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Que viene el lobo


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F. Navarro Sordo

Surgido de la escuela de cafebabel.com, de donde fui jefe de las secciones Internacional, Política europea, Economía y EUdebate2009.eu, soy un periodista bilingüe especializado en asuntos europeos. He colaborado también con medios como Slate.fr, MyEurop.info o France24TV. Soy cofundador del blog Europa451. En la actualidad trabajo como relaciones públicas en Bruselas.


Escrito el 13 de octubre de 2013 a las 9:53 | Clasificado en Europa

Esta semana la Eurocámara acogió un debate sobre el auge de los extremismos en Europa. Los grupos políticos mayoritarios le ven las orejas al lobo tras los sondeos que sitúan al Frente Nacional en cabeza en Francia.

Le Pen y su hija en un mítin en las elecciones francesas de 2012
Le Pen y su hija en un mítin en las elecciones francesas de 2012

Desde la creación del Parlamento Europeo, los socialistas, los populares y los liberales han dominado la escena política de la UE. Los Verdes –siempre en aumento-, la Izquierda Unitaria Europea o los antieuropeos de derechas –EFD y no inscritos- nunca han amenazado esta hegemonía. Hasta hoy.

Los partidos contrarios a la integración europea podrían entrar en masa en el Europarlamento tras las elecciones del 25 de mayo de 2014. Ya se sabía, pero la machacona noticia de la semana según la cual Marine Le Pen, la hija del oficial francés de paracaidistas filonazi  Jean-Marie Le Pen, ganaría las elecciones en Francia, ha potenciado el nivel de angustia de los partidos favorables a la integración en la UE.

Durante el debate mantenido al respecto en la Eurocámara el 9 de octubre se recordó la figura del rapero griego Pavlos Fyssas, asesinado por un simpatizante del partido neonazi heleno Aurora Dorada. En paralelo, Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea, denunciaba un aumento de los ataques racistas y xenófobos en la Unión desde el inicio de la crisis económica.

Conformismo de avestruz

“Nuestra derecha tradicional, muy marcada por la religión católica, es menos sensible a las posturas extremistas”

Por muy diferentes que sean entre sí, los distintos movimientos antieuropeos y populistas sacan provecho todos de una situación propicia al rechazo de los poderes tradicionales. Muchos políticos relacionan el auge de los extremistas con la crisis y no van más allá. “Aurora Dorada ha progresado a la par que la crisis económica, las presiones de la inmigración y la corrupción política”, subraya la eurodiputada griega Marietta Ginnakou (PPE). “El día en que el paro retroceda en Grecia”, se conforma el francés Philippe Juvin (PPE), “se acabó Aurora Dorada. Igual que en Francia, sin la crisis, el Frente Nacional regresaría a sus cotas de popularidad de antes”.

La realidad es que los antieuropeos llevan en la escena ya muchos años y han venido para quedarse. En el Reino Unido, el partido por la independencia UKIP tiene serias posibilidades de dar la campanada. En Hungría, los filonazis de Jobbik siguen fuertes como aliados del gobierno. En Holanda, el Partido de la Libertad, del xenófobo Geert Wilders, trata de unir su imagen a la de la estrella ascendente de Marine Le Pen. En Finlandia, Verdaderos Finlandeses han experimentado un alza considerable desde hace dos años y condicionan las políticas del gobierno de centro-derecha. Bulgaria vive desde hace casi un año en medio del caos, y los extremistas del partido ATAKA, ya presentes en Estrasburgo, tienen la llave de la estabilidad. En Italia, el partido de Bersluconi, en desbandada, arrojará presumiblemente a millones de votantes en brazos de los xenófobos de la Liga Norte.

La eurodiputada española Cristina Gutiérrez-Cortines (PPE) sostiene que en todas partes no cuecen habas. España, de las que más está padeciendo los estragos de la crisis, parece inmune a estos extremismos. “La aparición de la ultraderecha es posible, pero nuestra derecha tradicional, muy marcada por la religión católica, es menos sensible a las posturas extremistas” afirmaba.  Algo parecido se podría decir de Portugal o Grecia, aunque no de Italia a pesar de presentar una teórica mayor influencia de los valores católicos en su sociedad.

Entre los argumentos que tranquilizan a los políticos de la esfera europea figura el de la imposibilidad de llegar a acuerdos. Las disparidades ideológicas entre los extremistas son profundas e insalvables. “Aunque el conjunto de los movimientos antieuropeos logre un buen resultado en las elecciones de 2014, no dispondrán de un verdadero peso en el Parlamento Europeo, ya que están muy divididos”, desea relativizar el liberal francés Jean-Marie Cavada.

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