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Panamá: cambio, ma non tropo


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Carmen Beatriz Fernández

Venezolana, urbanista (USB) con máster en Administración de Empresas (IESA) y en Campañas Electorales (University of Florida). Desde 1997 dirige DataStrategia y coordina el portal político iberoamericano e-lecciones.net


Escrito el 10 de mayo de 2014 a las 4:01 | Clasificado en Centroamérica

Las elecciones panameñas dejan algunas lecciones básicas sobre cómo afrontar una campaña electoral y lo que llega tras ella.

Dos votantes en un colegio electoral
Dos votantes en un colegio electoral

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de vivir la elección panameña, junto al equipo de colegas de OCPLA. Tres candidatos presidenciales pelearon voto a voto la elección, en un proceso que las encuestas auguraban muy reñido: el ganador Juan Carlos Varela (de la alianza entre el PP y el Panameñismo), el oficialista ‘Mimito’ José Domingo Arias, y Juan Carlos Navarro, del histórico PRD. En general percibí muy buen ambiente, intenso pero de gran jolgorio, en el que adversarios políticos confraternizaban en los mismos espacios físicos, a las afueras de los centros de votación. Fue un proceso bonito y no exento de sorpresas, del que resalto cuatro lecciones.

Cambio y continuidad

Es común que en las elecciones presidenciales se debata entre el cambio y la continuidad como argumentos principales sobre los que debe pronunciarse el elector. Panamá vive una ebullición de progreso, en el que el país viene creciendo a un febril ritmo interanual promedio del 10% (7% pronosticado para este año).

En esas condiciones no es de extrañar que los tres candidatos presidenciales con posibilidades manejasen una oferta básica parecida: continuidad en distintos gradientes. El ganador Varela viene de ser vicepresidente de Martinelli durante esta gestión. Un VP algo díscolo y con notables desencuentros con el presidente, pero compañero de fórmula al fin.

El oficialista Arias ofrecía “la fuerza de lo nuevo”, pero con la primera dama como compañera de fórmula las dudas sobre la continuidad parecían disipadas. La oferta de continuidad alcanzaba incluso a Navarro, quien tras ser por una década alcalde de Ciudad de Panamá distaba mucho de ser un ‘outsider’

La plata, necesaria mas no suficiente

Sin dinero no se ganan elecciones, pero el dinero no basta para ganar elecciones. Creo que la noche del domingo esa idea debió quedar fuertemente asentada sobre la almohada de Arias.

Recorrer Ciudad de Panamá y sus alrededores durante este proceso daba buena cuenta de las exhorbitantes sumas gastadas por el candidato oficialista en su campaña. Practicamente no quedaba espacio por cubrir que llevara el mensaje del “Cambio Democrático”. La pertinencia de ese mensaje era, desde luego, más cuestionable. Igualmente se percibía una muy importante inversión publicitaria del candidato Navarro (PRD).

El ganador, Juan Carlos Varela, por el contrario, tenía notablemente menos publicidad. Es un error bastante común el que se gasten fortunas en publicidad y material pop sin que se invierta adecuadamente en la investigación y estrategia necesarias para la construcción de un buen mensaje político. Probablemente Varela haya hecho una mejor inversión de los recursos de sus campaña que los otros dos candidatos

Las encuestas y sus fallas

Nuevamente fallaron las encuestas en la elección panameña. Todas las encuestadoras, las más y las menos serias, iban desde un final de fotografía hasta la cómoda victoria del oficialismo. Ninguna encuestadora vaticinó el resultado, pese a que las más recientes si mostraban claramente que Varela venía creciendo en las preferencias del electorado. “Un par de encuestadoras conocidas se van a fusionar y van a abrir ahora una heladería” bromeaba Henriquez, de la alianza ganadora tras la victoria.

Pudo suceder que se dio un efecto final donde el elector switcher, o el más volátil, se volcase hacia la candidatura de Juan Carlos Varela, eso sugeriría la alta votación militante reflejada en el voto parlamentario favorable a los partidos del PRD y Cambio Democrático; aunque también pudo haber pasado que hubiera un efecto espiral del silencio en las mediciones de las encuestas que escondiera las verdaderas preferencias ante el estilo autoritario del presidente Martinelli y su influencia sobre la burocracia gubernamental.

Los discursos de aceptación de resultados

Juan Carlos Navarro, del histórico PRD, quedó de tercero, pero fue el primero en reconocer los resultados en un estupendo y profundo discurso, digno de un estadista. “Ahora es cuando hay Navarro para rato” fue una de sus más sonoras frases de cierre. Y muy probablemente tiene razón, pues tiene ante sí una importantísima fracción parlamentaria que le augura un relevante rol en el ejercicio del liderazgo de su partido y en posibilitarle al nuevo presidente condiciones para la gobernabilidad. Por el contrario, en un pésimo discurso de aceptación de resultados, el herido presidente saliente afirmaba: “Conozco al ganador, Dios nos coja confesados”.

“Ha sido una lucha de la decencia contra el dinero. Ganó la dignidad, el amor a la patria y la militancia”, afirmaba por su parte Milton Henríquez, presidente de Partido Popular que apoyó la alianza ganadora. Las horas que siguen a un proceso electoral son de gran interés y enormes audiencias, son momentos sin igual para dejar huella.  Demasiado importante para dejarse llevar por las heridas que deja el fragor de un batalla. Conviene calibrar todos los escenarios y tener pensado qué decir en cualquiera de ellos….

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