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La política, cosa de millonarios


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Escrito el 6 de febrero de 2014 a las 18:28 | Clasificado en EEUU

Más de la mitad de los diputados del Congreso supera el millón de dólares de patrimonio. El más rico, Darrell Issa, posee 464 millones; el más “pobre”, David Valadao, debe 12,1 millones. El presidente Obama y los jueces del Tribunal Supremo también están entre los más ricos.

Darrell Issa, en una foto de su cuenta de Flickr.
Darrell Issa, en una foto de su cuenta de Flickr.

En el Congreso de Estados Unidos se sientan ya 268 millonarios, 11 más que el año anterior, conforme revela un informe de la organización Center for Responsive Politics. Son cifras oficiales, puesto que se basan en las declaraciones de bienes de los propios congresistas, correspondientes a 2012, y suponen que por primera vez más de la mitad de los 534 miembros del Congreso dispongan de fortunas superiores al millón de dólares (unos 730.000 euros).

La media patrimonial de los políticos americanos ha crecido también, pasando de los 966.000 dólares en 2011 a los 1.008.767 dólares en 2012. No obstante, entre estos millonarios existen grandes diferencias. El político más rico sigue siendo un año más Darrell Issa (California), que hizo gran parte de su fortuna instalando alarmas para automóviles: 464 millones. Pudo haber sido desbancado por el texano Michael McCaul, cuya fortuna supera los 500 millones. Sin embargo, una nueva disposición del propio Congreso obliga a separar el patrimonio personal del diputado del de su cónyuge, y resulta que McCaul está casado con Linda, hija del muy acaudalado Lowry Mays, presidente de Clear Channels Communications, con lo que la fortuna real del congresista se reduce a unos ‘míseros’ 148 millones.

En el otro extremo, el más pobre de la Cámara, al menos sobre el papel, es el también californiano David Valadao, cuyo patrimonio es negativo en 12,1 millones de dólares, fruto de las deudas y créditos que tiene contraidos. En todo caso, parece que ha tenido un buen año, puesto que en su declaración de 2011 sus deudas se elevaban a 19 millones. Le sigue, como segundo ‘miserable’, el representante por Florida Alcee Hastings, un ex senador que llegó a estar inculpado por corrupción en los 80s. Aunque el juez federal lo absolvió el Senado le sometió a un procedimiento de ‘impeachment’ y lo expulsó. Hastings no se resignó y volvió a formar parte del poder legislativo al ganar las elecciones a la Cámara de Representantes a partir de 1992.

La muy exclusiva cámara alta que es el Senado tiene una media patrimonial que dobla ampliamente a los legisladores de la cámara baja: 2,7 millones de dólares, 0,2 millones más que en 2011. Los senadores republicanos son los más ricos, con un fuerte incremento de sus respectivas fortunas. Sin embargo, hay que matizar el descenso de los demócratas, ya que de la lista de senadores han desaparecido dos de sus mayores potentados: John Kerry, que ha pasado a dirigir la Secretaría de Estado, y que declaraba en 2011 un patrimonio de 248 millones de dólares, y el fallecido Frank Lantenberg, de Nueva Jersey, que enarbolaba 87,5 millones.

El antiguo senador y hoy presidente, Barack Obama, no está en la lista de los actuales legisladores, pero su patrimonio supera  ampliamente la decena de millones de dólares, fruto según su declaración de la venta de sus libros. Asimismo, casi todos los jueces que integran a título vitalicio el Tribunal Supremo superan ampliamente el umbral del millón.

La directora ejecutiva del Center for Responsive Politics, Sheila Krumholz, a la vista del informe, subraya que “es innegable que en nuestro sistema electoral los candidatos necesitan mucho dinero para sus campañas, y es evidente que los mejores ‘fundraisers’ (captadores de fondos) son los políticos, acostumbrados a moverse con soltura en los círculos que disponen de grandes cantidades de dinero”. Por otra parte, lejos de suscitar fuertes protestas porque la política esté cada vez más en manos de multimillonarios, “se mantiene el apetito por elegir políticos solventes económica y financieramente para que representen nuestros intereses en Washington”, concluye Krumholz.

No parece tampoco existir ningún reparo a que los legisladores inviertan en Bolsa y en valores sobre los que han de aprobar leyes y mantener la vigilancia. Y así, el mencionado informe establece el ‘Top Ten’ de las empresas sobre las que derraman parte de su fortuna. Estos legisladores americanos apuestan, por este orden, a General Electric, Wells Fargo, Microsoft Corp, Procter & Gamble, Apple Inc, Bank of America, JP Morgan, IBM, Cisco Systems y AT&T Inc. No desdeñan, aunque los situan más atrás, valores de empresas de petróleo y gas, inmobiliarios e incluso los denostados hedge funds.

Con estos datos a la vista se cae el mito, resumido en el famoso mantra, de que cualquier ciudadano americano puede llegar a ser presidente de Estados Unidos. En realidad nunca fue verdad, pero ahora se puede afirmar con comprobación científica. Como señala el politólogo Nicholas Carnes, de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, el Congreso tiene hoy menos de un 2% de sus miembros procedentes de los ‘blue collar’ (clase trabajadora), o sea exactamente lo mismo que ocurría en 1901. “Hace 50 años ya era extremadamente difícil para un ‘blue collar’ presentarse y ganar una elección, pero desde entonces los sindicatos han perdido mucho poder y las elecciones han encarecido sus costes de manera brutal. Es una vieja característica de nuestro sistema político, una forma de desigualdad que no desaparecerá por sí sola”.

En todo caso, no cabe ninguna duda de que el perfil personal y la riqueza de los legisladores, que en Estados Unidos se deben mucho más a sus electores que a los partidos, han de influir forzosamente a la hora de elaborar las normas y emitir su voto, sobre todo cuando se debaten cuestiones tan candentes como el salario mínimo, los subsidios de desempleo, la asistencia sanitaria o las subidas de impuestos.

Fuente: La política en Estados Unidos, cosa de millonarios

Autor: Pedro González

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