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El Papa, en un Río revuelto


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Pablo Manuel Méndez

Periodista uruguayo. Escribo en Montevideo Portal y Revista Martes . Escribí en Alto Voltaje, Semanario Rumbosur, Crítica de la Argentina y publiqué las investigaciones periodísticas 'Temprana impostura' (2007) y 'En cuanto venga Julio' (2012), ambas de editorial Fin de Siglo.


Escrito el 28 de julio de 2013 a las 18:25 | Clasificado en Brasil

El Papa Francisco fue recibido en Río de Janeiro por unos dos millones de católicos de todo el mundo. Pese a que hubo algunas protestas en Río y en San Pablo en reclamo de mejoras en las gestiones municipales, los manifestantes fueron respetuosos con la celebración religiosa.

Un hombre con una bandera de Brasil y la imagen del Papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro (Fuente: Pablo Méndez)
Un hombre con una bandera de Brasil y la imagen del Papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro (Fuente: Pablo Méndez)

Unos dos millones de católicos de 190 países se han congregado en Río de Janeiro para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud, en lo que fue el primer viaje del Papa Francisco. Si bien el lugar había sido definido por su antecesor, en la JMJ celebrada en 2011 en Madrid, Francisco acomodó la agenda a su modo, ampliando los días de la visita e incluyendo otros peregrinajes.

Durante su estadía ha visitado la favela de Varghina, ubicada en una de las zonas más pobres de Rio de Janeiro, en donde la policía tomó el control pocos meses atrás. Además tuvo un encuentro con jóvenes católicos detenidos y visitó en el Hospital de San Francisco a varios jóvenes internados por adicción a las drogas.

El Papa Francisco dio la nota con una actitud horizontal, durmiendo y comiendo junto al resto de los obispos, dejando sin uso la habitación papal, lo que fue considerado por varios analistas como una “revolución” a la interna de la Iglesia.

Así también, llegó con antelación a todos los encuentros pactados, tomándose tiempo para saludar a la multitud que esperaba el paso de un papamóvil no blindado y bendiciendo los niños que la gente le lograba alcanzar.

Sus discursos fueron en esa misma línea, convocando a la humildad y al volver a la fe y llamándose a sí mismo como obispo y no como Papa. Francisco reconoció que muchos jóvenes habían dejado de creer en Dios por la incoherencia de las instituciones y los ministros del evangelio y llamo a animarse a ir contra la corriente y no lavarse las manos ante los problemas que ven.

“Jesús se une a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio”.

Sin embargo, Francisco generó cierta decepción en algunos sectores católicos progresistas al declarase firmemente en contra de la legalización del consumo de drogas, posibilidad que se está discutiendo recurrentemente en América Latina, al punto que la Organización de Estados Americanos la consideró como uno de los caminos posibles para combatir el narcotráfico en la región.

“La plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad. No es la liberalización del consumo de drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química”

Los costos de la visita

Se estima que esta jornada Mundial de la Juventud dejará a la ciudad de Río de Janeiro unos 220 millones de dólares, principalmente en los rubros hotelería y restaurantes. Además la celebración católica generó 20.000 puestos de trabajo transitorios directos, lo que le viene bien a una ciudad sumergida en las críticas contra el gobernador Sergio  Cabral, quien apenas alcanza el 12% de aprobación.

Uno de los puntos que se le critica al gobernador, es el gasto de 59 millones de dólares en el contrato de 14.000 efectivos de las fuerzas armadas brasileñas para brindar seguridad durante los cinco días de visita, además de 10 millones de dólares que se utilizan para subsidios de transporte.

El resto de los gastos de la JMJ los pagaron los participantes del evento que compraron un pack religioso con libro, mochila, cantimplora y tickets para transporte y almuerzo de unos 300 dólares cada uno.

La convivencia con las protestas

Dos días antes de la llegada de Francisco una manifestación en la casa del gobernador Cabral que  terminó con varios heridos con balas de goma, generó preocupación en las autoridades, que cerraron la zona de Copacabana para evitar que las manifestaciones ingresaran a donde estaban los fieles.

Sin embargo nada de eso ocurrió: los manifestantes fueron respetuosos del espacio destinado a la Jornada Mundial de la Juventud, pero sin dejar de manifestarse. Mientras algunos reclamaban por la renuncia de Cabral, por corrupción y mala gestión y señalaban que no se trataba de una protesta contra la visita del Papa, otros criticaban el gasto realizado por el gobierno de Río para la visita, además de los realizados para la Copa de las Confederaciones, el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

En la noche del viernes hubo una pequeña pero ruidosa manifestación en Sao Pablo, donde fueron destrozadas las vidrieras de algunos comercios de cadenas internacionales, mientras que en Río de Janeiro algunos manifestantes lograron llegar hasta Copacabana, donde el Papa se encontraba celebrando el Vía Crucis, portando carteles que le permitían manifestar sus reclamos en silencio. “Queremos que el mundo sepa qué está pasando en Brasil, que nos perdonen los creyentes”, señaló uno de los manifestantes al ser consultado por la prensa.

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