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Las sombras de Brasil


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Jesús M. Pérez

Analista de seguridad y defensa especializado en la transformación de los conflictos armados.


Escrito el 4 de junio de 2014 a las 13:51 | Clasificado en Brasil

Brasil lleva décadas siendo “un país de futuro”, y pudo quedar así eternamente. El Mundial será la prueba de si su crecimiento soporta el descontento social

Viñeta de Rodrigo, publicada en Expresso
Viñeta de Rodrigo, publicada en Expresso

En 1934 el escritor de origen judío Stefan Zweig abandonó Austria para nunca volver. Comenzó así un periplo por varios países que terminó en Brasil en 1940. Zweig, que huía del ascenso del nazismo, encontró en Brasil, según Vicente Parlermo, “un orgullo nacional pacífico, confiado, nada xenófobo ni agresivo”, “un país satisfecho con sus fronteras, y libre del redentorismo territorial”, y “un espíritu de armonía, una bondad natural, una predisposición para la integración y no para la contraposición social”. Creyó haber encontrado una especie de paraíso terrenal y escribió el libro ‘Brasil, país de futuro‘, que fue publicado en 1941, como homenaje al país en el que se había sentido generosamente acogido.

El concepto de Brasil como “país de futuro” fue repetido durante décadas pero como reflejo del potencial que el país albergaba y nunca terminaba de explotar: “Brasil es el país del futuro y por siempre lo será”. En noviembre de 2001 el economista Jim O’Neill, que trabajaba para Goldman Sachs, publicó un artículo donde señalaba al conjunto formado por Brasil, Rusia, India y China (BRICs) como los países llamados tener un protagonismo destacado en la economía global.

Brasil experimentó un despegue económico durante la presidencia del sociólogo Fernando Henrique Cardoso primero y el sindicalista Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva después. Los niveles de pobreza se habían reducido y empresas brasileñas de alta tecnología, como la aeronáutica EMBRAER, se habían colocado en primera línea de los mercados mundiales. Al igual que España en 1992 y China en 2008, los gobiernos brasileños decidieron que la organización de grandes eventos internacionales servirían como escaparate del desarrollo del país. Así, Brasil se postuló y logró la organización de la fase final del Copa Mundial de Fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016.

El inicio del descenso

La economía brasileña dio muestras de desaceleración en 2013 y las clases medias salieron a la calle en una de las oleadas de movilizaciones sociales más grandes vistas ante las expectativas defraudadas por la eterna promesa de un país llamado a ser próspero y desarrollado. Este año, en cambio, las movilizaciones sociales son el resultado de que las grandes celebraciones en Brasil tienen ganadores y perdedores.

Los grandes gastos en infraestructuras para los eventos deportivos han sido motivo de controversia, en lo que será la Copa Mundial de Fútbol más cara de la historia. El Movimiento de los Sin Tierra se ha manifestado en contra del Mundial, que considera un evento hecho para consumo externo y que no beneficiará a la población brasileña. El artista Ney Matogrosso se quejaba en la televisión pública portuguesa de que las infraestructuras construidas para el Mundial eran costosos “elefantes blancos” que no tendrían utilidad posterior

Otro motivo de polémica han sido las expropiaciones en barrios pobres para construir las infraestructuras del Mundial. Las familias, que luego son reubicadas lejos del centro, acamparon en protesta delante del ayuntamiento y de la catedral. Mientras, otra acampada se ha establecido al lado de uno de los estadios de fútbol de São Paulo donde tendrán lugar las competiciones. Los allí establecidos demandan viviendas baratas y protestan contra los gastos del Mundial. Al igual que en las protestas del año pasado, las demandas más recurrentes son mejoras en los servicios públicos y las quejas contra la corrupción.

Las quejas sobre las expropiaciones han venido acompañadas por las quejas contra las acciones de la policía brasileña en las favelas. La seguridad es una de las grandes preocupaciones de las autoridades brasileñas. No en vano, varias ciudades brasileñas se encuentran en la lista de las 50 ciudades más violentas del mundo. El año pasado, Pedro Taques, relator de la Comisión Especial de Seguridad Pública del Senado, señaló las grandes carencias del sistema de seguridad pública brasileño. El despliegue de cara al Mundial de Fútbol suma un total de 170.000 miembros de la policía, las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia, de los que 57.000 serán soldados. Estas cifras superan el despliegue de las fuerzas de seguridad sudafricanas.

Hasta ahora, las autoridades brasileñas habían optado por un trabajo a largo plazo con las comunidades de las favelas, llevado a cabo por las Unidades de Policía Pacificadora (UPP). Pero la cercanía del Mundial de Fútbol llevó a recuperar las viejas tácticas expeditivas de incursiones en las favelas, contestadas por las organizaciones criminales con ataques contra las comisarías de la UPP.

Las movilizaciones contra el Mundial de Fútbol se han hecho bajo el lema popular “Não Vai Ter Copa”, amenazando con interrumpir su celebración. Queda ver cómo responden las autoridades brasileñas ante los intentos de boicot del que será su primer gran escaparate ante el mundo, y si Brasil seguirá teniendo que esperar para ser el “país del futuro” en una promesa eterna convertida en maldición.

Los votantes dicen...
  1. […] de fútbol. Entraremos en unas semanas en que no se hablará de otra cosa. Pero la semana pasada decidí escribir en Sesión de Control sobre la otra cara, la de la gente que se manifiesta contra el despilfarro económico y los […]

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