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Lucrarse con los indígenas


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Luis Miguel Santibáñez

Politólogo mexicano con formación variada en políticas públicas y campaña, ha ocupado cargos en los gobiernos estatal y municipal en Oaxaca. En la vertiente política ha trabajado en comunicación de campaña tanto con el PAN como con el PRI, los dos grandes partidos mexicanos.


Escrito el 31 de diciembre de 2012 a las 20:45 | Clasificado en México

En el sur de México conviven, como en muchas otras zonas de Latinoamérica, pueblos indígenas marginados y empobrecidos por intereses políticos.

triqui

Existe una pregunta recurrente: si México o los países latinoamericanos son naciones pobres. Son naciones empobrecidas por gobiernos lejanos al interés de las mayorías, que se han dedicado a fortalecer sus privilegios a costa del hambre y miseria de los más desprotegidos.

Es ahí, cuando el abuso ha llegado a niveles fuera de la realidad, cuando se han fortalecido liderazgos que han, incluso, derrocado presidentes. Según cifras oficiales, en México más de 16 millones de personas hablan una lengua indígena, en un universo de 112 millones de habitantes para 2010. Esta población, se encuentra asentada de forma mayoritaria en el sur del país, donde la principal característica es la pobreza y el analfabetismo, que alcanza tasas similares a países africanos en extrema pobreza.

La lucha social indígena ha sido positiva en algunos casos, sin embargo la mayoría de movimientos han sido aprovechados por líderes que se aprovechan de la ignorancia y marginación de los más pobres para lograr beneficios personales. Esos pueblos, los pobres, han sido olvidados y aislados de la civilización.

Un rincón de Oaxaca

Un caso es el de la región Triqui, en el sureño estado mexicano de Oaxaca, en donde la pobreza y el aprovechamiento de sus líderes ha generado que esta región no pueda crecer. La violencia ha sido además una de las características principales de la región, específicamente de la localidad de San Juan Copala, donde se han registrado enfrentamientos entre localidades aledañas abanderadas por organizaciones manipuladas por partidos políticos que buscan utilizar la región para obtener votos y recursos.

Sumando a esto, varias organizaciones no gubernamentales del exterior de México han fortalecido estos movimientos para obtener notoriedad internacional. Además grupos identificados con la izquierda más retrógrada y radical del país han alimentado el clima de polarización en estas localidades oaxaqueñas.

A pesar de todo esto, el gobierno federal y el de Oaxaca han establecido una estrategia de paz que trae consigo beneficios sociales a la población, que por primera vez no consistirán en paliativos y dádivas. Obras de infraestructura carretera, saneamiento y de índole educativa han sido priorizadas y, al fin, después de tres años se ha logrado que las clases regresen a San Juan Copala, donde los problemas y el clima de violencia impedía que los niños recibieran enseñanza básica.

Otro logro más es que en el último año no se han registrado muertes por violencia en esa zona. Sin embargo, existen líderes que han visto mermados sus ingresos y han pretendido generar un clima de tensión para así seguir lucrando con la población más desprotegida. Es tiempo de hacer una reflexión seria al respecto.

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