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La ceremonia de la confusión


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Carlos Ruiz

Periodista especializado en campañas electorales y conflictos, gerente de asuntos públicos en Llorente&Cuenca, donde asesora a compañías e instituciones


Escrito el 24 de octubre de 2012 a las 7:01 | Clasificado en Internacional, Panamá

El presidente panameño desconcierta. Algunas declaraciones de Martinelli dejan ver cómo entiende la política el mandatario centroamericano.

martinelli

“Panamá quiere adoptar el euro”. Leído rápidamente, este titular bien pudiera parecer un error o un chiste. Sin embargo, es la declaración oficial del presidente de la República de Panamá, Ricardo Martinelli, durante su visita oficial a Alemania hace pocos días. El sorprendente anuncio se realizó en plena conferencia bilateral con Angela Merkel y, automáticamente, provocó en el país una cascada de reacciones que han copado la agenda política.

Sin duda, un titular polémico, casi inaudito. ¿Por qué un país centroamericano quiere adoptar una moneda europea que, además, está en la cuerda floja y muchos dudan de su viabilidad? Esa misma pregunta se la hacen los medios panameños desde que tuvieron conocimiento de la propuesta. Por tanto, no extraña sólo en Europa o en Estados Unidos, sino dentro del propio país, máxime cuando en Panamá el dólar es la moneda de curso legal desde hace muchas décadas. No sería sustitutivo, sería complementario, en convivencia con el dólar, pero no deja de sorprender.

La respuesta es sencilla en la complejidad de la estrategia política de este presidente, aupado al poder en 2009 con un discurso de ruptura en contra de la corrupción y la inacción de los gobiernos anteriores. Ricardo Martinelli no tiene intención de adoptar el euro como moneda de curso legal. O, al menos, no en el corto o mediano plazo. Su titular ha sido oportuno, por el lugar en que se encontraba y como muestra de apoyo a Europa (una forma bien peculiar, eso es innegable). Pero sobre todo ha sido oportunista. Tremendamente oportunista en clave interna, contribuyendo a desviar la discusión pública de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, la discusión, por segunda vez después de haber fracasado la primera, sobre la venta de unos terrenos públicos en la zona franca más grande del mundo (Zona Libre de Colón) y algunos otros asuntos polémicos.

Martinelli no ha inventado nada. Es la tan manida cortina de humo, que participa de la ceremonia de la confusión mediática con el fin de hacer más digerible lo que, en otro momento, levantaría una polvareda de grandes magnitudes. Este planteamiento político estratégico, confundo para gobernar, lleva la firma inconfundible del equipo de Cambio Democrático, el partido que sostiene al Gobierno. Y ha sido tremendamente efectivo en estos más de tres años instalados en el poder.

No siempre es fácil distinguir en política cuándo se lanza un globo sonda para testear el parecer de los ciudadanos, desviar la atención de otro asunto o simplemente debido a un error. La línea es muy delgada en el corto plazo. Sin embargo, en el caso de Martinelli, uno de los hombres más ricos de Panamá y dueño de los famosos supermercados 99, sólo caben las dos últimas, es decir, las cortinas de humo o los deslices.

Esta táctica no tan depurada, fruto de una concepción de la política basada en el tradicional populismo latinoamericano y de una idea muy relativa de lo público –Martinelli se considera dueño y señor del país, con control sobre los cuatro poderes del Estado incluida la prensa- ha provocado una suerte de política indiscreta pero muy efectiva.

Los analistas panameños e internacionales se ensañan con las cifras de popularidad del presidente, que se han despeñado casi 30 puntos desde el comienzo de su mandato. Pero lo verdaderamente reseñable es que Ricardo Martinelli resiste con un 42% popularidad a pesar de los innumerables escándalos que la prensa ha desvelado; a pesar de las denuncias de corrupción; a pesar de su comportamiento con la prensa –como el ataque sin piedad a un periodista en directo en una comparecencia-; a pesar de sus deslices verbales contra empresarios, etc.

¿Cuál es esa estrategia que le permite sobrevivir políticamente? La polémica permanente. Más leña al fuego. Abrir un frente para aliviar el otro. Mientras muchos ciudadanos se desgarran las vestiduras ante unas declaraciones del presidente de la República; mientras la oposición prepara la estrategia de contrataque tras la envestida del Gobierno; mientras los analistas y líderes de opinión se documentan sobre un tema, el presidente ya está en otra cosa, ya está situado en otra polémica. Este movimiento descuadra siempre a todos los actores en juego, desmotiva al tejido asociativo pues su reinvidación ya está fuera de la agenda pública, desalienta la respuesta política o impide los debates serios.

Martinelli y su equipo ejecutan esta estrategia a la perfección. Y ello les ha permitido desarrollar su agenda política, tanto la pública como la privada –igual de importantes las dos-, tiene a la oposición desarticulada y ni siquiera ha permitido que se atisbe un candidato oficialista a la presidencia –en Panamá el presidente no puede repetir mandato consecutivamente-. Es el éxito de la confusión, la potencia del despiste, el arte circense de conseguir que los platos se sostengan girando sobre los palillos reclamando atención mientras los pies bailen su propio libreto.

Los votantes dicen...

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