dejado sin políticos con voluntad de cambio. Tenemos gestores y además especialmente malos, pero perdimos hace demasiado a los políticos.

Probablemente los perdimos en ese momento en que los que nos enseñaban gráficos nos convencían de que su resultado era el único producto válido cuando en realidad defendían su trabajo como un niño defiende sus dibujos en clase frente a los de sus amigos. Fue, creo, cuando lograron que revolución sonara mal -probablemente porque introducir el parámetro “revolución” en sus gráficos les estropeaba los cálculos que estaban tratando de vender- y cuando los políticos idealistas cayeran en el saco del populismo tergiversadamente entendido. O fue en otro momento, pero ocurrir, ocurrió.

 

Los votantes dicen...
  1. […] La suerte de ser esclavo […]

  2. Troilanas dice:

    Lo has clavado!!!!

  3. Raúl dice:

    Muy buen artículo.

  4. rostrocentauro dice:

    Antes de gestionar hay que optar. Cuando un político dice que no hay opciones, que sólo le toca gestionar lo que hay, es porque es ignorante o porque engaña. En el peor de los casos es un mentiroso ignorante que ni siquiera sabe el alcance que tiene su mentira. Creo que últimamente abunda este tipo de político mentiroso e ignorante.

  5. Alberto, visto lo visto en los últimos tiempos ¿de verdad crees que es posible cambiar el PSOE, devolverlo a la izquierda?
    No hablo ya del nefasto ejemplo que dan hoy pretéritas primeras espadas como Guerra o González, me refiero a gestos como dar voz a Talegón & CIA. en lugar de a la militancia de izquierdas, a los “utópicos”, a los políticos.
    Me interesa tu opinión.

    • Hola. Creo sinceramente que es posible, de la misma forma que hay que ser plenamente conscientes de las dificultades para que eso suceda.
      Evidentemente desde Ferraz y la dirección se propiciará que determinadas voces tengan más espacio que otras como ha ocurrido siempre, pero estamos en un momento en el que disponemos de muchas herramientas para poder “competir” y lograr que haya pluralidad. De ahí la necesidad de centrar mucho los esfuerzos en reformar orgnánicamente el partido, empezando por primarias realmente abiertas (pocos avales, transparencia en censos, debates públicos entre candidatos, etc). Una vez logrado -no es poco trabajo- dependerá de la militancia y la ciudadanía elegir su opción. Respecto a devolver al PSOE a la izquierda no debería ser tan complicado. La militancia está en esa izquierda y la gestión local en los ayuntamientos es realmente socialista en la mayoría de los casos. Pero los partidos acaban definiéndose por los liderazgos, normal que ahora parezca lo que parece. Es cierto que durante mucho tiempo los militantes estuvimos en silencio, luego hablamos pero eramos pocos… ahora cada vez más. Sí, creo que es posible ;)

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