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¿Se muda el Europarlamento?


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F. Navarro Sordo

Surgido de la escuela de cafebabel.com, de donde fui jefe de las secciones Internacional, Política europea, Economía y EUdebate2009.eu, soy un periodista bilingüe especializado en asuntos europeos. He colaborado también con medios como Slate.fr, MyEurop.info o France24TV. Soy cofundador del blog Europa451. En la actualidad trabajo como relaciones públicas en Bruselas.


Escrito el 28 de noviembre de 2013 a las 8:33 | Clasificado en Europa

483 eurodiputados, frente a otros 141, han votado por primera vez solicitar una revisión de los tratados de la UE. Reclaman poder decidir dónde establecer la sede del Europarlamento. La actual es Estrasburgo, símbolo de la reconciliación franco-alemana, pero la mayoría de sus trabajos se desarrollan en Bruselas y Luxemburgo.

“¿El ocaso del Europarlamento en Estrasburgo?”. (Flickr: Alexandre Prévost)
“¿El ocaso del Europarlamento en Estrasburgo?”. (Flickr: Alexandre Prévost)

Las autoridades francesas vuelven a ponerse nerviosas ante esta iniciativa que tachan de “electoralista” a unos meses de las elecciones europeas. No en vano, reciben fondos europeos para el mantenimiento de la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo y no quieren perderlos.

Doce semanas al año, decenas de camiones y trenes desplazan material de trabajo y alrededor de 3.700 personas entre Bruselas y Estrasburgo para celebrar, en esta última, las sesiones plenarias de la Eurocámara.

Los detractores de estos viajes claman contra el desperdicio de tiempo y dinero que supone, así como contra la contaminación añadida que provoca. “Todo Parlamento democrático que se precie tiene el derecho de decidir cuál es su sede y no existe en el mundo un parlamento con varias sedes”, explican en su informe.

Todos los Eurodiputados franceses, salvo los adscritos al grupo de Los Verdes, han votado en contra de esta iniciativa. Catherine Trautmann, ex alcalde socialista de Estrasburgo y Eurodiputada desde hace 3 legislaturas, desmiente los principales argumentos de los “anti-estrasburgo”. “Para empezar, no existe ningún parlamento que elija dónde establecer su sede, eso es un mito, pues bastaría con que de vez de en cuando cambiaran sus mayorías para aprobar cambios de sede, con el desmadre que ello supondría”.

“Además, los anti-Estrasburgo pretenden hacer creer que la Eurocámara tiene varias sedes y que hay que reducirla a una, como en cualquier democracia, sólo que se olvidan de que en la UE hay una única sede de la Eurocámara, y está en Estrasburgo, no en Bruselas. Por último, los detractores de la sede en Alsacia critican la falta de oferta hotelera de calidad y de comunicaciones de transporte con el resto de Europa, pero nunca proponen soluciones para mejorar estos campos, llevar nuevas líneas aéreas o facilitar la inversión hotelera”.

Los cálculos de los centralistas en Bruselas enarbolan sus clásicos: las idas y vuelta a Estrasburgo podrían costar 170 millones de euros y 90.000 toneladas de emisiones de CO2. Unas cifras nunca contrastadas, aunque ellos solicitan que el Tribunal Europeo de Cuentas proceda a su análisis.

Un cambio impensable

El informe votado por los 481 diputados no tiene fuerza de ley. La fijación de la sede en Estrasburgo se produjo en 1995 bajo la presidencia semestral española y el beneplácito especial de Felipe González. Un cambio al respecto en los tratados requiere de la unanimidad de los socios comunitarios, lo cual no sucederá porque Francia se opone. La única salida airosa para todos es ofrecer a la república francesa una alternativa de uso del hemiciclo en Estrasburgo, ciudad en la que de paso también tiene sede el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Consejo de Europa.

“Cuestionar la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo significa abrir el melón de los acuerdos sobre las sede de todas las otras instituciones europeas, léase el Consejo de la UE, el Tribunal de Justicia, el Banco Central Europeo, etc., una aventura en la que no creo que los Estados miembro se lancen”, sostiene Hélène Conway-Mouret, ministra francesa de Franceses en el Extranjero.

Otros miembros del gobierno francés coinciden con Joseph Daul, el jefe de filas de los populares en el Europarlamento, quien pretende que “en periodo de dificultades económicas nuestros ciudadanos esperan de Europa que aporte respuestas a sus preocupaciones: el empleo, la desocupación de los jóvenes, la competitividad de las empresas, la lucha contra el crimen organizado, el medio ambiente, el coste de la energía o la inmigración. No creo que la principal preocupación de los europeos sea la sede del Europarlamento, y lamento que tantos eurodiputados antepongan su comodidad personal a otras prioridades”.

En cambio, el alemán Gerald Häfner (Verde), ponente del informe aprobado en el parlamento ha considerado esta votación “de una relevancia histórica para la democracia europea, ya que la Cámara de la UE es la única elegida de manera directa por 500 millones de ciudadanos y no debe someterse a los gobiernos nacionales”. “Desafío a que me expliquen por qué nos gastamos 150 millones de euros al año para tener dos parlamentos y peregrinar de una ciudad a otra, más aún en tiempos de austeridad. Al tiempo que moralizamos a los ciudadanos para que reduzcan sus emisiones de CO2, nosotros producimos estas 90.000 toneladas en viajes a Estrasburgo”, inquiere la eurodiputada británica Ashley Fox, del grupo de los Conservadores Reformistas de Europa.

Los votantes dicen...
  1. […] ¿El ocaso del Europarlamento en Estrasburgo? […]

  2. […] el Parlamento Europeo, hasta ahora dividido entre Bruselas y Estrasburgo, se plantea a día de hoy trasladar toda su actividad, para ahorrar costes, a Bruselas. Ya en 2001, en el Tratado de Niza, los jefes de Estado decidieron […]

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