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Pulso a cara de perro en Bruselas


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F. Navarro Sordo

Surgido de la escuela de cafebabel.com, de donde fui jefe de las secciones Internacional, Política europea, Economía y EUdebate2009.eu, soy un periodista bilingüe especializado en asuntos europeos. He colaborado también con medios como Slate.fr, MyEurop.info o France24TV. Soy cofundador del blog Europa451. En la actualidad trabajo como relaciones públicas en Bruselas.


Escrito el 9 de noviembre de 2012 a las 13:09 | Clasificado en Europa

El pasado 16 de octubre, el Palacio Berlaymont fue testigo del inicio de una nueva era en el funcionamiento del gobierno de Europa. Éste es el resumen de un choque que precedió a una sonada dimisión.

Durao Barroso, en un Pleno (Fuente: Comisión Europea)
Durao Barroso, en un Pleno (Fuente: Comisión Europea)

“¡Menudo culebrón policíaco!”, exclamaba Daniel Cohn-Bendit, el jefe de filas del grupo europarlamentario de los Verdes. Se refería a la estrategia de derribo inmediato que usó el presidente de la Comisión europea para deshacerse de su subordinado John Dalli. Todo el que sepa un poco cómo funciona la política de la UE y el ambiente acolchado con el que se cocina todo en los pasillos de Bruselas, sabe ahora que algo está cambiando de veras en la política europea. Hay más distancias, más cuchillos afilados, menos confianza en el compañero. La confrontación política ha hecho por fin acto de presencia en el Parlamento Europeo tras 55 años de insípido y eficaz consenso. La Comisión europea ya no está a salvo de caer ante la presión parlamentaria o popular, como cualquier ejecutivo nacional. El jefe de la Comisión ya puede destituir a cualquiera de sus comisarios.

Y así ha sido. El 16 de octubre, José Manuel Durão Barroso citó de urgencia en su despacho al Comisario de Salud y Consumo, John Dalli. No hubo de salir indemne del encuentro. Durante una hora, el presidente de la Comisión presionó para que el maltés Dalli dimitiera por las sospechas de tráfico de influencias que un informe de la OLAF arroja sobre su persona y que de momento no ha sido difundido al público. Barroso consiguió su objetivo sin necesidad de mostrar el citado informe al acusado ¿Cómo lo logró?

“El Presidente me citó en su despacho sin comunicarme la agenda o el asunto que quería tratar”, cuenta Dalli. Una vez allí, y en presencia del español Luis Romero, director de los servicios jurídicos de la Comisión Europea, y de Olivier Bailly, el jefe del gabinete del presidente. Durão Barroso le dijo entonces: “Dispongo de los resultados de una investigación de la OLAF tras de la que tu permanencia en el colegio de comisarios se hace insostenible. Debes dimitir”. “Estas cosas no se hacen así. Quiero saber de qué se me acusa antes de ofrecer yo mismo mi dimisión”, replicó Dalli, quien añadió: “Dame al menos 24 horas para reflexionar, consultarlo con un abogado y comunicar mi decisión a mi familia, pues no quiero que se enteren de esto por los periódicos”. “Te doy 30 minutos para dimitir“, espetó Barroso de seguido. “Si no lo haces, te destituiré yo mismo”, concluyó tras recordarle que desde 2009, el Tratado de Lisboa le permite hacerlo.

“Yo no he dimitido. He sido forzado a dimitir”, ha querido puntualizar Dalli desde entonces cada vez que se le ha prestado un micrófono. “Barroso no me dio opción alguna. O me iba por mi propio pie, o me echaba”. Es más, durante unos días, el Comisario de Salud y Consumo se ha agarrado al clavo ardiendo de su inexistente dimisión al no haber prueba escrita de la misma. “No cabe duda de la efectividad y la irrevocabilidad de la dimisión del señor Dalli, expresada de forma verbal delante de mí y del Jefe de los servicios jurídicos de la Comisión”, ha zanjado Durão Barroso en una carta dirigida a Dalli y difundida a los medios de comunicación. En ella, el portugués subraya que el Tratado de Lisboa no obliga a que las dimisiones sean por escrito.

Entonces, ¿por qué Luis Romero le presentó durante el encuentro una declaración de dimisión ya redactada en papel para que Dalli la firmara en el acto? Dalli no la firmó y se escuda en esto para amenazar con acudir a la Corte Europea de Derechos Humanos, con lo que la disputa entre el jefe y el subordinado se ha vuelto una batalla de tintes personales. “Aún no sé por qué he sido forzado a dimitir”, recuerda el político maltés, que asegura tener “una sensación de ‘déjà vu’, pues en 2004 también fue acusado de tráfico de influencias cuando era ministro en Malta y al final fue absuelto por falta de fundamento de las acusaciones.

El eurodiputado británico euroescéptico Nigel Farage ha denunciado en la Cámara europea el caso de corrupción, señalando que esta dimisión “plantea más interrogantes de los que resuelve”. Si bien la Comisión Europea ha reconocido que la investigación de la oficina anticorrupción OLAF no permite hallar pruebas concluyentes acerca de una “participación directa” de John Dalli en una tentativa de corrupción y de tráfico de influencias, sí considera que el excomisario europeo estaba informado de las actividades del intermediario maltés Silvio Zammit. Este estrecho colaborador suyo durante su etapa política en Malta, habría solicitado 60 millones de euros a la multinacional tabaquera sueca Match a cambio de que Dalli permitiera la venta de la picadura de tabaco denominada Snus en el resto de Europa, según los propios responsables de Match.

En estos momentos su eventual sucesor al frente de la Comisión de Salud y Consumo, el también maltés Tonio Borg, se prepara para someterse a la audiencia ante el Parlamento Europeo, que puede rechazar su nombramiento. Las últimas noticias señalan que no lo tendrá fácil debido a sus opiniones ultraconservadoras sobre el aborto y su supuesta relación con Rajat Aliev, un antiguo embajador de Kazajistán en Austria sospechoso de violaciones de los Derechos Humanos y de implicaciones en el asesinato de unos banqueros.

Los votantes dicen...
  1. […] marginales” en la propuesta legislativa en ciernes sobre el tabaco. Esa que Dalli preparaba cuando fue forzado a dimitir y muchos temieron que fuera tirada a la basura o sustancialmente […]

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