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Juncker, el equilibrista


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F. Navarro Sordo

Surgido de la escuela de cafebabel.com, de donde fui jefe de las secciones Internacional, Política europea, Economía y EUdebate2009.eu, soy un periodista bilingüe especializado en asuntos europeos. He colaborado también con medios como Slate.fr, MyEurop.info o France24TV. Soy cofundador del blog Europa451. En la actualidad trabajo como relaciones públicas en Bruselas.


Escrito el 18 de enero de 2013 a las 13:12 | Clasificado en Europa

A su manera, seguro que Hugo Chávez envidia a Jean-Claude Juncker. El decano de la política europea lleva más de ocho años a la cabeza del Eurogrupo y 18 como primer ministro de Luxemburgo, sin que nadie le chiste ni le afee la longevidad. Presentido para futuras altas responsabilidades europeas, hoy cede el mando del Eurogrupo al ministro holandés de finanzas Jeoren Dijsselbloem.

Jean-Claude Juncker, ante el Parlamento Europeo (fuente: Parlamento Europeo/Flickr).
Jean-Claude Juncker, ante el Parlamento Europeo (fuente: Parlamento Europeo/Flickr).

Pero se queda. Vaya si se queda. Por lo pronto tiene pensado presentarse de nuevo a las elecciones luxemburguesas de 2014 –que tradicionalmente se celebran el mismo día que las europeas; ya es decir si Luxemburgo considera su destino unido al de la UE-. Un nuevo mandato de 5 años le colocaría ante la friolera de 24 años ininterrumpidos a la cabeza de su país. Además, se ha comprometido a comparecer en nombre de Dijssembloem dos veces al año ante el Parlamento Europeo, a modo de ministro portavoz del Eurogrupo.

Durante el último lustro había sido presentido en varias ocasiones como presidente de la Comisión Europea, destino sólo frustrado por la oposición del ex presidente francés Nicolas Sarkozy. Pero debe estar ya ensayando las notas del quién ríe último, ríe mejor. Y es que sigue contando con numerosos palmeros que jalean su eventual candidatura a sustituir al conservador portugués Durão Barroso al frente del Ejecutivo comunitario a partir de 2014.

Ciertamente, en 2004 rechazó el cargo para concentrarse en el gobierno de su país. Se avecinaban tiempos de euroescepticismo poco convenientes para su carácter. ¿Sentirá ahora llegado el momento de dar el salto? Personas de su entorno consultadas insisten en que Juncker está muy a gusto como está, dedicado a Luxemburgo, y no tiene ganas de complicarse la vida. Sin embargo, hay indicios que apuntan hacia lo contrario.

Juncker ya está en campaña electoral

Como no se va, ya está preparando su regreso. Seguirá como primer ministro porque es su manera de reclamar atención hacia sí en las reuniones de la UE y poder postularse, llegado el momento, como candidato a presidir la Comisión, sabedor de que esta magistratura es inalcanzable si no se es dirigente nacional. “La defensa de Europa no debe ser exclusiva de la Comisión Europea o el Europarlamento, sino también de los Estados”, afirmó ante los parlamentarios el 10 de enero a modo de guiño para ganarse de paso el favor de una Eurocámara que a partir de 2014 sí tendrá el poder de votar al próximo dirigente.

“Durante los próximos años seré más libre”, añadió, “a la hora de expresar mis ideas sobre lo que tiene que hacer Europa”. Que es como decir que se va a dedicar a presentar, plaza a plaza, su programa de candidato oficioso. De ahí que insista a menudo en que “no es hora para la nostalgia, sino para el proyecto de futuro”.

¿Hay programa electoral?

Sí. Juncker se va como quien da una última réplica en la última y crucial escena de una película efectista. Está todo pensado para que su nombre se nos quede en la mente durante el pase de créditos. Su intención es postularse para seguir en el poder muchos años más con la ayuda sobrevenida de sectores no democristianos.

Consciente de que la familia conservadora europea le apoyará casi sin fisuras, exceptuando a los conservadores británicos, nacionalistas o euroescépticos del ECR y del EFD, lo que persigue es ganarse la confianza del grupo socialdemócrata, el de los liberales y el de los verdes. Para ello, ha fijado la semana pasada como objetivo primordial de la UE la “viabilidad de los sistemas de seguridad social y de pensiones”. Miel sobre hojuelas para los liberales. De paso, propuso un salario mínimo europeo, dudó de la eficacia de la austeridad en los países del sur de Europa y moralizó a los países del norte por creerse libres de todo pecado en la crisis que azota la Unión. Vamos, que ni el gurú griego de la nueva izquierda, Alexis Tsipras, en los mejores sueños de la clase trabajadora.

Promueve una política industrial europea y la regulación del sistema financiero europeo, sendos guiños a Francia, sin cuyo apoyo su candidatura será estéril. En paralelo, propone un sistema de recompensas para los países que hagan sus deberes para salir de la crisis; gesto para la galería del sur, a quienes ha repetido en varias ocasiones ser “partidario de que los esfuerzos se repartan con los más países más fuertes”. Para coronar su candidatura, promete a los países ricos “reformas sorprendentes en materia fiscal”. Y es que Luxemburgo sigue siendo visto como un paraíso fiscal por sus socios comunitarios, y no en vano, su sector financiero representa hoy el 40% de su PIB.

Notas discordantes y silencios convenidos de un hombre de sistema

Este mago europeo del equilibrismo, pertenece al Partido Popular Socialcristiano de Luxemburgo, una rara avis entre los partidos que conforman la familia del PPE. Imbuido de catolicismo social y sindical, su recorrido siempre ha estado presidido por el pactismo con las fuerzas trabajadoras. Fue adalid de la concertación social durante la crisis de la siderurgia en los años ochenta. Tras casi 20 años en el poder, ha normalizado la actualización de los salarios vinculada a la subida del IPC. En la última negociación parlamentaria de los presupuestos anuales de Luxemburgo, propuso un nivel de déficit público cercano al 8%, pero –lo nunca visto- la propia cámara legislativa de su país le paró los pies y le obligó a que gastara menos en 2013.

Alumno aventajado de Pierre Werner, entró en política como secretario de Estado de Empleo y Seguridad Social sin haberse presentado a elección alguna. Más tarde, compaginó durante años la cartera de ministro de Empleo, o de Economía y Finanzas, con el puesto de gobernador del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Desde 1995 dirige su país, y su poder se basa en tratar de contentar a todos, por acción o de palabra. En su diminuto Luxemburgo ha ido aumentando mandato tras mandato el número de ministros para apañar el reparto territorial del poder en el Gobierno, pero nadie le reconoce una gran reforma estructural que haya preparado a Luxemburgo para los retos del futuro.

A menudo, Juncker ha sido voz discordante en el Consejo de la UE. Parecía que quería que las reformas europeas fueran más deprisa. Pero su trayectoria política demuestra que es un paradigma de la cultura consensualista comunitaria. Muchos le critican que durante sus ocho años al frente del Eurogrupo no haya llevado nunca la iniciativa de las reformas, y que incluso estuviera ausente en los momentos más críticos para el Euro. De hecho, siempre ha renunciado a mantenerle el pulso a Sarkozy o a Merkel.

Como él mismo reconoce, su método de trabajo “inclusivo” presidiendo el Eurogrupo ha sido “contar con todos sin que los miembros de fuera de la Eurozona sean tratados como los niños perdidos de la UE”. Lo cual ha ralentizado no poco las reformas necesarias del Euro. Su conciencia de la complejidad de Europa le lleva a tener en cuenta las dificultades y las razones de cada cual, pero seguramente han frenado sus ansias por avanzar por encima de las matemáticas nacionalistas.

Además, Juncker nunca ha sido un federalista Europeo, y a las mínimas de cambio ha demostrado ser más perro ladrador que mordedor. Como ejemplo, su amago de suspender el referéndum de la constitución europea en 2005 cuando vio que la cosa pintaba mal, y sumarse al carro de la victoria cuando en su país fue respaldada por los ciudadanos.

Los votantes dicen...
  1. […] veníamos anticipando en esta revista, Jean Claude Juncker ha dado un paso al frente para proponerse como candidato del […]

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