“Hagan ver que hablan”, decían los fotógrafos en inglés a Rajoy en su encuentro con Helle Thorning-Schimidt, primera ministra de Dinamarca, en enero del año pasado en Bruselas, pero tras los consabidos “hello” y “good morning” no parecen tener mucho más que decirse. La mayoría de los presidentes españoles de la democracia han reconocido que apenas hablan inglés u otros idiomas. Por eso en casi todas las fotos de encuentros bilaterales aparece una figura en la esquina: el intérprete.

Si bien sería deseable que nuestros máximos representantes pudieran al menos articular algunas expresiones protocolarias en inglés mientras se disparan los flashes, no es justo decir que recurrir a un intérprete da mala imagen. No contar con uno de estos profesionales entraña sus riesgos, así que es preferible contratar los servicios de uno de ellos que esbozar una sonrisa y decir que sí a todo sin entender ni jota:

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[do action=”ladillo”]Cherchez l’interprète[/do]

Los intérpretes son un cuerpo de profesionales que suele trabajar por cuenta propia y que reúne varios requisitos, entre los que destacan obviamente conocer a fondo los idiomas de partida y destino (y no, aquí no vale el “aprenda inglés en dos meses”) y dominar una serie de técnicas que suelen adquirirse en un máster, además de un nivel cultural elevado y ciertos conocimientos de protocolo. En esta profesión se requieren ciertas habilidades que, si bien se pueden desarrollar, resultan ser bastante innatas: para brillar como intérprete hay que tener agilidad a la hora de reconstruir el discurso en la lengua de destino.

En general los altos mandatarios suelen tener sus intérpretes de confianza, que se desplazan con ellos. Si el encuentro es bilateral, se suele recurrir a un intérprete para cada persona (nativo en la lengua de destino) y se realiza interpretación consecutiva, es decir, los ponentes hacen pausas cuando les parece conveniente para que el intérprete diga lo mismo en el idioma de destino.

Sin embargo, cuando se trata de cumbres en organismos internacionales (Parlamento Europeo, Naciones Unidas, Foro Económico Mundial…), se recurre a la interpretación simultánea (el ponente no hace pausas y el intérprete debe hablar al tiempo que escucha), ya que dichas instituciones suelen tener ya salas preparadas con cabinas, además de su propio cuerpo de intérpretes, al que suele accederse tras superar unos nada fáciles exámenes de ingreso. En uno u otro caso es fundamental que el intérprete, previamente al servicio, prepare a fondo el tema del que se va a hablar (terminología en ambos idiomas, documentación de apoyo…)

La intepretación consecutiva y la simultánea requieren habilidades distintas. Mientras que en la simultánea es imprescindible dominar el asunto y la inmediatez, la consecutiva requiere capacidad de abstracción y buena memoria para interpretar las notas que se toman mientras hablan.

[do action=”ladillo”]Retos y fiascos[/do]

Cuando el ponente es mal orador, lee en vez de hablar o no es nativo del idioma en el que habla, se plantean una serie de obstáculos para el pobre intérprete. Muntsa Cuchí-Robinson, Directora de Ventas de CPSL, fue intérprete de John Major durante su presidencia en el gobierno británico, y cuenta que una vez el llamado ‘hombre gris’ explicó un chiste malísimo y con muy poca gracia. Para que los asistentes al menos entendieran que tocaba reírse, tuvo que avisar de que iba a contar un chiste e hizo ver que se tronchaba de risa al contarlo. Todo un reto y prueba de que a veces el intérprete debe serlo por doble partida (en el sentido de “traductor y de “actor”). El resultado fue mejor de lo esperado.

Por otro lado, cuando una institución nacional o internacional requiere intérpretes para un acto en concreto, suele convocar un concurso al que licitan las empresas de servicios lingüísticos, que en estos casos son las que mejor pueden atender las necesidades no solo del cliente sino también de los intérpretes, pues velan por cuestiones que pueden parecer triviales como el desplazamiento, las pausas o la disponibilidad de agua en la sala. Pero mucho cuidado con no comprobar la profesionalidad de los intérpretes. Fue muy sonado en 2008 el caso de los intérpretes con antecedentes que acudieron a prestar servicio a la Policía Nacional.

Realmente, es “very difficult, todo esto” de la interpretación, por eso mejor dejarlo en manos de un buen intérprete. De todos modos, a Rajoy no le vendría mal aprender cuatro fórmulas de cortesía:

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Publicado por Lucía Guerrero

Licenciada en Traducción y Humanidades, posgraduada en Edición. Gestiona proyectos de traducción para instituciones nacionales e internacionales en CPSL. Analiza la actividad de políticos en redes sociales desde un punto de vista cualitativo a través de su blog.

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