México ha enfrentado en las últimas décadas un crecimiento marginal en la economía derivado del orden en las finanzas públicas. Desde el sexenio de Ernesto Zedillo (1994-2000), la propia crisis económica obligó a revisar los mecanismos de planeación, aplicación y rendición de cuentas de los recursos públicos, cada vez más escasos.

Antes se hablaba de que la deuda externa mexicana era impagable e incluso había quienes evitaban mencionarla, debido a que muchas veces el monto era desconocido y a la vez exhorbitante. Pero en el sexenio de Vicente Fox (2000-2006) no sólo se cumplieron con las obligaciones de deuda, sino que el orden en las finanzas públicas permitió al gobierno pagar deuda externa por adelantado, accediendo así a mejores tasas de interés y a la recuperación de la confianza por parte de los mercados.

Ya en el gobierno de Felipe Calderón, aunque se adquirieron importantes préstamos, el manejo de deuda siguió siendo correcto y los altos niveles en los precios del petróleo generaron mayores márgenes de liquidez.

Pero hoy México requiere más que eso. Es conocido que el Gobierno requiere de recursos para atender a una población cada vez mayor, con mayores necesidades y a la vez, cumplir con las obligaciones crediticias.

La problemática radica en que México se ha vuelto un ejemplo mundial en aspectos macroeconómicos, pero mucha de la población sigue siendo pobre.

[do action=”ladillo”]Cuestiones pendientes[/do]

Por eso es necesaria una reforma fiscal integral, de fondo, que permita eliminar los tan dañiños privilegios a unos cuantos, y que permitan mecanismos de contribución de impuestos justos, transparentes y equitativos. Es necesaria la eliminación de tasas impositivas como la del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) y fortalecer al Impuesto Sobre la Renta (ISR) para lograr generación de empleos y girar a la economía con rapidez.

Afortunadamente se avanzó en una reforma laboral que privilegia a la capacitación del trabajador, fortalece su desarrollo y a la vez establece mecanismos que incentivar a la inversión y generación de riqueza.

México necesita ver en Petróleos Mexicanos (PEMEX) a una empresa de la que realmente podamos sentirnos orgullosos y que como ciudadanos seamos partícipes de los beneficios de la paraestatal. Por eso se requiere una reforma energética que privilegie a la empresa como modelo de negocio. Que deje de ser un organismo manipulador y sólo dotador de rentas al Estado, sino que se convierta en un buen negocio de los mexicanos.

Publicado por Luis Miguel Santibáñez

Politólogo mexicano con formación variada en políticas públicas y campaña, ha ocupado cargos en los gobiernos estatal y municipal en Oaxaca. En la vertiente política ha trabajado en comunicación de campaña tanto con el PAN como con el PRI, los dos grandes partidos mexicanos.

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