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Un Canal sin proyecto país


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Juan Manuel Fernández

Periodista. Centroamericano por convicción. Tico de nacimiento. Licenciado en Mercadeo y profesor universitario. Política, Economía y Social Media.


Escrito el 1 de octubre de 2013 a las 15:24 | Clasificado en Centroamérica, China

¿Podrá el Gran Canal de Nicaragua cumplir la promesa de catapultar a esa nación como la más rica de Centroamérica para el 2020?

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. (Flickr: Prensa Presidencial de Venezuela)
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. (Flickr: Prensa Presidencial de Venezuela)

El 14 de junio pasado, el Gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua anunció que la compañía de capital chino HKND Group, del magnate Wang Jing, sería la concesionaria para construir un Canal entre los océanos Pacífico y Atlántico, cuya ruta aún está sin definir.

Desde ese día, el debate se ha centrado en la conveniencia para los nicaragüenses de una obra que asciende a 40.000 millones de dólares, y que incluye un ferrocarril, un oleoducto, dos puertos, dos aeropuertos y el establecimiento de zonas francas. Una de las preguntas sin responder del Gobierno de Ortega es si, en efecto, este Gran Canal es lo que la economía, el empresariado y la sociedad de ese país están urgiendo. Nicaragua es la segunda nación más pobre de América Latina, con un 58,3% de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza, según la CEPAL.

Dentro de la poca información que ha esgrimido el gobierno sandinista sobre el proyecto se ha prometido que la estructura elevaría el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua de entre un 5% a un 10% en 2014, y hasta un 15% en 2015. Las cifras no vienen de un estudio, si no de las declaraciones oficiales, al igual que la afirmación de que en 2020 Nicaragua sería el país más rico de Centroamérica gracias a dicha obra.

Pero cuando vinieron las preguntas se esfumaron las respuestas. En una conferencia de prensa convocada por la Cámara de Comercio Americana Nicaragüense (AmCham), Ronald McLean, vocero de HKND Group, ante las preguntas sobre la viabilidad y detalles logísticos del Canal, respondió: “Hay muchas cosas que quisiéramos decirles, pero la verdad es que no las sabemos porque estamos en un proceso”.

Además de los reclamos ambientalistas por el posible impacto del Gran Canal y del malestar por la eventual privatización de espacios naturales como el Lago de Nicaragua, a la fecha se han presentado decenas de recursos de inconstitucionalidad por las leyes que viola la iniciativa de Ortega. El presidente puso en marcha el plan sin ningún tipo de consulta popular o empresarial, gracias a una Ley aprobada en la Asamblea Nacional que le demoró solamente una mañana en el corriente legislativo.

El punto medular de la discusión es la premura de la iniciativa frente a las proyecciones económicas. A Panamá le tomó un siglo construir el Canal y su estructura de soporte. Quizás es por eso que el canciller panameño, Fernando Núñez Fábrega, cada vez que le consultan sobre la competencia que traería la obra del vecino país responde lo mismo: “No creemos que las cifras les den para hacer del Canal un negocio rentable”.

A ello se suma que Panamá es un país con un modelo económico creado alrededor del Canal. Sus puertos, Hub logístico, infraestructura, zona libre y centro financiero internacional están al servicio de los objetivos a largo plazo de una estructura creada, además, con el capital y el Know How estadounidenses.

El Gran Canal de Nicaragua no solo carece de una ruta definida aún y de estudios de factibilidad. No hay argumentos concluyentes que demuestren que la geografía y actividad sísmica del país responderían favorablemente al paso interoceánico. La falta de información y transparencia del manejo del concesionario también dejan dudas a la opinión pública.

Pero lo que destaca en temas políticos y económicos es que no hay un proyecto país, con una visión a largo plazo (la concesión es por 50 años, prorrogables a otros 50) que soporte y garantice el buen cauce de la estructura productiva. Las maquetas, el capital y las quimeras numéricas pueden colisionar con la realidad económica actual.

¿Es esta inversión lo que está necesitando la economía de Nicaragua en este momento? Al menos, esa pregunta no se la hicieron ni al sector privado ni a la sociedad civil nicaragüense. El proyecto avanza con el apoyo estatal de Ortega y de su hijo, Laureano, joven asesor de la agencia de inversiones nacional, Pro Nicaragua.

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