El sistema político internacional ya no está regido por dos o tres superpotencias que ejercen su dominio o injerencia sobre países satélites tal y como sucedía durante la Guerra Fría. Antes, dada la concentración del poder (salvando algunas excepciones), la diplomacia no era más que la injerencia de un embajador en los asuntos internos de otro país.

Hoy en día, en un sistema internacional en el que el poder está más que fragmentado, inundado por organizaciones intergubernamentales y con más de ocho países poderosos, la injerencia de un embajador en los asuntos internos de otro país es complicada (hablando de países que forman parte de la OCDE) por no decir impensable.

Hace un par de semanas, la canciller Merkel visitó al presidente Zapatero para intentar influir –que no dominar o ejercer injerencia- en las próximas decisiones que tendrá que tomar el Gobierno español en materia laboral, financiera y económica. Sin embargo, la visita (y su posible influencia) fue interpretada por determinados sectores como un intento de injerencia por parte de Alemania en la toma de decisiones del Gobierno de España. Esos sectores utilizan conscientemente los fantasmas del sistema internacional de antaño para transmitir mensajes con un alto tono electoral sin darse cuenta de que su efecto será únicamente sobre la gobernabilidad, y no en la ‘electoralidad’.

Publicado por Daniel Mehrad

Lobista. Consultor Senior en Political Intelligence agencia de Lobby y Public Affairs con más de 10 años de experiencia en España.

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