Las revueltas norteafricanas, en especial los casi 20 días de protestas en Egipto, han dibujado el camino del cambio para unos países marcados por el control férreo de unos sistemas de gobierno propios de otros momentos de la Historia.

La llegada de la democracia es de por sí una buena noticia, aunque es también una prueba de fuego para la estabilidad mundial. Si algo se garantizaba Occidente con Mubarak y compañía era control, el mantenimiento de unas mismas ideas, un mismo statu quo. Ahora el pueblo podría elegir darle un nuevo rumbo a su política nacional, política exterior y política religiosa, pero no necesariamente tendría que coincidir con los intereses europeos o estadounidenses.

España es una prueba de que las transiciones pacíficas de una dictadura a una democracia son posibles, aunque llenas de obstáculos. Habrá que ver hasta qué punto las oligarquías de poder aceptan quitarse de en medio y hasta qué punto Occidente aplaude el resultado sea cual sea.

Publicado por Fernando Mexía

Periodista afincado en EEUU que se gana la vida como corresponsal de lo divino y de lo humano.

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