Obama está de nuevo contra las cuerdas debido a la crisis migratoria que está sufriendo Estados Unidos en los últimos meses. El contexto es más delicado que nunca, porque esta vez son los menores de edad los que protagonizan las entradas: miles de niños centroamericanos no acompañados por sus padres han cruzado la frontera con México en los últimos meses, lo que podría elevar a casi 60.000 este tipo de entradas a finales de 2014 (un 41% más que en 2013). Se trata de una cifra inédita que ha llevado al presidente a considerar estas avalanchas como “una situación humanitaria urgente”.

Al inquilino de la Casa Blanca se le acumulan los problemas. A su baja popularidad, estancada en mínimos históricos desde el año pasado, se une el rechazo de la reforma sanitaria por parte de la sociedad estadounidense y la urgencia de sacar adelante sus reformas ‘estrella’ antes de las legislativas de noviembre. Un desafío que debe superar para ganarse a unas minorías desencantadas con el  récord de deportaciones que se ha alcanzado durante su mandato.

Estas son las seis claves que marcarán el devenir de una legislación que se debate entre convertirse en realidad o seguir siendo el sueño al que siguen aspirando miles de indocumentados.

[do action=”ladillo”]Falta de acuerdo[/do]

Estados Unidos es un país de inmigrantes en el que el respeto escrupuloso por la ley ha impedido regularizar la situación de millones de personas en las últimas décadas. A día de hoy hay 11 millones de personas que residen ilegalmente en el país y que, según los cálculos del gobierno, podrían reducir el déficit en 800.000 millones de dólares si pudiesen trabajar de manera legal.

Pero ni republicanos ni demócratas se han puesto de acuerdo en décadas para sacar adelante una reforma migratoria. Las diferencias entre los dos grandes partidos han bloqueado una reforma consensuada del sistema. Durante años, la dicotomía entre reforzar las fronteras y permitir que estas personas obtengan la ciudadanía a través de una suerte de “amnistía” ha copado la discusión pública. El aumento de indocumentados –cada vez mejor formados- ha reavivado el problema.

[do action=”ladillo”]¿Regularizar o no regularizar?[/do]

El principal caballo de batalla disputado por ambos partidos es la cuestión de la regularización. Tradicionalmente, los republicanos han defendido que las personas que cruzaban las fronteras de manera ilegal habían cometido un delito y deberían ser deportadas. Pero el contexto ha cambiado: junto a los ‘dreamers’, nacidos en territorio estadounidense, se encuentran los menores de edad que llegan desprotegidos y desesperados al país.

La propuesta de Obama pasa por establecer las reglas del juego (revisiones de historial, pago de impuestos, conocimiento del idioma) para obtener la ciudadanía. Demócratas y republicanos ya consiguieron aprobar una norma bipartita en el Senado, pero la falta de consenso con los congresistas republicanos –que condicionan su ‘sí’ a la seguridad transfronteriza- ha congelado el avance de la ley, retrasado los procesos de deportación y generado malestar entre parte de la opinión pública, afectando a la ya de por sí maltrecha popularidad del presidente.

La opinión de los ciudadanos, por su parte, es alentadora, ya que un 68% de los estadounidenses se muestran a favor de permitir que los indocumentados regularizaran su situación en Estados Unidos de acuerdo con una encuesta conducida el mes pasado. Esta aceptación aumenta en el caso de que los indocumentados posean una alta cualificación y formación.

[do action=”ladillo”]Jaque a los ‘dreamers'[/do]

El presidente ya dio el primer paso hacia la regularización de los ‘dreamers’ hace dos años, cuando aprobó por decreto la llamada DREAM Act, que abría un camino a la legalidad a los 65.000 hijos de inmigrantes nacidos o llegados a Estados Unidos de niños, que en caso de haberse graduado podían optar a empleos temporales y a una futura candidatura a la ciudadanía sin el riesgo de ser deportados.

Eran casos indiscutibles para la opinión pública, como los de José, Belén o Jorge Steven. Pero dos años después, la medida podría revocarse si los demócratas tuviesen que ceder en las negociaciones de una reforma migratoria más amplia.

[do action=”ladillo”]Descontento con Obama[/do]

Aunque las visiones sobre cómo lidiar con la inmigración irregular siguen siendo variadas, sí que coinciden en un punto: la necesidad de cambiar las políticas adoptadas hasta el momento.

Según un sondeo reciente elaborado por el Pew Research Center, más de la mitad de los ciudadanos del país (un 53%) desearían que los procesos migratorios se aceleraran y un 56% no está conforme con las decisiones del presidente en esta materia. Sólo un 39% se muestra de acuerdo con las políticas de Obama, lo que sugiere que es necesario un vuelco definitivo en el manejo de las fronteras.

[do action=”ladillo”]Cambios en las dos Cámaras[/do]

El Congreso de los Estados Unidos, dominado por los republicanos por un estrecho margen, lleva bloqueado muchos meses por cuestiones fundamentales. No hay más que recordar la profunda crisis que se desencadenó hace más de un año con la elevación del techo de deuda. El último terremoto político que ha sacudido el Capitolio lo ha protagonizado el republicano Eric Cantor, derrotado en las primarias de su estado natal (Virginia) por Dave Brat, un contendiente del Tea Party, el ala más dura del GOP.

El fracaso de Cantor, inédito para un líder de la mayoría, revela la apuesta de un sector del Partido Republicano por medidas contundentes en el área migratoria. A él se le achacaba ser ‘blando’ por defender la concesión de visados a inmigrantes cualificados. Su sorprendente batacazo le ha llevado a dimitir de su cargo y a marcharse de Washington.

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Las cosas no pintan mejor en el Senado. A tres meses de los comicios legislativos, los demócratas se arriesgan a perder una Cámara que han controlado durante los últimos seis  años. Por ahora, los republicanos aventajan al Partido Demócrata en las encuestas, pero la pugna está y estará reñida en otoño porque los asientos disputados podrían ser menos de una decena.

[do action=”ladillo”]Obama tendrá que decidir[/do]

Si los republicanos no ceden, Obama tendrá que recurrir otra vez a sus poderes ejecutivos. Esta es una solución que no favorece a los demócratas, sino al GOP, que ha llegado al extremo de demandar al presidente por abuso de poder.

Obama ya ha firmado 17 órdenes ejecutivas en el último año –en 2009, por ejemplo, George W. Bush firmó cinco-, por lo que no le convendría despachar un tema tan importante recurriendo a la pluma y el papel. Todo dependerá de que sus colegas republicanos cedan para que, vez más, el sueño americano no se quede en agua de borrajas.

Publicado por Marta G. Coloma

Loca por los datos y apasionada de la política. Me bauticé en el periodismo local y luego salté a Estados Unidos. Tras pasar por lainformacion.com, sigo aprendiendo en laSexta Noticias.

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