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Los lobbies, en el disparadero


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F. Navarro Sordo

Surgido de la escuela de cafebabel.com, de donde fui jefe de las secciones Internacional, Política europea, Economía y EUdebate2009.eu, soy un periodista bilingüe especializado en asuntos europeos. He colaborado también con medios como Slate.fr, MyEurop.info o France24TV. Soy cofundador del blog Europa451. En la actualidad trabajo como relaciones públicas en Bruselas.


Escrito el 11 de noviembre de 2012 a las 21:18 | Clasificado en Europa

El Dalligate ha vuelto a colocar en la picota a los grupos de presión en Bruselas. Cuando hay lío nunca es un lobbista el implicado, sino periodistas o amistades peligrosas.

CEO organiza en Bruselas tours para conocer los lugares centrales de la profesión de lobista (Fuente: Flickr)
CEO organiza en Bruselas tours para conocer los lugares centrales de la profesión de lobista (Fuente: Flickr)

El Dalligate “es un asunto de amiguismo de pacotilla. No tiene nada que ver con los lobistas”, sostiene Philippe Blanchard, a la cabeza de la consultora Brunswick. Sin embargo, entiende que la prensa en general y la opinión pública caigan en el atajo de relacionarlo con los lobbies.

En este caso, además, está claro que el supuesto lobista implicado “no es un profesional”. Ahora bien, no estando regulada esta profesión, la ley no reconoce a nadie como “lobista profesional”. Es más, apura Blanchard, lo contrario supondría un “problema político y ético”, ya que si sólo las personas registradas como lobistas pudieran dirigirse a un diputado, su acceso se limitaría de hecho a las grandes empresas y a los actores influyentes y bien posicionados. Otros lobistas consultados denuncian en este caso “prácticas mafiosas que nada tienen que ver con los grupos de presión y que dañan la imagen de esta profesión”.

Sin embargo, Corporate Europe Observatory (CEO) no duda en hablar de “escándalo de lobismo europeo”. Para Rachel Tansey, jefe de campaña en CEO, cualquiera que sea la naturaleza del caso (corrupción, trampa de la industria u otra), demuestra que las reglas actuales en materia de grupos de presión no son claras y estrictas. Esta ONG ve en el caso la muestra de que carecemos de información precisa sobre qué es una relación normal de lobby y qué es corrupción.

Como afirmara el director general de la OLAF (la oficina europea anticorrupción que ha destapado el caso Dalli), Giovanni Kessler, “lo que había comenzado como una relación normal de lobby, se convirtió en algo ‘viciado’ cuando en vez de pasar una nota de honorarios, el intermediario solicitó una enorme suma de dinero”. ¿Cuál es, pues, la frontera mágica a partir de la cual los honorarios solicitados para organizar un encuentro con un representante público pasan de se algo normal en el día a día de los políticos a objeto de investigación por corrupción? ¿Mil euros, un millón, 50 millones?

Frontera mágica

Lo que varias organizaciones como CEO exigen es que el informe de la OLAF se divulgue y que se instauren reglas éticas de cumplimiento obligatorio para los grupos de presión. Muchas consideran que el actual código de conducta rubricado por los grupos de interés que se inscriben en el registro de transparencia voluntario es demasiado frágil y no puede impedir práticas como la del Caso Dalli. Tansey, de CEO, llega incluso a pedir transparencia acerca de la correspondencia entre los funcionarios y los lobistas sin la necesidad de desvelar el contenido.

La UE podría inspirarse de las prácticas en otras esferas, como en el Reino Unido. En este país cada ministerio debe publicar una vez al trimestre los detalles de los encuentros con los grupos de presión. En los Estados Unidos el Lobbying Disclosure Act –la ley que regula la actividad de estos grupos de interés- impone a los lobistas informar cada trimestre acerca de sus gastos ligados a su actividad profesional, los temas sobre los que trabajan, las agencias federales contactadas y la identidad de las personas que trabajan en cada asunto.

Lobistas anónimos consultados considerarían esta medida como una “catástrofe”. En declaraciones a la agencia Europolitics, Karl Isaksson, presidente de EPACA, las asociación europea de consultores en asuntos públicos, no ve en qué medida un registro de lobistas más estricto resolvería este tipo de asunto, aunque sí propone que el sistema actual sea obligatorio. La profesión, en definitiva, confía en que el caso Dalli no conlleve un endurecimiento de las normas.

El precedente data de marzo de 2011. Entonces unos periodistas del diario británico sensacionalista Sunday Times se hicieron pasar por lobistas y ofrecieron a algunos eurodiputados dinero a cambio de que presentaran una serie de enmiendas a unas directivas en vías de negociación parlamentaria.  El escándalo ‘Dinero a cambio de enmiendas’ se saldó con un acceso más estricto al Europarlamento por parte de los lobistas. “Y eso que los implicados no eran lobistas, sino periodistas”, se indigna algunos consultores.

Los votantes dicen...
  1. […] La dimisión de Dalli ha suspendido esta consulta interservicios y todo el calendario de esta reforma. Hay que esperar a que el Europarlamento apruebe el nombramiento de su sucesor, que puede ser Tonio Borg, la semana que viene, u otra persona más tarde. Según denunció Dalli tras su marcha, la consulta, pues, no podría arrancar hasta febrero o marzo de 2013, mientras que el portavoz de la Comisión Europea, Olivier Bailly, le quitaba hierro al asunto garantizando el compromiso del Ejecutivo europeo con esta reforma. Un robo de película […]

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