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Londres vertical


Dídac G.-Peris

Licenciado en el Instituto de Estudios Políticos de París, especializado en estudios europeos en el European Institute de la LSE. Investigador en la universidad de Londres.


Escrito el 29 de marzo de 2013 a las 9:18 | Clasificado en Sin categoría

Londres había sido históricamente una ciudad horizontal, pero en sólo 10 años la urbe ha cambiado drásticamente su fisionomía, apostando por una verticalidad que plantea algunos interrogantes.

El ‘walkie-talkie’, en construcción (Autor: Dídac G. Peris)
El ‘walkie-talkie’, en construcción (Autor: Dídac G. Peris)

Hasta 1962 la famosa Catedral de Sant Paul (la de Mary Poppins y la mujer de las palomas) era, por ley, el edificio más alto de la capital británica. Desde 1894 la llamada ‘London Building’s Act’ prohibía erigir edificios más allá de los 80 pies (unos 24 metros). Aunque incluso sin dicha ley, es probable que los británicos hubiesen apostado por la extensión más que la elevación.

Todavía hoy se percibe la relación que existe entre algunos rasgos de la cultura británica y el desaliento por la altitud. Las casas victorianas, unifamiliares, han marcado el paisaje y la historia del país. La idea de propiedad –que tan bien supo capitalizar Margaret Thatcher con su famosa ‘democracia de propietarios’- forma parte del ADN inglés. El ideal de casa es aquella que tiene una puerta de entrada y un patio trasero. Todo lo contrario del estiloso ‘apartamento’ popularizado por tipos como Haussmann o Cerdà.

Por historia y por cultura los rascacielos han sido, para las viejas generaciones de londinenses, una manía americana. En 1962 la regulación se flexibilizó –aunque muy moderadamente- y con ello surgieron los contados rascacielos que han dominado el skyline inglés hasta los años 2000. Hubo la BT Tower, y luego la Torre 42 (que los británicos asocian tristemente con uno de los peores atentados del IRA). Los dos edificios son visibles todavía hoy, aguantando como pueden las miradas desnostadas.

Canary Wharf y ‘la city’

Pero Margaret Thatcher rompió definitivamente el tabú en los años 80 con la construcción del barrio de Canary Wharf. Un conjunto de enormes rascacielos cuadrados con el que los medios de comunicación ilustran sus crónicas sobre escándalos financieros (como la reciente manipulación del Libor). Canary Wharf era -y sigue siendo- lo más parecido al ideal vertical americano, aunque queda lejos del centro de Londres.

En ese sentido, la verdadera revolución empezó en 2002 con la construcción del ‘pepino’ de Norman Foster. En menos de diez años el ayuntamiento del ‘rojo’ Ken Livingstone aprobó la construcción de hasta 25 edificios que sobrepasaban los 100 metros de altura. Con la diferencia que esta vez los rascacielos no brotaban en una especia de periferia financiera como en Canary Wharf, sino en el corazón de la ‘city’, y más específicamente en el histórico barrio de Spitalfields (zona alternativa que hasta el siglo XIX acogía los bajos fondos de Jack ‘el Destripador’).

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El Gherkin -pepino’ de Foster a la izquierda, y la Torre 42 a la derecha. En medio, el nuevo edificio conocido como el ‘rallador de queso’. La foto está tomada desde la recién inaugurada ‘Heron Tower’
Brote de pepinos

Al ‘pepino’ le han seguido otros edificios que los londinenses conocen por sus motes. Está el ‘rallador de queso’, el ‘walkie-talkie’, la Heron Tower, el ‘Pinnacle’ o el nuevo icono de la ciudad: el monumental Shard, de 310 metros, diseñado por Renzo Piano. Actualmente hay hasta 11 rascacielos en construcción en Londres, todos ellos con la fecha de estreno prevista para 2015. Pasearse hoy por la ciudad es suficiente para percatarse de la auténtica transformación que se está llevando a cabo. El dato más increíble es que a parte de esos proyectos en marcha hay 51 que esperan su turno. Todos ellos edificios de más de 100 metros.

Panorámica de Londres. A la derecha la cúpula de Sant Paul. A la izquierda emerge como un punzón ‘The Shard’, el segundo edificio más alto de Europa.

El ‘rallador de queso’ (en construcción)

La Heron Tower

En 2000 había un par de rascacielos en Londres. En 2020 habrá unos 100. Como en cualquier ‘boom’, las posibles derivas aumentan. Empezando por las aberraciones que ya se pueden visitar, como la Vauxhall Tower. Un bloque de residencias fantasmagórico sin espacios comunes, y rodeado de una autovía de cuatro carriles. Un paisaje que recuerda tristemente a la especulación inmobiliaria desenfrenada que ha sufrido Europa.

El conjunto residencial conocido como Vauxhall Tower.

La obsesión por la altura poco tiene que ver en la práctica con el color político. Livingstone era un ‘fan’ de los rascacielos y Boris Johnson parecía más reacio, a juzgar por su campaña. Aún así la dinámica se ha mantenido. El columnista del Evening Standard (y ahora en The Guardian) Simon Jenkins criticaba en 2011 la  ‘obsesión fálica’ de ambos contrincantes. Tanto el uno como el otro han utilizado en varias ocasiones su potestad para desestimar la oposición de los consejos municipales, o incluso cuando se han enfrentado a las reticencias de la famosa ‘English Heritage’.

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El nivel de debate que se originó en Londres cuando surgió el proyecto del Gherkin de Foster dista mucho de la realidad actual. El ritmo al que están brotando los rascacielos reduce la asimilación por parte de los vecinos, y aumenta también la preocupación sobre los controles de calidad y la pertinencia de los proyectos. Algunos alzan la voz, pero el tema no parece preocupar en demasía a los londinenses, ni tampoco a la prensa local.

¿El fin de los corredores visuales?

A lo largo de los siglos, Londres ha construido celosamente su imagen a partir de una política de ‘corredores visuales’. Son partidarios de construir nuevas infraestructuras, pero siempre y cuando se respeten algunas vistas emblemáticas como el Big Ben, Sant Paul, o Tower Bridge. La idea es que si un inglés se pasea por los parques que rodean la ciudad, debe poder visualizar los mitos que han constituido la identidad de la capital.

En ese sentido, puestos a tapar Sant Paul con un ‘pepino’, algunos se preguntan si no valdría la pena tomárselo con un punto de calma.

Nota: las fotos están hechas por el autor. The Guardian publica un repaso a las recreaciones oficiales que ofrecen los arquitectos.