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El poder del soft power


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Xavier Peytibi

Politólogo y consultor de comunicación política y pública en el despacho de Antoni Gutiérrez-Rubí. Blogger y profesor en diferentes masters y postgrados. Co-creador de los Beers&Politics y sus proyectos.


Escrito el 31 de octubre de 2013 a las 9:06 | Clasificado en Internacional

Hace 500 años, Machiavello aconsejaba a los príncipes que era más importante ser temido que ser amado. Pero en el mundo actual, es bueno ser ambas cosas. Ganar los corazones y las mentes de la gente es importante, y lo es aún más en la sociedad de la información, cuyos datos, opiniones y la propia información en sí va más rápido que nunca y se difunde exponencialmente. Ser amado es, en términos diplomáticos, el soft power.

Barack Obama recibió el Premio Nobel de la Paz en 2009. (Flickr: Utenriksdept)
Barack Obama recibió el Premio Nobel de la Paz en 2009. (Flickr: Utenriksdept)

Poder blando, en inglés soft power, es un término usado en relaciones internacionales para describir la capacidad de un actor político, como por ejemplo un Estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores valiéndose de medios culturales e ideológicos, con el complemento de medios diplomáticos. El término fue acuñado por el profesor de la Universidad Harvard Joseph Nye en su libro de 1990 Bound to Lead: The Changing Nature of American Power, que luego desarrollaría en 2004 en Soft Power: The Means to Success in World Politics, libro que recomiendo.

El valor del término en cuanto concepto o teoría política ha sido bastante discutido, a pesar de haber sido ampliamente utilizado como forma de diferenciar el poder sutil de la cultura o de las ideas, frente a formas más coercitivas de ejercer presión, también llamadas poder duro, como por ejemplo la acción militar, o como las presiones y condicionamientos de tipo económico. Se trata del poder de la seducción y el atractivo.

Fue un exministro de exteriores francés quien expresó en una frase el soft power de Estados Unidos: “Ellos son poderosos porque inspiran los sueños y deseos de otros, gracias a las imágenes globales que crean en películas y televisión”. Un ejemplo es Noruega, que se presenta como mediador internacional sin ser un país enorme ni con capacidad militar, igual que hace Canadá. Tal como decía Ignatieff: “La influencia deriva de tres conceptos: autoridad moral, capacidad militar y capacidad de asistencia internacional”.

Como indica Nye, el Estado que cumpla estas tres premisas tiene mucho ganado si lo hace bien y, sobre todo, si consigue impactar culturalmente. Es un trabajo arduo y de muchos años, pero que puede incidir en un futuro a medio plazo. Los eventos internacionales, las olimpiadas, los premios Nobel… son también ocasiones donde los países pueden mostrar su capacidad de generar ideas positivas sobre ellos.

Se trata también de conseguir llevar a gente de otros países al tuyo, generando relaciones de futuro. En Estado Unidos, por ejemplo, estudian el 28% de todos los estudiantes extranjeros del mundo, que luego vuelven a sus países. En el Reino Unido es el 14%. Muchos de ellos son los futuros líderes de sus países, que han crecido dentro de la cultura estadounidense, que los conocen, que tienen amigos y relaciones. Dos de esos estudiantes, por ejemplo, fueron miembros del gobierno de Gorbachov. Desde el final de la segunda guerra mundial, más de un millón de personas han sido estudiantes extranjeros en Estados Unidos, entre ellos, Margaret Thatcher, Anwar Sadat o Helmut Schmidt. 200 jefes de Estado del mundo estudiaron allí.

En USA, durante la guerra fría, también fueron invitados infinidad de escritores, periodistas, artistas y científicos soviéticos. El objetivo era doble: por un lado, aprendían de ellos; por otro, cuando estos regresaban, podían explicar la cultura estadounidense y la riqueza del país a sus conciudadanos.

La imagen y el atractivo de un país son importantes, como lo es el estilo en las relaciones internacionales. Un país que agrede a otro sin mandato de estamentos internacionales, por mucha cultura que haya exportado, será mal visto. En el caso estadounidense, en el ataque a Irak en 2003, perdió mucho de lo conseguido durante decenas de años en softpower. El propio presidente del Congreso atacó a George Bush por no haber sabido “vender” la invasión a Irak.

En resumen, el poder blando es una importante arma diplomática, como lo es el poder duro. Hay que usar ambas del mejor modo posible para conseguir los fines deseados. Al menos, eso parece haber entendido los últimos meses el Reino Unido, que en julio creó directamente un comité de soft power en la cámara de los Lores. Dentro de este comité hay altos funcionarios del Gobierno, de la Foreign and Commonwealth Office, el Departamento de Negocios e Innovación, el Departamento de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte y el Departamento para el Desarrollo Internacional.

Porque entender cómo se ve el país en el exterior, las oportunidades y los retos, puede hacer cambiar las relaciones internacionales de un país a medio y largo plazo.

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  1. Información Bitacoras.com…

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