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El complejo puzzle al que se enfrenta Grecia


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Escrito el 16 de enero de 2015 a las 21:52 | Clasificado en Europa

Los griegos acudirán este 25 de enero a las urnas en unas elecciones que se antojan trascendentales y que están generando tensión en los mercados.

Alexis Tsipras, dirigente de Syriza (Wikimedia Commons)
Alexis Tsipras, dirigente de Syriza (Wikimedia Commons)

La imposibilidad de alcanzar un acuerdo para la elección presidencial en Grecia ha supuesto la convocatoria de elecciones generales anticipadas a celebrar este 25 de enero. El resultado de las elecciones no está claro, pero, de momento, las encuestas sugieren que la formación izquierdista Syriza será el partido más votado, lo que ha provocado tensiones significativas en los mercados, sobre todo en Grecia.

La ventaja de Syriza ha disminuido. En las últimas dos semanas se mantiene en unos tres puntos. A pesar del premio de mayoría que recoge la ley electoral griega (50 diputados al ganador), el partido de Alexis Tsipras necesitaría formar coalición con un partido menor para alcanzar la mayoría. En caso de no poder formarse un gobierno, se tendría que volver a convocar elecciones.

Las tensiones de los mercados obedecen a las incertidumbres políticas y a la posibilidad de que Syriza esté a la cabeza del gobierno, lo que pone en cuestión la posibilidad de llegar a acuerdos sobre la financiación de Grecia y sus acreedores internacionales.

Las negociaciones entre Grecia y estos acreedores tienen dos frentes abiertos estrechamente relacionados. El programa de ayuda financiera con la UE/FMI finaliza a finales de este año (la parte del FMI es hasta 2016) y se necesita un acuerdo para la aprobación del último tramo del programa (1.800 millones de euros); además, se ha de negociar un acuerdo que defina el marco de ayuda post-programa de rescate.

El gobierno griego seguirá teniendo necesidades de financiación en 2015 que difícilmente pueden ser cubiertas en el mercado. Por ello, necesitaría al menos una línea de crédito preventiva, lo que implicaría la negociación de un nuevo Memorando de Entendimiento con compromisos de nuevas reformas en Grecia.

De momento, el FMI ha anunciado que suspende las negociaciones de cara al desembolso de su ayuda, que se retomarán “cuando el nuevo gobierno esté formado”. En el caso de un gobierno de Syriza, las negociaciones van a ser difíciles y su resultado dependerá de la postura que termine adoptando cada parte.

Reestructuración significativa de la deuda

Las intenciones manifestadas hasta ahora por Syriza son que quiere atender sus deudas con el mercado y el FMI y una reestructuración significativa (recorte) de la deuda oficial con la UE (53.000 millones en préstamos bilaterales y 142.000 millones del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, EFSF), así como revertir parte de las medidas implementadas bajo el programa de ayuda en áreas como salarios mínimos, pensiones, impuestos y gasto público.

Por su parte, la Unión Económica y Monetaria (UEM) parece que también adoptará una postura sólida y seguramente se resistirá a retroceder en las medidas ya acordadas e insistirá en un nuevo programa con más reformas.

Sin embargo, hay factores que pueden dificultar aún más la negociación. Syriza cuenta con el superávit primario del gobierno y la UEM con que si Grecia quiere atender a las amortizaciones del mercado y el FMI necesitará financiación. Por otro lado, está el BCE y las necesidades de financiación de la banca griega. El BCE ha facilitado el acceso a su financiación de las entidades griegas por el tratamiento especial que hace de la deuda pública griega, razón por la que el país dispone de un programa de ayuda. Pero en el caso de no haber acuerdos, ese tratamiento sería difícil.

Para alcanzar un eventual acuerdo, probablemente Syriza tendría que limitar sus ambiciones si quiere mantenerse en la Unión Monetaria y la UEM tendría que aceptar algún tipo de renegociación de su deuda (que quiere limitar a modificaciones en plazo/tipos).

Poco contagio, por el momento

Por el momento, los activos financieros griegos se han visto sacudidos, pero el contagio a otros países de la región, incluida la periferia, ha sido limitado. La situación actual no es comparable a la de 2012, ni política, ni económicamente. La posición de Syriza se ha suavizado (no cuestiona la pertenencia a la UEM), la mayoría de la deuda griega pertenece al sector oficial (UE, FMI) y el gobierno ha alcanzado un superávit primario, por lo que la presión para alcanzar soluciones inmediatas es menor.

La situación del resto de la región también es más sólida y los mercados están descontado una flexibilización cuantitativa (QE) de deuda soberana del BCE. Pero no hay que infravalorar los riesgos. Sobre todo si nos aproximáramos a un escenario de ruptura de Grecia con el euro. Los efectos serían significativos y se sentaría un precedente muy peligroso.

Las tensiones en Grecia no llegan en el mejor momento para el BCE, que se espera anuncie un programa de expansión cuantitativa que incluya deuda soberana. Probablemente no va a alterar la decisión de anunciar una QE (mecanismo excepcional de liquidez), posiblemente el 22 de enero, pero sí puede hacerlo en la forma final del programa. Dada la situación en Grecia, el BCE podría adoptar medidas que limiten su riesgo de exposición a la deuda griega. Las opciones pasarían por excluir en sus operaciones de financiación el uso de deuda con un determinado nivel de riesgo, o hacer que el riesgo se mantenga en los bancos centrales nacionales.

Estas no son decisiones triviales. Si el BCE decide confinar los riesgos a nivel nacional podría estar limitando la eficiencia de la expansión cuantitativa así como su capacidad para limitar el contagio.

Título: ‘El complejo puzzle al que se enfrenta Grecia’

Autor: Carlos Díaz Güell

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