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Todo por Europa, sin Europa


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Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press


Escrito el 18 de mayo de 2014 a las 2:22 | Clasificado en Europa, Nacional

Lo más importante del debate entre Cañete y Valenciano sucedió fuera de él, y eso ya es decir. Y de Europa, poco.

Arias Cañete y Valenciano, antes de su debate
Arias Cañete y Valenciano, antes de su debate

El debate electoral entre el candidato del PP al parlamento Europeo, Miguel Arias Cañete, y la candidata socialista, Elena Valenciano, ha dejado varias lecturas. Al margen de la escasa enumeración de los programas de ambos partidos, la lucha dialéctica entre los cabezas de lista ha dejado  sobre la mesa un discurso muy manido, una escasa capacidad de llegar a los electores,  muy poca Europa y una reacción nefasta de uno de los candidatos, en este caso Cañete.

El debate se desarrolló en su mayoría en clave interna, ya que el exministro Arias Cañete echó  mano una vez más de la herencia recibida del partido socialista. Habló del déficit público, de las pensiones y de la destrucción de empleo, entre otros. Mencionó a Zapatero y a Miguel Ángel Fernández Ordóñez y calificó de “maravillosas” las condiciones que Europa concedió a España para rescatar a los bancos.

Valenciano fue directa a los puntos más débiles del gobierno de Mariano Rajoy. Mencionó los recortes en la sanidad, en la educación, en dependencia, la amnistía fiscal, el rescate a la banca, la desigualdad de la mujer, e incidió en uno de los temas más controvertidos: la ley del aborto.

Y como suele suceder en este tipo de batallas, el debate se convirtió en una suerte de pequeños monólogos con poca interacción y muchos papeles. Cañete no levantó la vista de los apuntes que portaba con números, gráficas y estadísticas, y Valenciano llevaba la mayoría de los temas a su terreno, haciendo hincapié en aquello que, a su juicio, diferencia a PP y PSOE.

Pero lo que más ha llamando la atención en este debate ha sucedido precisamente fuera de él, y eso en sí ya dice mucho. El exministro manifestaba el día después que  “si en un debate con una mujer haces un abuso de superioridad intelectual  pareces un machista”, como si machistas no fueran esas palabras.  Además ha continuado apuntando que “con todas las provocaciones de la señora Valenciano (…) si soy yo mismo, me temo. Entraría a matar”.

No es la primera vez que el exministro hace este tipo de declaraciones, ya dijo hace años que “el regadío hay que manejarlo como a las mujeres, como mucho cuidado, porque pueden perderle a uno”, y ha querido arreglarlo diciendo que en el PP se apoya a las mujeres y para muestra Cospedal y García Tejerina.

En conclusión, este debate en lugar de aclarar ideas, mostrar propuestas o despejar dudas, ha servido para crear polémica y poner de manifiesto el escaso interés que los ciudadanos por unas elecciones que ven lejanas a sus intereses, y que se plasmó en una audiencia del 9,5 %, en un debate donde una de las palabras menos mencionadas fue precisamente Europa, que es lo que se supone que ahora nos ocupa.

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