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El derrumbe de Hollande


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Escrito el 10 de noviembre de 2013 a las 22:44 | Clasificado en Europa

Muchos le veían como el futuro de la socialdemocracia, pero el presidente francés ha incumplido las promesas electorales que le llevaron al poder.

François Hollande, presidente de la República Francesa. (Wikipedia)
François Hollande, presidente de la República Francesa. (Wikipedia)

La desconfianza de los franceses hacia su presidente, François Hollande, es tan elevada, el índice de su popularidad tan bajo y el suelo del abismo tan cercano, que quizá le ha llegado el momento de acometer, sin temor, las reformas que el país exige. Así se manifestaban algunos analistas horas antes del misil enviado el viernes por la agencia de calificación Standard & Poors (S&P) contra la política económica del gobierno socialista.

La advertencia de S&P no hizo sino reflejar lo que muchos economistas, incluidos de izquierda, advertían desde hace décadas. Los gobiernos franceses de distinto signo han preferido postergar las reformas estructurales que exigía un cambio de era económica que ya se atisbaba bastante antes de la explosión de la crisis en 2008.

Hollande llegó al poder en un momento de regresión de la socialdemocracia en distintos países europeos. Para muchos, era visto como la última esperanza para demostrar la pertinencia del “Estado del bienestar” y además, en uno de los países más ricos del planeta.

Pero los sondeos no mienten y los resultados de su política económica, menos aún. Hollande no ha acometido las reformas que algunos gobiernos vecinos iniciaron por su cuenta hace años, y otros, recientemente, obligados por Bruselas; pero además, ha incumplido las promesas electorales que le llevaron al poder.

Paro, impuestos y deuda

Son muchas las cifras que hacen sufrir al Elíseo, pero tres de ellas reflejan en prioridad la alarma social, el descontento y la desesperación de los ciudadanos: 10 por ciento de paro, casi 40.000 millones de euros de aumento impositivo entre 2013 y 2014 y una deuda de casi dos billones de euros.

El ansia racaudador del gobierno es tan voraz y desesperado que, a veces, ha tenido que dar marcha atrás sobre sus decisiones

S&P dejaba claro que no cree tampoco en las promesas de Hollande; que el gobierno francés no podrá reducir el desempleo, como viene diciendo, a finales de 2013, y que el malestar generado por la desaparición del trabajo hará difícil la implementación de las reformas que Francia posterga. Pero París no acepta lecciones. El “elemento de lenguaje” (mensaje) que los spin doctors del Ejecutivo concordaron era claro: “Standard & Poors se equivoca”.

Un Presidente de risa

Nueve de cada diez franceses quieren que Hollande cambie. “El décimo sería su compañera, Trierveiller“. Así se mofaba esta semana de su presidente el semanario satírico Le Canard Enchainé. Lo peor de la crisis francesa para el inquilino del Elíseo es que su propia figura como mandatario ha sido tan dañada que muchos dudan que pueda recuperar la autoridad que un República como la francesa exige a su jefe de Estado.

El hachazo de la agencia de calificación norteamericana era el último capítulo de una serie de reveses espectaculares sufridos por el Gobierno socialista en los últimos meses.

La paciencia de las clases medias y de los trabajadores con ingresos bajos ha estallado en este final de año. Después de una serie de aumento de tasas mal vendidos y mal dosificados durante meses, los franceses que pagan impuestos han llegado al límite de lo soportable. El ansia racaudador del Gobierno es tan voraz y desesperado que, a veces, ha tenido que dar marcha atrás sobre decisiones que muchos veían más como una requisición que como un impuesto. Y cuando algunas voces se quejaban de que los sueldos no daban para más tributos, otro genio invocaba a tasar también el contenido de la hucha familiar porque, “de todos modos, los franceses ahorran demasiado”.

Bandazos y reculadas

Medidas decididas un día y deshechadas pocos días u horas después han jalonado buena parte de la gestion gubernamental. En muchos casos, como el de la ecotasa aplicada a los camiones, la reculada obedece a las manifestaciones violentas que han llenado la región de Bretaña de gorros rojos (el símbolo empleado en las protestas), barricadas y pórticos de pago automático en las autovías completamente destrozados.

Ciudadanos, asociaciones, sindicatos o patronal saben que una protesta en la calle es suficiente para borrar del BOE una medida anunciada días antes

La explosión social en Bretaña es un ejemplo de la falta de pulso del gabinete Hollande y de su debilidad política. Esta región francesa es un feudo socialista, de donde proceden más de veinte diputados de la Asamblea y tres ministros. A pesar de ello, nadie supo prever la alianza protestataria entre empresarios agrícolas, agricultores, trabajadores asalariados y la Iglesia católica.

Bretaña es también un ejemplo del anquilosameinto de la política económica francesa: es la cuna del cerdo y del pollo, engordados en inmensas granjas productivas que han vivido de ayudas europeas y locales durante décadas. Tampoco nadie quiso ver que la competencia de países como Brasil y los nuevos socios de la UE, además deldumping social alemán, acabarían con el chollo.

La marcha atrás de Hollande sobre la ecotasa no ha calmado los ánimos bretones ni los del resto del país. Su decisión no se interpreta como un acto generoso, sino como otro síntoma de debilidad, de esa falta de autoridad que inspira tanto a los humoristas de prensa escrita, radio y televisión.

Los ciudadanos, las asociaciones, los sindicatos o la patronal saben ya que una protesta en la calle o una amenaza en los despachos es suficiente para borrar del BOE una medida anunciada días antes con toda la pompa.

Miedo a las urnas

La crisis bretona vino precedida por el caso Leonarda, la joven gitana italo-albano-kosovar expulsada de Francia con su familia por no cumplir los requisitos legales para obtener la residencia en Francia. Hollande perdió buena parte de respetabilidad como máximo mandatario del país cuando confirió a un problema de política interior una dimensión extraordinaria. Todo un presidente la La France acudía en directo a la televisión mientras Leonarda y su pade se mofaban de él, también en directo, desde Pristina.

Los bandazos, las dudas y especialmente la parálisis en la acción, especialmente como la denunciada en su falta de reacción para frenar la xenofobía y el racismo, que algunos sectores denuncian como imparable, se debe entre otros factores a la inminencia de elecciones locales y europeas, y al avance espectacular del Frente Nacional.

El calendario electoral francés obliga desde el día siguente de la victoria en las urnar a pensar en cómo no perder votos para las siguientes contiendas.

El batacazo socialista en los comicios locales y europeos se prevé tan espectacular que incluso los candidatos del PSF prefieren que Hollande u otros miembros del Gobierno no se desplacen a sus feudos. Los alcaldes socialistas prefieren ser juzgados por el alcantarillado de su pueblo y no por la obra del Ejecutivo de su partido.

Un Partido Socialista que tampoco ha ayudado mucho al presidente en el desempeño del poder. Holllande fue elegido candidato socialista en las primarias, después de años como secretario general del PSF. Su labor dentro del partido como distribuidor de vaselina para limar tensiones y obtener consensos entres las distintas facciones sirvió para evitar la guerra en la organización. Pero ese juego casi intrascedente en la oposición no se puede trasladar al Gobierno, como muchos críticos subrayan.

La lucha entre los izquierdistas y los social-liberales –como Hollande- se ha trasladado al gabinete, con las desastrosas consecuencias que ello supone para su credibilidad. Un día, un ministro habla de nacionalizar una empresa en crisis; el primer ministro o el presidente deben desmentirle minutos después; otro día, un ministro se atreve a acusar de racista a su colega de Interior; más tarde, el sustituto de Hollande al frente del PSF contradice al presidente ante las cámaras exigiendo lo contrario de lo que Hollande propone…

En su mandato como secretario general del PSF, François Hollande no quiso o no supo definir una linea clara para el socialismo francés entre “pragmáticos” y “románticos”, entre modernistas e izquierdistas. Hollande paga ahora esa falta de decisión y un país entero las consecuencias de ese dilema.

Fuente: La caída imparable de François Hollande en Francia 

Autor: Luis Rivas

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