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El profundo trauma de la troika


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Carlos Ruiz

Periodista especializado en campañas electorales y conflictos, gerente de asuntos públicos en Llorente&Cuenca, donde asesora a compañías e instituciones


Escrito el 4 de diciembre de 2013 a las 12:14 | Clasificado en Economía, Europa

El Gobierno de Portugal recuperará en junio del año que viene el poder que, desde que fue elegido, cedió a la Troika.

La Troika con la estrategia de la zanahoria y el palo. Pero sin zanahoria.
La Troika con la estrategia de la zanahoria y el palo. Pero sin zanahoria.

Portugal aún huele a troika. Los “hombres de negro” se marcharon hace escasas semanas de Lisboa. Pero se fueron con billete de vuelta ya comprado. Los representantes de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional -la troika- visitan la capital portuguesa cada 3 meses desde que se firmó el Memorando de Entendimiento.

Ese documento (aquí también en portugués), 18 folios que disponen un catálogo de recortes de alto impacto en la sociedad portuguesa, supuso en la práctica la pérdida de soberanía de Portugal a cambio de una inyección multimillonaria en forma de línea de crédito para financiarse.

Esto sucedió en junio de 2011. Desde entonces, la troika ha venido en nueve ocasiones. Cada 3 meses hace una visita, evalúa la marcha de las medidas impuestas y planea el próximo trimestre. El gobierno del primer ministro Passos-Coelho -y sobre todo el equipo económico comandado ahora por la ministra de Finanzas Mª Luisa Alburquerque- recibe, en definitiva, la vista de sus acreedores, de sus jefes. Y a los acreedores no les gusta poner en riesgo sus inversiones así que monitorizan exhaustivamente si se han hecho bien los deberes, obligan a anunciar nuevas medidas y corrigen sobre la marcha reformas ya anunciadas.

No es una exageración. El margen del gobierno portugués es muy escaso. Basta ver el memorando firmado y las actualizaciones trimestrales para darse cuenta de hasta qué punto la troika detenta el poder ejecutivo en Portugal: paralización de la construcción de la línea de alta velocidad a Oporto y del nuevo aeropuerto de Lisboa, rebaja del 5% del sueldo de los funcionarios, medidas específicas en sanidad y educación, etc.

Van a tener que pasar muchos años para poder analizar con perspectiva qué está sucediendo en este país de 10 millones de habitantes: los ciudadanos votaron mayoritariamente una lista electoral de un partido político. Los diputados de ese partido votaron, a su vez, la conformación de un gobierno constitucional que ejerciese el poder ejecutivo en el país. En lugar de eso, las mismas personas elegidas en las urnas firmaron, sólo 2 semanas después, ceder el desplazamiento de las decisiones a Bruelas, Frankfurt y Washington. Desde entonces, a los portugueses, como a griegos e irlandeses, los gobiernan personas a las que no votaron.

Esa ciudadanía vive hoy completamente confundida. Los referentes de qué es lo bueno y qué es lo malo han desaparecido, las líneas rojas se sobrepasaron hace tiempo. Los límites están difusos.  Ya no saben quién tiene la culpa de qué. De esa confusión se sirven los políticos de siempre -ay, la dichosa renovación que nunca llega- para presentar una nueva careta en un giro discursivo que pasma, pero no sorprende. Los que vinieron a salvar la economía hoy son “las ratas que usurparon el poder a cambio de intereses de la deuda”.

Los portugueses no aciertan a entender si la leve recuperación económica se debe a las medidas de austeridad o al fin de un ciclo natural de caída y recuperación. Igual que vino se fue. ¿La situación sería mejor si se hubieran impulsado inversiones públicas? No lo sabremos. Si todos los políticos dimitieran en bloque tampoco pasaría nada. ¿Y entonces quién gobernaría el país? Cualquiera que no sea político lo haría mejor.

Oye, ¿y si la troika misma nos gobernase en el día a día, sin intermediarios, sin “Passos” intermedios, con mando en plaza en el Palacio de Sao Bento? Sería más coherente con la realidad que la situación actual. Menos mal que, como los españoles, los portugueses no están faltos de humor y en el país arrasa desde hace meses “Que viene la Troika”, el juego de mesa en que cualquiera con cierta maña puede mandar el país a la quiebra (por cierto, ya hay secuelas del juego para España y Grecia).

El juego de la Troika.

El próximo 1 de junio de 2014 Portugal, si no hay nuevos contratiempos, volverá a los mercados. Pondrá financiarse autónomamente. Ese es el mensaje más cacareado en estas semanas en el país. En realidad, troika mediante, el próximo 1 de junio lo que va a suceder es que el gobierno surgido de las urnas comenzará a gobernar exactamente 3 años después de las elecciones.

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