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La coalición innecesaria


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Escrito el 30 de septiembre de 2013 a las 17:18 | Clasificado en Europa

La ‘Gran Coalición’ en Alemania explicada con sencillez: Alemania carece de tradición de gobierno de mayorías absolutas

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La canciller alemana Angela Merkel se tomará un tiempo antes de decidir su gobierno. Su gran rival, el líder socialdemócrata del SPD,Peer Steinbrück, le ha pedido que agunte al menos hasta el viernes, en que su partido se pronunciará respecto a la posibilidad de aceptar una hipotética Gran Coalición con los cristianodemócratas de la CDU y los socialcristianos de la CSU.

La Alemania de la posguerra carece de tradición de gobiernos monocolores de mayorías absolutas. El catastrófico absolutismo de los nazis operó como un anticuerpo contra las posibles tentaciones totalitarias. De hecho, el primer canciller de la RFA, Konrad Adenauer,elegido por vez primera en 1949 a los 73 años, reunió en realidad el consenso fundacional de todo el arco parlamentario del Bundestag. Él y su ministro de Economía y luego sucesor en la Cancillería, Ludwig Erhard, serán los artífices de la estabilidad política y delWirtschaftswunder, el milagro económico, que sirviera no solo para el meteórico despegue de una Alemania vencida y destrozada, sino también para que los países del sur de Europa, entre ellos España, descongestionaran sus enormes listas de parados enviándolos a trabajar por la prosperidad de Alemania.  Hasta 2,3 millones de estosGastarbeiter, trabajadores invitados, se instalaron en la RFA dando origen a su nueva política de integración y mestizaje.

El fortísimo crecimiento económico germano, del orden del 8% anual, se ralentiza a principios de la década de los años sesenta, y a la inestabilidad económica se unen las primeras grandes reivindicaciones sociales. Ese panorama da origen a la primera Gran Coalición tras las elecciones de 1966, con el CDU Kurt Georg Kiesinger como canciller y el SPD Willy Brandt como vicecanciller. Aquel experimento fue severamente criticado por intelectuales comoGünter Grass, que aseguró que la fórmula radicalizaría a la juventud y la alejaría del Estado y de su Ley Fundamental (Constitución). Más duro incluso fue el filósofo Karl Jaspers, que tildó el acuerdo de “ruina para la democracia”.

No anduvo muy desencaminado Grass, ya que efectivamente la ausencia de oposición parlamentaria favoreció el incremento de demandas radicales, espoleadas por el movimiento estudiantíl. De todas formas, no fue un fenómeno puramente alemán, ya que la protesta, con sus respectivas peculiaridades nacionales, había comenzado en Estados Unidos a partir de Berkeley, y se había trasladado a Europa, con París y el mayo francés como máximos exponentes en el escaparate.

Ganar y quedarse en la oposición

Al concluir los tres años de aquella experiencia, la CDU-CSU ganó las elecciones de 1969 con un millón de votos de ventaja sobre el SPD. Sin embargo, sería el socialdemócrata Willy Brandt el que formaría gobierno, al coaligarse con los liberales del FDP, comandados porHans Dietrich Genscher, el hombre que conseguiría convertir a su partido en imprescindible para dar estabilidad a cualquier gobierno. Una historia que ha concluido ahora, en que sus herederos han dejado al partido fuera de los muros del Bundestag, al no haber alcanzado el umbral mínimo del 5% de los sufragios.

La segunda Gran Coalición ya tiene a Angela Merkel como protagonista. Se extiende desde 2005 a 2009, con el actual líder del SPD como su ministro de Economía. Ambos sufrirán el embate de la crisis financiera, pero sus programas serán diversamente acogidos en las elecciones de hace cuatro años: Merkel conseguirá mantenerse como canciller tras registrar el segundo peor resultado en la historia de la CDU-CSU, pero el SPD, con su 23% de sufragios cosechará el peor resultado en sus 150 años de historia.

Ahora, cuatro años más tarde, el SPD apenas se ha repuesto un poco (segundo peor resultado de la historia), y seguramente se pensará mucho repetir la experiencia de Gran Coalición. En sus reuniones a puerta cerrada planea seguramente el pensamiento del gran constitucionalista italiano Paolo Biscaretti: “En un sistema parlamentario casi bipartidista la alianza de los dos grandes tiende a producir inmovilismo e impopularidad”.

Merkel no quiere cambiar

Inmovilismo es precisamente lo que no precisa la Unión Europea, que ha seguido expectante unas elecciones que por primera vez ha sentido en gran parte como suyas. La canciller ya ha afirmado que no ve razones para cambiar ni la política económica ni la europea. No esperaban menos sus electores, los que le han confiado un tercer mandato por sentir que Angela Merkel les da seguridad, y que no va a embarcarse en grandes aventuras.

En realidad, ni ella ni Steinbrück tienen divergencias de calado a propósito de ambos capítulos. Ambos son partidarios de ayudar a los países del sur de Europa, y ambos tampoco difieren en cuanto a la necesidad de impulsar la competitividad en todo el ámbito de la UE. Los dos confiesan que Alemania no dejará caer a nadie que cumpla con su deber y sus compromisos de reforma. La necesidad de combinar la austeridad con los estímulos puede ser el único capítulo en el que aparezcan diferencias, pero solo de matiz, ya que ninguno apoya las pretensiones de una mutualización de la deuda. El SPD preconiza sin embargo que la política de estímulos se implante seriamente y cuanto antes, en la convicción de que tal medida acelerará la salida de la crisis.

Que cada uno cargue con lo suyo

CDU-CSU y SPD tampoco están muy alejados respecto de la conformación política de Europa, es decir en cuanto a ceder más poder a Bruselas o descentralizar y repatriar competencias. Esta nueva tendencia se dibuja en el horizonte, toda vez que Merkel ya ha declinado jugar el papel de gran gigante europeo. Lo es en efecto, pero prefiere replegarse y no erigirse en líder de una solución centralizada, lo que se traduce consiguientemente en que Alemania no quiere cargar con la responsabilidad de lo que pueda salir mal o regular en su conjunto. O sea, que cada país haga frente a sus propias responsabilidades y no se escude en las presuntas imposiciones germánicas. En síntesis, podría decirse que ha periclitado el mantra de “más Europa”, o al menos se va a producir un cambio de rumbo en la construcción europea.

Descartada, por el propio Steinbrück, la posibilidad de hacer una Gran Coalición frente a Merkel con el SPD, La Izquierda y Los Verdes, las otras dos alternativas que le quedan a la canciller son o bien gobernar sola en amplia minoría o aliarse con los Verdes, una solución inédita a escala federal, pero que ya ensayaron en Hamburgo y Sarre, saldadas ambas con un estrepitoso fracaso. La solución, seguramente, al final de la semana.

Fuente: La Gran Coalición en Alemania explicada con sencillez
Autor: Pedro González

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