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De la ficción a la política


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 26 de mayo de 2014 a las 11:09 | Clasificado en Europa

El relato Obama inspirado en Matt Santos, o la crisis de deuda en ‘Boss’, apuntan similitudes que enfocan realidades políticas y paradojas como la de Schulz

El candidato socialista Martin Schulz (martin-schulz.eu)
El candidato socialista Martin Schulz (martin-schulz.eu)

El recurso inicial de que un relato de ficción esté basado en hechos reales no se traslada, quizá injustamente, a su afirmación contraria, o lo que es lo mismo, que un relato real esté basado en hechos ficticios. Esto ocurrió con la candidatura y posterior resurgimiento de Barack Obama, cuya trayectoria fue anticipada por los guionistas de ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, serie de referencia para fans de la política, en el personaje de Matt Santos, candidato demócrata, de raza hispana, sucesor del carismático presidente Bartlet, eje central sobre el que pivota la laureada serie.

Tal y como explicó en su día aquí un periodista de referencia cultural de este país, Pedro Vallín, el serial de Aaron Sorkin primero se inspiró en la realidad, hasta que se produjo un vuelco y los episodios “acabaron marcando las pautas de una nueva política”. Las coincidencias entre el estilo, enfoque, tono y algunas decisiones de la carrera que protagonizó el candidato Obama con lo que se pudo ver en la ficción del candidato Santos tiempo antes no fueron una casualidad.

El relato original de Obama

El tan afamado concepto de “el relato creado por Obama” no fue puramente original. Pisaba sobre seguro, en la coherencia de una creación previa que se entendió. Tiempo después, los escritores de la serie afirmaron que el hecho de que Matt Santos fuera hispano fue porque consideraron menos verosímil para el personaje que un candidato afroamericano llegara tan alto en la carrera presidencial. Ahí la realidad sí superó a la ficción.

Dentro de la producción de seriales políticos estadounidenses, existen varios puntos de referencia tras la exitosa Ala Oeste que trataron de seguir su estela. En estos días el personaje de Francis Underwood, protagonizado por Kevin Spacey, culmina con ‘House of Cards‘ ese círculo sin cerrar, que la serie centrada en el poder ejecutivo de Aaron Sorkin no llegó a concluir: la observación más cercana del poder legislativo.

Además, y por encima de todo, el equipo del presidente Bartlet representaba a un grupo que, pese a sus altibajos, destacaba por su gran inteligencia, idealismo, su sentido del deber, de los límites del poder y, sobre todo, del trabajo en equipo. Nada que ver con Underwood, cuyo eje de actuación es pura ambición ilimitada, donde el idealismo es un simple discurso fachada y la traición y la deslealtad simples armas de actuación política válidas.

Tom Kane fue antes

Antes de Underwood, sin embargo, estuvo Tom Kane. Este personaje, alcalde de Chicago anterior en el tiempo no tuvo tanta suerte y el escaso respaldo de la audiencia condenó a la serie, ‘Boss’, a sólo dos temporadas. Sin embargo, la tipología de político asesino, con gran experiencia en fontanería y bajos fondos, con gran manejo de los medios de comunicación y capaz de cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos, es la misma que en ‘House of Cards’. Ambos no meten la mano en la caja ni tratan de enriquecer a amigos o familiares. Ven la parte oscura de la política como un elemento más, pareja a la idealista: ambas coexisten y con las dos se debe lidiar. Una es inseparable de la otra.

Ambas producciones nos tratan de enseñar que el político de raza que juega en primera división no sólo debe dar grandes discursos y defender valores universales, sino también debe ser capaz de acuchillar a aliados en el momento preciso. En este contexto, llevárselo crudo al bolsillo, tener cuentas en Suiza, amantes secretos… es algo que sólo los débiles se permiten, por cuanto suponen defectos que dan facilidades al rival. El ejercicio del poder no debe presentar semejantes debilidades, y tanto Underwood como Kane hacen gala de esa prudencia como monjes ortodoxos de una religión.

La crisis fue política no económica

En este juego de ficciones que explican realidades, o de las primeras que ayudan a configurar las segundas, ayuda en ‘Boss’ un episodio fundamental que ayuda a explicar cómo el discurso de la inevitable austeridad es sobre el papel académico defendible, pero desde el punto de vista político, no. En una ocasión, al alcalde Kane le toca hacer frente a los pagos del Ayuntamiento y con sus habituales modos de pactar favores mutuos acuerda el voto del consejo municipal a emitir deuda municipal. Sin embargo, el día del Pleno, la votación se tuerce y ese pacto que presumía cerrado, se rompe. Esto supone, al día siguiente, la casi práctica quiebra de la ciudad y la necesidad de hacer recortes en pensiones y salarios y suspender servicios públicos no esenciales para sanear cuentas y conseguir créditos. De no ser por la traición que no se esperaba, la vida de la ciudad hubiera seguido igual, con la emisión de deuda habitual y la rutina de siempre.

En Europa, ya en la realidad, pasó lo mismo. Tal y como recuerda aquí el analista político Jorge Dioni, la Unión Europea se enfrentó sin casi conflicto al rescate de los países del este en el año 2009, con una resistencia inicial que en un mes, y por miedo a una crisis en cascada, se resolvió. No hubo troikas ni firmas de MoUs, ni condicionalidad, ni hombres de negro. Aquellos países del Este de Europa habían vivido también por encima de sus posibilidades y engordado su respectivas burbujas. El dinero se puso y el problema se resolvió. Y la vida continuó.

Sesgo retrospectivo

En el caso de Grecia, Portugal y España no fue así. Al igual que le ocurre al alcalde Tom Kane, interpretado por Kelsey Grammer (personaje principal en ‘Frasier’), se dio por hecho que Europa evitaría la crisis de deuda del sur al igual que sin casi pestañear ocurrió con la del este. Pero se decidió que no.

Ahora, con el sesgo retrospectivo que tanto denuncia Daniel Kahneman, muchas voces aventuran que el Gobierno de entonces, tanto el griego como el portugués o el español, sabían lo que estaba ocurriendo y decidieron irresponsablemente callar y no hacer nada.  Pero es que en esa política de pactos, de gestiones mutuas y de corresponsabilidades (la burbuja española fue financiada por bancos alemanes), nadie, como Kane, se imagina que en el consejo se votaría que no. Que la ayuda no llegaría. El pánico de los mercados hizo el resto y la historia de sufrimiento posterior es de sobra conocida.

Aún a día de hoy se discute en términos económicos sobre la prima de riesgo, la financiación pública, los recortes, el ‘austericidio‘, los mercados, las alternativas… pero hay relativamente poco debate sobre cuál fue el motivo exacto de esa felonía alemana. En el caso del alcalde Kane sí sabemos los motivos: una traición colectiva larvada desde hacía tiempo que no supo anticipar. Pero en el caso del proyecto europeo, sobre el que siempre había existido un consenso general en torno a la necesidad de construirlo “sin hacernos daño” entre todos los países miembros, las incógnitas no están tan despejadas.

Una teoría podría ser que Alemania, para esconder el desplome de su sistema bancario afectado por las subprime y desviar la atención de su problema, decidiera provocar un cataclismo allende sus fronteras, con un discurso fácil: estos vagos del sur viven bien a nuestra costa pero la paciencia se nos ha acabado. Otra, en una lógica de reedición de la sed alemana por imponer su poder en Europa, en este caso sin usar las armas, para que Angela Merkel pudiera proclamarse en una suerte de nueva gran kaiser del momento tomando el control de la Unión Europea desde Berlín y garantizarse así un brillante lugar en la historia política de su país.

En cualquier caso,  en este contexto, no deja de ser una gran paradoja que la candidatura “alternativa de Gobierno” para presidir la nueva Comisión Europea que surja de las urnas de las elecciones europeas celebradas este domingo, sea la de un alemán, Martin Schulz, cuyo partido, los socialistas alemanes, gobierna en coalición con los autores de todo lo que ha ocurrido en Europa en los últimos cinco años.

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