Arrow

El uso perverso de las encuestas


3
Juan Manuel Fernández

Periodista. Centroamericano por convicción. Tico de nacimiento. Licenciado en Mercadeo y profesor universitario. Política, Economía y Social Media.


Escrito el 19 de mayo de 2014 a las 10:41 | Clasificado en Centroamérica

Diez horrores que desenmascaran la dura verdad: ni los partidos, ni los medios de comunicación, ni el electorado mismo, saben utilizar las encuestas correctamente.

Encuesta electoral
Encuesta electoral

Si sigue detenidamente el video de aquel debate, apreciará cómo el primer candidato de la izquierda tiene la participación más baja ¿Y cómo no? Si en dos de las principales encuestas difundidas masivamente salía en cuarto lugar a menos de un mes del día de las elecciones. Sin embargo, Luis Guillermo Solís, ese candidato aislado, es desde el 8 de mayo anterior, el presidente de Costa Rica ¿Qué ocurrió? ¿Qué salió mal?

Preguntando a quienes elaboran las encuestas y a quienes  las analizan y las difunden la conclusión es que no sabemos utilizar la información en la mayoría de los casos. Aquí, diez horrores sobre las encuestas en las democracias modernas.

1. Rara vez cambia la intención de voto

No existe prueba científica de que encuesta alguna influya o cambie la intención de voto del electorado. Mucho menos lo hará cuando un comando de campaña divulga que tiene en su poder resultados donde supuestamente lleva la ventaja, o peor aún, cuando la utiliza sesgadamente para su propaganda publicitaria.

2. O un triunfo o es que está mal hecha

No hay democracia en la que no pase esto. Los políticos siempre se acomodarán a conveniencia.

“Las encuestas de opinión mueven mucho dinero, los grupos de poder económico hacen apuestas, los intereses son exorbitantes”, comenta Leopoldo Neira, socio de la investigadora Dichter & Neira en Panamá, con fuerte protagonismo en ese proceso electoral.

Y eso lo contrasta su colega de Unimer Centroamérica Carlos Paniagua, presidente de la firma, cuando declara que “el problema principal lo crean los políticos que usan resultados ‘fabricados’ como propaganda a fin de desacreditar resultados de empresas que no los favorecen”. Incluso Esteban Álvarez, gerente de otra encuestadora, CID-Gallup, y quien hace estudios en toda Centroamérica, confiesa que ya están acostumbrados a que los tachen de ‘comunistas’ o de ‘capitalistas’ según la ideología del partido que lidera en las encuestas.

3. Los resultados no son nada sin contexto

En tiempos electorales un mes es ‘una eternidad’, explica Jorge Vargas, analista y director del Estado de la Nación. Añade que “hay que tomar en cuenta el contexto de la encuesta, que es de un momento que ya pasó, y que además hay una gran volubilidad en el electorado. Las encuestadoras tienen que diseñar un cuestionario y una muestra para tiempos difíciles, y no solo preguntar por quién va votar”.

“Es que la encuesta es un medio, no un fin, y enredar ambos roles es peligroso e inconveniente”, indica el experimentado periodista Boris Ramírez, quien conduce uno de los programas de actualidad más escuchados de la radio en Costa Rica, ‘Hablando Claro’.

4. Es iluso esperar que sea predictiva

“(La gente) Espera que las encuestas tengan propiedades sobrenaturales” ironiza Álvarez.

Roy Campos, presidente de la empresa mexicana Consulta Mitofsky, complementa que “los ilusos siguen utilizando las encuestas para pronosticar e incluso apostar con ellas, y si lo siguen haciendo, se seguirán topando con pared”. Neira, colega de ambos, refuerza: “Mientras la ciudadanía no entienda de márgenes de error y les otorgue un valor predictivo, se le está solicitando a las encuestas algo para lo cual no están diseñas: ver el futuro”.

5. Los medios no entienden nada de encuestas

La investigación arrojó fuertes críticas a medios y periodistas. “Muchos periodistas no entienden nada de diseño muestral, de márgenes de error, y lo transmiten. El problema está en la comunidad de medios y de analistas; es poca la gente que técnicamente entiende qué es una encuesta” fustiga Vargas. Y así lo refuerza el mismo periodista Ramírez sobre el último proceso en Costa Rica: “Quienes hicieron las lecturas incorrectas y daban información incorrecta a la ciudadana fueron los partidos políticos y los medios de comunicación”. “Los que reportan resultados deben entender mejor el tema de probabilidades, y de intervalos de confianza, no es solo dar el dato de cuánto porcentaje lleva un candidato” añade Vargas.

6. Sin encuestas, partidos y electorado ‘ciegos’

“Sin las encuestas, los jugadores están a ciegas sobre lo que el ciudadano espera, la forma de comunicarse con él y los grupos donde aún hay votos potenciales”, recalca Campos.  Continúa: “las encuestas son para crear estrategias, diseñar y modificar tácticas que permitan a los partidos incrementar sus posibilidades en la elección; si consideraran a las encuestas como sentencias de muerte o como campanas de triunfo, estaríamos en el peor de los mundos posibles, los gastos de la campaña son justo para modificar las preferencias, no para conservarlas”.

7. No son el único referente

Para Jorge Mora, director de FLACSO Costa Rica, intervienen otros factores en la decisión de voto con un peso tan importante tanto en las encuestas como en el contenido de las campañas, como el desempeño electoral de los candidatos (en debates, visitas, recorridos, formas de relación con la ciudadanía), los mensajes electorales o la presencia de situaciones comprometedoras (escándalos).

8. Ocultar información es peligroso

Uno de los cismas electorales en el caso costarricense fue la decisión del principal diario, La Nación, de no publicar la encuesta que contrató a la empresa Unimer en la semana previa al 2 de febrero.

Paniagua insiste en que la decisión del medio no fue compartida por su empresa. “La decisión de no publicar el último estudio realizado por la empresa UNIMER fue del cliente de esa empresa, aún contra la opinión de las autoridades de UNIMER”, aclara. Neira, quien se desempeña en la misma función en Panamá, opina al respecto que “ocultar lo que públicamente se ha anunciado se va a informar crea, al menos, suspicacia,s y al más muchas sospechas. Los medios de comunicación tienen la obligación de ser trasparentes. La credibilidad del medio y del propio encuestador está en juego. Es peligroso para ambos ocultar información”.

9. Somos ‘inmaduros electorales’

Neira confirmó que “nos falta mucha madurez política”. Y como se refleja en el análisis, los partidos usan mal las encuestas. Y los medios y el electorado también, cuando apelan a mitos no técnicos como el ‘voto útil’; ‘el voto a ganar’; o el ‘voto zapping’. “Los ciudadanos, en el escenario óptimo, deberían verlas para saber lo que sus conciudadanos van a hacer, para no sorprenderse de un resultado” concluye Campos.

10 ¿Y si se hicieran después de las elecciones?

Esto daría insumos a los partidos en una especie de post-mortem. No existe en este momento un ejercicio –público– que califique la percepción del electorado, luego de efectuadas las elecciones, sobre cómo influenciaron el voto temas como el contenido publicitario de las campañas, el desempeño de los candidatos en los debates o la influencia de los programas y promesas sobre la decisión del voto. Sería un punto de arranque para el próximo torneo electoral en perspectiva… y un análisis menos emocional de lo que motiva al votante y de lo que lo irrita.

Los votantes dicen...
  1. […] El uso perverso de las encuestas electorales […]

  2. […] El uso perverso de las encuestas […]

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>