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Bingo Bullshit y la neolengua


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F. Navarro Sordo

Surgido de la escuela de cafebabel.com, de donde fui jefe de las secciones Internacional, Política europea, Economía y EUdebate2009.eu, soy un periodista bilingüe especializado en asuntos europeos. He colaborado también con medios como Slate.fr, MyEurop.info o France24TV. Soy cofundador del blog Europa451. En la actualidad trabajo como relaciones públicas en Bruselas.


Escrito el 23 de mayo de 2013 a las 10:01 | Clasificado en Europa

Con cada cumbre europea, Bruselas se llena de policías motorizados en formación, coches negros con cristales blindados y periodistas destacados recluidos en el edificio Justus Lipsius ejercitándose en el juego de moda: el Bingo Bullshit.

Periodistas trabajando en el vestíbulo del Consejo de la UE durante una cumbre. (Flickr: Maria Brianchon)
Periodistas trabajando en el vestíbulo del Consejo de la UE durante una cumbre. (Flickr: Maria Brianchon)

El alejamiento de los próceres contemporáneos de la UE con respecto de los ciudadanos europeos se hace patente, entre otras cosas, en el lenguaje críptico y arropado con corrección política con el que se dirigen a la opinión pública entre sesión y sesión.

Los periodistas hacinados en mesas escolares en el gran vestíbulo de la sede del Consejo de la Unión Europea saben a lo que van. En la jerga común lo llaman el festival “Bullshit” (“caca de la vaca”), que es el término con el que los británicos definen la neolengua europea. Palabrería intencionadamente vacua de los políticos en sus ruedas de prensa cuando no tienen nada nuevo que vender, pero desean aparentar haber tomado importantes decisiones.

Sentados en sus diminutos escritorios, los teclillas esperan, con aire hastiado, la salida de algún espada a la palestra de los micrófonos. Tienen un tarjetón dividido en casillas, como las del bingo. Sólo que en vez de contener cifras, contienen palabras clave de nuestro ‘euroblablablá’ de cada día. Cada tarjetón tiene una combinación distinta. A medida que el tribuno de turno desgrana su discurso de pega, van lloviendo, sin remisión, los habituales términos de la neolengua. Y así, el primer periodista que consigue rellenar una línea en su tarjetón –y no tarda- grita “¡Bingo Bullshit!”, mientras los compañeros de las filas de atrás aplauden y se carcajean.

¿Cuáles son esos términos u expresiones de la neolengua europea? Os damos una breve lista de los más notables:

Sostenibilidad. Hoy por hoy en Europa o sostienes un discurso sostenible o no eres nadie. Empleo sostenible, transporte sostenible, esfuerzo sostenible, reformas sostenibles, pacto sostenible… El origen del término proviene de la órbita discursiva e ideológica de los partidos ecologistas. Y uno podría pensar que es todo un triunfo para los Verdes, pues lo usan numerarios de todo el espectro político. La realidad es que ha sido vaciado de su contenido, en especial por la Comisión Europea, experta en descafeinar hallazgos ideológicos anti-sistema.

Strong Commitment (Fuerte compromiso). Es el que manifiestan, una vez más, los jefes de Estado cuando es patente que no están de acuerdo y no lo estarán nunca acerca de una propuesta, por lo general, tendente a avanzar en la integración política y económica de la UE. Lo suelen decir acompañando las palabras con un gesto del brazo y el puño cerrado, como simulando un pulso contra los elementos imaginarios que les impiden ir más lejos de momento, aunque en realidad se trate de un pulso consigo mismos y su voluble electorado.

Genuine (Auténtico). Pongan mucha atención, porque es LA palabra del momento. El último grito en barnices de iniciativas políticas. Un poco como la canción del verano o el color que más de moda va a estar la temporada que viene. No habrá sarao político ni artilugio legislativo que no se vista con la palabra “Genuine” para reforzar el carácter inédito, fresco, renovado, puro y sin trampa ni cartón en lo que queda de mandato de la Comisión Durão Barroso, con fondo de sonrisa ‘profidén’ y mística, a lo Steve Jobs en horas bajas. Como por ejemplo esta “Auténtica Unión Monetaria y Bancaria” que los líderes nacionales han venido esta semana a enarbolar.

Balanced Union Wide Approach. Es decir, una “Visión Equilibrada de Envergadura Europea”. Es la quintaesencia de la indefinición de una iniciativa europea. Cuando los políticos europeos se ven incapaces de acercar posiciones y llegar a un acuerdo, antes que confesar su impotencia con naturalidad, prefieren presentar una conclusión de este tipo, “ni pa’ ti, ni pa’ mí”. No hay que llevarse a engaño, no es que hayan llegado a un término medio. Se trata de un acuerdo en el que nadie cede, todos mantienen las posturas propias y pueden neutralizarse mutuamente en caso de que alguien se pase de listo. El paradigma es pretender la unión fiscal que persiguen de boquilla los mandamases del continente sin creer en ella. Porque, ¿alguien se cree que la UE le pondrá el cascabel al gato irlandés para que suba su impuesto de sociedades, o a Eslovaquia para que suba su ‘Flat Tax’, o al Reino Unido para que grave las transacciones financieras…?

Perspectiva de revisión de los Tratados. En otras palabras, nuevas concesiones al Reino Unido para que no salga de la UE y le salvemos el culo a David Cameron en su aventura electoralista euroescéptica.

Reforma estructural. Es un clásico entre los eufemismos bruselenses. Se usa para evitar hablar de manera cruda de la voluntad de abaratar el despido, recortar el Estado del Bienestar, aumentar la edad de jubilación, incrementar los impuestos indirectos y apoyar a gobiernos tecnocráticos de tapadillo.

Cross-border Trade. O comercio transfronterizo. Es la adoración preferida de la Unión Europea y, de manera natural, su razón de ser primigenia. No es que esté mal como objetivo, sólo que a menudo remplaza una realidad perversa: la liberalización de un mercado determinada sin la necesaria armonización social, fiscal y laboral previa para evitar la competencia desleal.

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