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Castigar al que trabaja


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Luis Miguel Santibáñez

Politólogo mexicano con formación variada en políticas públicas y campaña, ha ocupado cargos en los gobiernos estatal y municipal en Oaxaca. En la vertiente política ha trabajado en comunicación de campaña tanto con el PAN como con el PRI, los dos grandes partidos mexicanos.


Escrito el 3 de noviembre de 2013 a las 6:05 | Clasificado en México

El gran acuerdo propuesto por la presidencia mexicana se ha roto por un desacuerdo en un alza del IVA. ¿Necesita el país ese tipo de medidas impopulares?

Enrique Peña Nieto, presidente electo de México (Fuente: Wikipedia)
Enrique Peña Nieto, presidente electo de México (Fuente: Wikipedia)

Pareciera verse que el Pacto por México ha llegado a su fin. Esta figura que el gobierno de Enrique Peña Nieto creó para impulsar y consolidar algunas reformas estructurales que el País necesita ha tenido caducidad.

Hace apenas algunos días al menos en el Legislativo se rompió. La bancada del Partido Acción Nacional rechazó tajantemente la homologación del Impuesto al Valor Agregado en las zonas fronterizas, para pasar del 11 al 16% en todo el territorio nacional. Los panistas aseguran que esta imposición es nociva para las ciudades fronterizas, porque afectan a las clases medias y a las empresas manufactureras. Son ciudades donde Acción Nacional mantiene una importante presencia política y en las que electoralmente era importante mostrarse en contra.

Pero lejos de la parte electoral, la Reforma Fiscal no se acerca, ni poco, a aumentar la base de contribuyentes. Por el contrario, se recarga en los que siempre pagan impuestos, en los que sostienen al país: la clase media. Y eso cuando México apenas crece 1% del Producto Interno Bruto en el año y necesita al menos 6% para satisfacer un crecimiento sostenido anual.

Esta reforma, en lugar de descargarse en la informalidad, aumenta las obligaciones para los contribuyentes que generan empleos, que invierten y que sostienen a la economía. Es falso,cuando se dice que esta reforma no afecta a la clases medias: es ella la que sostendrá al sistema educativo, la que cubrirá el seguro de desempleo y la que finalmente pagará los incrementos mensuales de las gasolinas.

La propuesta iría más allá de un tema de mera recaudación. Es importante que los recursos que se reciben sean transparentados para que la ciudadanía confíe y contribuya. Es momento de impulsar tal vez medidas poco populares y apostarle al crecimiento del país. No es concebible, por ejemplo, una reforma energética que no toque al sindicato petrolero, ampliamente conocido por oneroso, corrupto y despilfarrador.

En esta reforma financiera se avanzó de forma importante para que los dividendos en Bolsa contribuyan con una tasa del 10%. También se agrega un impuesto a golosinas y alimentos con alto contenido calórico que además fomentará el combate a la obesidad. Se reducirá además el 5% en gasto de operación de las dependencias del Ejecutivo, poderes Legislativo y Judicial, así como órganos autónomos.

Sin duda no es suficiente, el país exige mayor inversión en infraestructura, en combate a la pobreza a través de condiciones de competitividad que incentiven a la inversión y a la creación de empleos. Equivocado está, en pleno siglo XXI, quien conciba al gobierno como el gran padre de la economía. Es éste el obligado a generar las condiciones de igualdad, de libertad, para que sus habitantes puedan desarrollarse en condiciones dignas y sea la ciudadanía quien pueda sostener la economía del país.

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