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Guatemala no quiere salir a votar


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Juan Manuel Fernández

Periodista. Centroamericano por convicción. Tico de nacimiento. Licenciado en Mercadeo y profesor universitario. Política, Economía y Social Media.


Escrito el 28 de abril de 2015 a las 10:34 | Clasificado en Del día, Latinoamérica

Que los gobiernos no se tomen en serio la democracia es una historia de antaño en el país. La desconfianza en los políticos es heredada, y para nada infundada.

A día de hoy sólo cuatro de cada diez guatemaltecos participaría en los comicios de septiembre, según datos del Observatorio Electoral de la Universidad Rafael Landívar (y esto ya viene de largo). La historia moderna de esta democracia colecciona fraudes electorales, presidentes interinos, dictadores… Pero en este 2015, ¿por qué los guatemaltecos están hastiados, una vez más, de los políticos? Por al menos cuatro razones:

Corrupción comprobada de la clase política

El pasado 23 de abril trascendió que 22 funcionarios de la Superintendencia Aduanera de Administración Tributaria (SAT), incluidos el superintendente y el exsecretario privado de la vicepresidenta (prófugo aún), conformaban una estructura criminal ‘in-house’ dedicada al contrabando y a la defraudación. La investigación pública solo confirmó que la población se siente estafada por los políticos.

Partidos políticos sin credibilidad

Los tres principales partidos fueron sancionados por el Tribunal Supremo Electoral por hacer campaña anticipada. Acciones como pintar piedras, repartir víveres envueltos en material proselitista, y colorear la vía pública no se comparan con colocar los logos de los partidos sobre las folclóricas alfombras de Semana Santa. Si quienes van a gobernar no respetan la ley, ¿cómo pues, planean gobernar?

El 25 de abril unos 15 mil guatemaltecos salieron a la Plaza de la Constitución a pedir la renuncia del presidente Otto Pérez Molina y su segunda a bordo, Roxana Baldetti.

El 25 de abril unos 15 mil guatemaltecos salieron a la Plaza de la Constitución a pedir la renuncia del presidente Otto Pérez Molina y su segunda a bordo, Roxana Baldetti.

Se gobierna a favor del interés partidista

Ya en Guatemala se habla de ‘pistocracia': el poder por medio de la plata. Y es que una de las funciones del Estado ha sido financiar parte de lo que será el próximo ejercicio electoral, antes incluso que facilitar el desarrollo económico de una población que resiente la inseguridad y la pobreza extrema del 54%.

No hay un líder que inspire a una nueva generación

La crisis profunda que vive un estado débil no se soluciona en cuatro años, ni con un cambio de gobierno. Pero que una mayoría no confíe categóricamente en ninguno de los 15 candidatos que van por la presidencia habla de una ciudadanía cansada y de una clase política fracasada.

La indignación ciudadana ascendió luego de que se revelara que desde el despacho de la vicepresidenta una red ilegal defraudaba 1000 millones de quetzales por año (unos US$130 millones).

La indignación ciudadana ascendió luego de que se revelara que desde el despacho de la vicepresidenta una red ilegal defraudaba 1000 millones de quetzales por año (unos US$130 millones).

Desde 2003 el abstencionismo en segundas vueltas (comunes en cada elección) supera el 50%, y en primeras el 40%. Es claro que no hay un líder que acapare el capital político, la credibilidad, ni la confianza para cambiar la imagen desprestigiada de los gobernantes.

Crisis como la actual dan a luz a líderes populistas que luego no se quieren bajar de la silla. Esos que convierten Estados en cleptocracias, y mafias incrustadas en las estructuras públicas listas para financiar el crimen o el interés personalista. Y ese es el temor de los electores de cara a este nuevo cambio de mando.

Los ‘chapines’ no quieren nada con las urnas. Votar por el ‘menos malo’ no funcionó en 2011: hoy quieren de vuelta a su país, y no confían en los aspirantes.

El secretario privado de Baldetti está prófugo con orden de captura internacional

El secretario privado de Baldetti está prófugo con orden de captura internacional

Los votantes dicen...
  1. En efecto. Se puede confiar en un candidato, pero el problema es que no responde al interés de las mafias, y por lo tanto es un candidato con sello de “perdedor”. Así no funciona, no hay balance ni equilibrio. Los esfuerzos por una reforma a la ley electoral y de partidos políticos se pierde en los acostumbrados y caros procesos de las famosas comisiones del Congreso, copadas -allí mismo- por las mafias. La justicia ni digamos, tanto en las instancias judiciales como en los órganos de investigación penal. Van a la cárcel los villanos que no tienen protección de las estructuras o pertenecen a una de éstas. La impunidad está perfeccionada y cuenta con blindaje ultramoderno. Guatemala, su pueblo, no deja de ser digno, forjado entre el dolor y la muerte, históricamente. Tras tanta injusticia, histórica, hoy merece vencer. No es fácil, se ve lejos, muy lejos, habrán de morir muchos más. No necesariamente por violencia, también por falta de hospitales, por falta de educación o medicinas, por falta de una simple oportunidad para la vida. Pero aún así, entre cementerios que se desbordan de tanta víctima inocente, es preciso escuchar con atención la risa inocente de los niños pobres y desnutridos. En ella tiene sentido la frase que dice que la esperanza no morirá jamás. En efecto. Así fue siempre y lo seguirá siendo: Para los pobres de Guatemala, que son el 85%, la dura realidad no matará la esperanza, jamás!

  2. […] Aquí el artículo publicado en revista digital española Sesión de Control. […]

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