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Ucrania no entrará en la UE


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Escrito el 9 de diciembre de 2013 a las 19:05 | Clasificado en Europa, Rusia

Putin no se dejará arrebatar la pieza más grande y valiosa del antiguo imperio soviético en Europa. Además, la UE carece de fondos de maniobra suficientes para contrarrestar la oferta de Moscú a Kiev.

Un mapa de la distribución geográfica de los trabajadores migrantes ucranianos por regiones de origen (Fuente: Organización Internacional para las Migraciones)
Un mapa de la distribución geográfica de los trabajadores migrantes ucranianos por regiones de origen (Fuente: Organización Internacional para las Migraciones)

Hace ahora 22 años que el presidente norteamericano George Bush padre visitaba Kiev y echaba un jarro de agua fría a los millones de ucranianos que soñaban con su futuro emancipados de la Unión Soviética. Esgrimiendo la necesidad de que el mapa de Europa no se descoyuntara, Bush conminaba a Ucrania a permanecer anclada en el área de influencia de Moscú. Apenas cuatro meses después la URSS estallaba, y cada república socialista intentaba reacomodarse. Los países bálticos y las autodenominadas repúblicas populares socialistas (Polonia, Checoslovaquia, Hungría, más tarde secundadas por Rumanía y Bulgaria y por los fragmentos de la erupción yugoslava) aporreban la puerta de Bruselas y de Washington para que dieran cobijo a sus ansias de libertad.

Ucrania, Bielorrusia, las repúblicas caucásicas y las enclavadas en la inmensidad de Asia jugarían otra partida distinta, en cuyo tablero muchos sátrapas del antiguo régimen soviético se trocarían en dictadores absolutistas de unas nuevas naciones independizadas.

Cuando Rusia tocó fondo

La fiesta se prolongó una década, el tiempo en que Rusia tocó fondo, su sociedad se transformó en un inmenso caos en el que las mafias dirimían su supremacía, y su antaño decisivo papel en la geopolítica internacional quedó reducido a un mero papel testimonial. Aquella penosa transición concluyó con la dimisión del presidente Boris Yeltsin y la entronización de Vladímir Putin, decidido desde el principio de su mandato a reconstruir la grandeza y prestigio del país. En ese objetivo también se incluía la recogida y recolocación de las piezas de aquel antiguo imperio, con especial atención a sus tres módulos predilectos: Ucrania y Bielorrusia en suelo europeo, y Kazajistán en Asia.

Durante lo que va de siglo XXI los encontronazos entre Moscú y Kiev se han sucedido prácticamente todos los años, a cuenta especialmente del suministro de gas ruso a Ucrania, imprescindible para su calefacción y la energía de sus fábricas, pero también a propósito del paso de ese mismo gas hacia los países de la Unión Europea. El 80% del gas ruso que se consume en la UE pasa necesariamente por territorio ucraniano.

Yúshenko vs Yanukóvich

Las hostilidades entre Rusia y Ucrania alcanzaron su punto culminante en 2004. El presidente saliente, el pragmático Leonid Kuchma, dejaba el campo para un enfrentamiento abierto y sin concesiones entre Viktor Yúshenko Víktor Yanukóvich. El primero, líder de la denominada Revolución Naranja, encarnaba la Ucrania independiente, proeuropea y aspirante a medio plazo a integrarse en la UE. Le apoyaba el oeste del país, todo él de idioma ucraniano, y una buena parte de la región central, además de una aliada/adversaria temible, Yulia Timoshenko. Frente a ambos, Yanukóvich encarnaba la tradición del este del país, anclada por religión, idioma y sentimientos a Rusia.

Yúshenko fue a todas luces envenenado, como denotaba el saturnismo galopante que le afectaba y el semblante cada vez más demacrado por una enfermedad extraña, que médicos austriacos certificaron procedía de la ingestión y contacto de polonio y plomo. Las sospechas de que el FSB, sucesor del KGB soviético, estaba detrás de tal afección, se extendieron por todo el país y el resto del mundo, que comprendió así el interés que Moscú prestaba a Ucrania.

La presidencia y gobiernos de Yúshenko y la primera ministra Timoshenko fueron especialmente tormentosos, al enfrentarse ambos a propósito de la estrategia a seguir frente a Moscú. Rusia comenzó a aplicar gradualmente una política de estrangulamiento de Ucrania, retirando los precios preferenciales de sus suministros enérgeticos a Kiev, reduciendo notablemente el volumen de sus importaciones de productos ucranianos y presionando diplomáticamente para que Ucrania se alineara con Rusia en los grandes foros y cumbres internacionales.

La rehén Timoshenko

A estos nombres se une el de Oleg Tianybok, líder del partido nacionalista Svoboda (literalmente Libertad), quizá el único con el suficiente carisma para erigirse con una tercera fuerza entre un Yanukovich, que se autorreivindica como genuino representante de la izquierda, y el exjefe de la Rada Suprema (Parlamento) Arseni Yaseniuk, tildado como Klichkó de representante de los intereses de la derecha conservadora.

Promesas a la nomenklatura

Ninguno de ellos parece concitar el necesario consenso para erigirse en el principal líder del país. Frente a ellos, Yanukovich ha creado una inmensa red clientelar que ha hecho de la corrupción su principal seña de identidad, pero que defenderá con uñas y dientes los privilegios adquiridos. En Moscú éso lo sabe perfectamente Putin, que se apresta a regar con 15.000 millones de dólares el exhausto tesoro ucraniano, además de prometer a más largo plazo el apoyo a la nomenklatura de Yanukovich a cambio de su permanencia incuestionable en el área de influencia rusa. La hipotética creación de una Eurasia, con Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán como eje, será la consagración de ese nuevo bloque destinado según Moscú a jugar un papel decisivo frente a la UE e incluso frente a las pretensiones de Estados Unidos de extender su influencia y dominar una parte del antiguo imperio soviético.

Las ingentes manifestaciones de los proeuropeos no inquietan en absoluto al líder del Kremlin, que ya ha calificado de pogromo tal movimiento ansioso por abrazar los valores de la UE. Esta se enfrenta a su vez al desafío más serio a sus valores de toda su historia. Que cuando en el seno de los 28 se haya disparado el escepticismo debiera hacer reflexionar en que algo debe tener la UE cuando millones de ucranianos consideran una tragedia que les vuelvan a poner un telón de acero que les impida integrarse en ella.
La victoria de Yanukovich en las elecciones presidenciales de 2010 le resarcía de su aplastante derrota de 2004 y ponía al frente del país a un prorruso confeso. A la ya ex primera ministra Timoshenko le fabricaron un proceso por supuesto “abuso de poder con incalculable daño a las arcas del país” por haber firmado in extremis que Rusia percibiera 400 dólares por cada mil metros cúbicos de gas, casi tres veces más del precio que ahora ofrece Putin por aliviar las maltrechas finanzas ucranianas. Timoshenko se ha convertido de facto en el principal rehén de Yanúkovich en sus escarceos con la UE.

Yanukóvich, que se trajo de la región minera de Donetsk tanto a su guardia pretoriana como a los altos cargos de su gobierno, flirteó no obstante con la UE, a la que llegó a hacer creer que Ucrania bascularía hacia su campo, rompiendo sus tradicionales amarras con Rusia. Bruselas le respondió con buenas palabras, algunas promesas, la exigencia de que Yulia Timoshenko fuera liberada de la clínica-prisión de Járkov, en donde está internada, pero sin poner sobre la mesa ninguna cantidad significativa para el desarrollo ucraniano.

Cita en la Maidan Nezalezhnosti

Pese a tan escaso bagaje, la promesa de ese acuerdo con la UE fue secundado por algunos de los líderes más visibles del país, en especial el ex campeón de boxeo Vitali Klichkó, y el nacionalista Stepan Bandera. Uno y otro tienen no obstante muchas sombras en sus respectivas biografías, el primero a cuenta de negocios poco claros en el extranjero, y el segundo por la violencia con la que anima y participa en las manifestaciones. Ambos han convergido estos días en la Maidan Nezalezhnosti, la Plaza de la Independencia, escenario desde la Revolución Naranja de las concentraciones masivas y las reivindicaciones de cientos de miles de ucranianos.

A estos nombres se une el de Oleg Tianybok, líder del partido nacionalista Svoboda (literalmente Libertad), quizá el único con el suficiente carisma para erigirse con una tercera fuerza entre un Yanukovich, que se autorreivindica como genuino representante de la izquierda, y el ex jefe de la Rada Suprema (Parlamento) Arseni Yaseniuk, tildado como Klichkó de representante de los intereses de la derecha conservadora.

Promesas a la nomenklatura

Ninguno de ellos parece concitar el necesario consenso para erigirse en el principal líder del país. Frente a ellos, Yanukovich ha creado una inmensa red clientelar que ha hecho de la corrupción su principal seña de identidad, pero que defenderá con uñas y dientes los privilegios adquiridos. En Moscú éso lo sabe perfectamente Putin, que se apresta a regar con 15.000 millones de dólares el exhausto tesoro ucraniano, además de prometer a más largo plazo el apoyo a la nomenklatura de Yanukovich a cambio de su permanencia incuestionable en el área de influencia rusa. La hipotética creación de una Eurasia, con Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán como eje, será la consagración de ese nuevo bloque destinado según Moscú a jugar un papel decisivo frente a la UE e incluso frente a las pretensiones de Estados Unidos de extender su influencia y dominar una parte del antiguo imperio soviético.

Las ingentes manifestaciones de los proeuropeos no inquietan en absoluto al líder del Kremlin, que ya ha calificado de pogromo tal movimiento ansioso por abrazar los valores de la UE. Esta se enfrenta a su vez al desafío más serio a sus valores de toda su historia. Que cuando en el seno de los 28 se haya disparado el escepticismo debiera hacer reflexionar en que algo debe tener la UE cuando millones de ucranianos consideran una tragedia que les vuelvan a poner un telón de acero que les impida integrarse en ella.

FuenteUcrania no cumplirá su sueño de integrarse en la Unión Europea

Autor: Pedro González

Los votantes dicen...
  1. Carlos dice:

    Stepan Bandera lleva 55 años muerto, es difícil que apoye nada.

  2. Fernando dice:

    Los EEUU y la UUEE solo ven en Ukrania bases para su defensa y un mercantilismo puro donde van a colocar sus productos que no venden con sus países ya esclavizados, más el punto estratégico que representa vs. quienes piensan que son sus enemigos.

    Si respetáramos la idiosincracia de cada país no necesitaríamos ningún arma atómica, ya que cuando truenan varias juntas después nadie se salva de la barredora arrasadora del turbión… Ya párenle a su codicia si extraen 600,000 millones de barriles de petróleo del subsuelo, es como extraer 200,000 millones de metros cúbicos de masa corporal del liquido viscoso que es el amortiguador de la tierra que le permite estar estable en caso de terremotos… esto representa el tamaño de un país cómo Cuba o Puerto Rico…

  3. […] ha abierto fuego contra Georgia y Ucrania, y cuyos peligrosos juegos han llevado a partir en dos un país clave entre el Kremlin y Europa, arrastrarlo a una guerra civil soterrada y a que se viviera incluso el derribo de un avión […]

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