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Voladura controlada de la PAC


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F. Navarro Sordo

Surgido de la escuela de cafebabel.com, de donde fui jefe de las secciones Internacional, Política europea, Economía y EUdebate2009.eu, soy un periodista bilingüe especializado en asuntos europeos. He colaborado también con medios como Slate.fr, MyEurop.info o France24TV. Soy cofundador del blog Europa451. En la actualidad trabajo como relaciones públicas en Bruselas.


Escrito el 2 de agosto de 2013 a las 1:26 | Clasificado en Economía, Europa, Medio Ambiente

Estados Unidos sigue subvencionando la producción de leche para hacer frente a choques del mercado

Figuras de vacas con las banderas de países de la UE (Fuente: Flickr Parlamento Europeo)
Figuras de vacas con las banderas de países de la UE (Fuente: Flickr Parlamento Europeo)

Sólo el 6% de los agricultores de Europa tienen menos de 35 años, según el Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores (CEJA). Recién acordada la nueva Política Agrícola Común para el periodo 2014-2020, ¿tiene abono de futuro el campo europeo con una disminución del 13% en el presupuesto de la PAC?

Frente a los 417.000 millones de euros dedicados durante el septenio 2006-2013 a esta columna dorsal histórica de las acciones comunitarias, los 27 se pusieron de acuerdo el 26 de junio pasado en que la cifra para el periodo 2014-2020 no supere los 362.000 millones. Es una rebaja sustanciosa. La PAC, pues, sólo representará el 37,8% de las intervenciones presupuestarias de la UE, cuando hasta 2006 representaba más de la mitad.

Una población rural envejecida –más de un tercio de los agricultores supera hoy los 65 años- y una coyuntura global que ha permitido desarrollarse a otros graneros del mundo en América, Asia e incluso África, pueden explicar esta disminución de ayudas en un contexto de recortes presupuestarios también a nivel europeo. ¿En qué medida la reforma traza una nueva ruta en el futuro?

No es tiempo de revoluciones

Son pocos quienes definen esta nueva reforma de la PAC como radical. Frente a unos grupos ambientalistas y algunos especialistas en economía agrícola que esperaban hace 2 años –cuando se iniciaron las negociaciones- que deseaban que las futuras ayudas se centraran de manera estricta en la investigación, la innovación y los objetivos cuantificables en materia de ecología rural, los responsables de la Comisión Europea han preferido siempre hablar de “evolución” en vez de “revolución”. Tanto más por cuanto que los principales países productores -Francia, Italia y España- han sido muy reticentes ante cambios de gran calado. Es casi un milagro que hayan aceptado tal rebaja presupuestaria.

Entretanto, la consigna de los grupos de presión agrícolas ha sido siempre la de salvaguardar la producción alimentaria.

Como resultado, los pagos directos han sido garantizados para los próximos años, pero los agricultores podrán también beneficiarse desde 2014 de unas ayudas calculadas sobre la base de la superficie cultivada, y no en función de referencias históricas. ¿La gran novedad? Un tercio de las subvenciones estará ligado a la ejecución de medidas medioambientales específicas, como el mantenimiento de zonas dedicadas a la fauna.

En paralelo, y ante la falta de relevo generacional, la UE propondrá un bono suplementario del 25% de los pagos directos para cada menor de 35 años que se establezca como agricultor durante los primeros 5 años de su actividad profesional. Por último, en 2015 y 2017 desaparecerán las históricas cuotas de producción de leche y azúcar, respectivamente, adaptándose cada sector a las necesidades reales del mercado en cada momento.

Verde pálido

A pesar de que la introducción de criterios ecológicos en la obtención de subvenciones agrícolas es una completa novedad, los grupos ambientalistas consideran la medida descafeinada.

En efecto, la UE no determina de manera concreta qué parámetros ecológicos se habrá que respetar, sino que deja a cada Estado miembro libertad para decidir sus prioridades en esta materia. Es más, esta libertad también se da a los Estados a la hora de decidir qué proporción de ayudas se entregan en relación a la producción efectiva, y qué proporción se deja para las ayudas directas. Y eso ha llevado a varios colectivos a anunciar el “fin de la europeización de la política agrícola” y su devolución progresiva a los Estados miembros.

Ligar el 30% de las subvenciones al respeto de las nuevas exigencias ecológicas ha sido una buena señal de partida para los grupos ecologistas, pero ni ellos ni el propio comisario europeo de Medio Ambiente, Janez Potocnik, se ven impresionados. Y es que la letra pequeña contiene tantas excepciones que más de un tercio de las tierras no se verán condicionadas a estas medidas, sin contar con que los Estados pueden transformar las partidas para el desarrollo rural en ayudas directas si lo creen necesario.

Transición de equilibrismos

En varias ocasiones Dacian Ciolos, comisario europeo de agricultura, ha recordado que hace tan sólo 10 años era difícil justificar ante el contribuyente que se subvencione a los agricultores según lo que producen, un sistema que él mismo ha definido como “poco equitativo”. Hoy, son pocos los que han protestado por el abandono progresivo de la referencia histórica (el cálculo de ayudas a cada explotación mediante una media de las ayudas recibidas en años anteriores) para acercarnos a un sistema de ayuda según la superficie cultivada.

Si la transición no se ha hecho más deprisa es gracias a la influencia de países como España, Portugal, Italia e Irlanda –en donde los pagos varían mucho según la región- y que han abogado por una evolución lenta que evite a los agricultores una pérdida muy sensible en la redistribución a nivel nacional. De ahí que en virtud del acuerdo final ningún agricultor pueda percibir menos del 60% de la media nacional o por hectárea en 2019.

Por su parte, el Comité de las Regiones ha denunciado en su informe sobre la Reforma de la PAC que estas medidas de estabilización de ingresos no compensarán las pérdidas que van a padecer los agricultores debido a la apertura del mercado europeo a las importaciones provenientes del resto del mundo.

Su ponente, René Souchon, considera esta reforma un error estratégico, sobre todo en lo que respecta al sector lácteo, por cuanto que muchos de otros Estados del mundo siguen subvencionando la producción de leche para hacer frente a choques del mercado, como es el caso de los Estados Unidos y su Farm Bill 2013-2017.

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