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La foto con ‘The President’


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Xavier Peytibi

Politólogo y consultor de comunicación política y pública en el despacho de Antoni Gutiérrez-Rubí. Blogger y profesor en diferentes masters y postgrados. Co-creador de los Beers&Politics y sus proyectos.


Escrito el 14 de febrero de 2013 a las 9:34 | Clasificado en EEUU, Internacional

Han pasado 28 años desde la última visita de un presidente de EEUU. Y, pese a seguro muchas invitaciones, Obama sigue sin venir, y aún menos de viaje oficial. Contrasta con las cuatro veces que ha ido a Francia, las dos al Reino Unido o las dos a Alemania.

El cine Capitol de Madrid con una fotografía de Dwight Eisenhower, en la visita de este a España en 1959.
El cine Capitol de Madrid con una fotografía de Dwight Eisenhower, en la visita de este a España en 1959.

Barack Obama es, desde el pasado 21 de enero, de nuevo presidente de los Estados Unidos. Quedan menos de cuatro años para que el popular presidente deje de serlo. En ese tiempo, todos los líderes del mundo querrán visitar la Casa Blanca. Por parte española, Mariano Rajoy consiguió su invitación en marzo de 2012, pero aún no se ha hecho realidad el encuentro.

José Luis Rodríguez Zapatero tardó cuatro años en poder ir a la Casa Blanca –y hacerse una fotografía con George W. Bush en la puerta- y uno más para poder entrar a la sala oval a solas, ya con Obama, a finales de 2009. Habían sido cinco años de ostracismo debido a la retirada de las tropas de Irak en 2004.

La imagen de un líder político acompañado del presidente de Estados Unidos es un refrendo simbólico de que las cosas se están haciendo bien, de que los Estados Unidos avalan las políticas que se están realizando y de que apoyan intrínsecamente al político de turno. Es por ello que las fotografías con los presidentes norteamericanos son tan importantes, y aún más codiciados son sus viajes al exterior, que demuestran aún más confianza y relaciones de cordialidad entre ambos estados y que, a su vez, permiten más fotografías.

Viajes a España

Todos los países del mundo luchan por conseguir una visita suya, oficial, si puede ser. Y en la historia de España, tan solo ocho presidentes estadounidenses han visitado el país, aunque en realidad, solo tres de ellos lo han hecho en visitas de estado oficiales. La última vez fue Ronald Reagan, en el ya lejano 1985.

El primero fue Dwight Eisenhower, en 1959, en un Madrid engalanado, con centenares de periodistas y decenas de cámaras de televisión y un millón y medio de personas en la calle. La imagen de Madrid aclamando al presidente de los Estados Unidos incluso fue resaltada en las cabeceras de los grandes diarios norteamericanos.

Como indica Coral Morera en un interesante ‘paper’ del Instituto Franklin, la llegada de Eisenhower a España supuso un despliegue de las herramientas del régimen de Franco para acoger al presidente de la primera potencia del ‘mundo libre’. España estaba necesitada de respaldo internacional así como de acuerdos comerciales, y quería quedar más que bien. En Madrid, el cine Capitol colocó una enorme fotografía del ilustre invitado, mientras que el presidente estadounidense recorrió en coche descapotable toda la Gran Vía -entonces Avenida de José Antonio-, hasta alcanzar la Plaza de España y contemplar las letras IKE en enormes carteles luminosos ubicados en lo alto del emblemático edificio Torre España.

Ese encuentro con Franco simbolizó el momento de la consolidación del régimen y la prueba definitiva de que el dictador había conseguido salir del aislamiento que sufría tras la derrota del Eje en la II Guerra Mundial. Otros presidentes norteamericanos que visitaron España oficialmente fueron Richard Nixon en octubre de 1970, Gerald Ford en mayo de 1975 (solo de paso) y Jimmy Carter en junio de 1980. Siempre con breves visitas, al igual que las posteriores a 1985, de George H. Bush (1991), Bill Clinton (1995 y 1997) y de George W. Bush (2001), debidas a diferentes cumbres internacionales.

¿Y la visita de Obama?

Pero la visita de Estado más extraña fue la de Reagan en 1985, la última oficial. En contraposición a la tumultuosa visita de Eisenhower, existía entonces un contexto de antiamericanismo, con un Gobierno socialista y con la OTAN y las bases militares estadounidenses planeando en el subconsciente social durante todos los encuentros. La calle se llenó de protestas, con carteles que llamaban a Reagan ‘El Visitante’ (estaba en pleno auge la serie de televisión ‘V’), e incluso tuvo un paupérrimo recibimiento en el aeropuerto. Desde entonces, ninguna otra visita de Estado, excepto los encuentros normales y protocolarios cuando otros presidentes han venido a una cumbre internacional, durante unas horas.

Han pasado 28 años y, pese a seguro muchas invitaciones, Obama sigue sin venir, y aún menos de viaje oficial. Contrasta con las cuatro veces que ha ido a Francia, las dos al Reino Unido o las dos a Alemania. Venir significaría un refrendo a Rajoy y a sus políticas, y obviamente sería importantísimo para el dirigente del PP.

Para Obama, en cambio, significaría avalar un país en crisis que ha dejado de ser importante y que no puede ofrecerle demasiado en la actualidad. Para él, España puede esperar. Conoce perfectamente lo que puede conseguir una imagen suya con cualquier líder de cualquier país. Cuando venga, será porque necesita algo y porque algo puede conseguir, a cambio de su posado.

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