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El botón rojo de Israel


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Escrito el 7 de octubre de 2013 a las 20:21 | Clasificado en Oriente Medio

El primer ministro Netanyahu ha instado a Obama a que no se fíe de las buenas palabras de Irán, mientras los reservistas israelíes siguen pendientes de una movilización urgente.

Escena de la guerra del Yom Kipput (Fuente: ZoomNews)
Escena de la guerra del Yom Kipput (Fuente: ZoomNews)

Han pasado 40 años de la guerra del Yom Kipur, la última que enfrentó a Israel con sus poderosos vecinos árabes en 1973. Habían transcurrido tan solo seis años desde que Israel infligiera a las naciones árabes la terrible derrota de la guerra de los Seis Días, que marcó el ocaso definitivo del rais Gamal Abdel Nasser y alimentara como nunca el odio y las ansias de revancha de los árabes hacia Israel.

Era el 6 de octubre de 1973 cuando Egipto y Siria lanzaban una ofensiva coordinada, que pilló a los israelíes con la guardia baja. No esperaban el ataque combinado de los egipcios en la ocupada península del Sinaí, al sur de Israel, y de los sirios en los Altos del Golán, fronterizos con el norte israelí. Tropas de otros seis países árabes se integraron en los batallones de Egipto y Siria, dispensados por sus muftis de las estrictas normas del Ramadán. Que Israel no se esperaba aquel ataque lo prueban hechos como que gran parte de los reservistas se encontraban en plena celebración del Yom Kipur, la fiesta del Perdón, ayunando o en las sinagogas cuando sonaron las sirenas que anunciaban el despliegue de la aviación egipcia sobre el Sinaí, al mando del general Hosni Mubarak. El que luego fuera presidente de Egipto tras el asesinato de Anwar El Sadat, fue uno de los principales estrategas de la ofensiva.

Aquel mismo día el ministro de Defensa israelí, el general Moshe Dayan, efectuó una visita relámpago a los dos frentes antes de volver a Jerusalén y presentar su informe a la primera ministra Golda Meir. Hoy se sabe que el desarrollo de aquella guerra sufrió un vuelco cuando el regimiento de reservistas que comandaba el general Ariel Sharon logró alcanzar el canal de Suez y aislar al grueso de las tropas terrestres egipcias. Y que en el norte Avigdor Kahalan, al frente de apenas una treintena de carros de combate, logró detener la ofensiva de 160 tanques sirios en Emek Habaja, el Valle de las Lágrimas.

Los diarios de guerra del general Bar-Lev relatan que Moshe Dayan reconoció haberse equivocado al evaluar la potencia del enemigo, calificar la situación de desesperada, y proponer el empleo de “armas no convencionales” para dar la vuelta a la misma

El éxito de la contraofensiva no hizo necesario el empleo de las armas nucleares que Israel estaba desarrollando en la central secreta de Dimona, algo que todos los gobiernos israelíes ni han negado ni desmentido expresamente nunca, pero que todos dan por hecho. Así lo cuentan los diarios de guerra del general de la zona sur de Israel, Chaim Bar-Lev,desvelados ahora por su hijo Omer Bar-Lev, que también estuviera al mando de una unidad de las fuerzas especiales, y dados a conocer por el diario Yediot Ahronot.

Chaim, que luego fuera jefe del Estado Mayor de Tsahal (el Ejército), escribió que el mismo 6 de octubre de 1973, el primer día de la guerra, fue convocado de urgencia por Golda Meir, quien le puso al corriente del informe que apenas una hora antes le había presentado Moshe Dayan. Este había reconocido haberse equivocado por completo en la evaluación de las capacidades ofensivas de los ejércitos árabes, y que como consecuencia de su error la situación para Israel era desesperada. Como colofón, Dayan sugería “utilizar armas no convencionales” para dar la vuelta a tal situación desesperada. Tal y como se lo contó Golda Meir, Dayan comparó la hipotética utilización de tales armas [nucleares] con la actuación de Sansón pereciendo él mismo pero llevándose por delante a los filisteos.

En las anotaciones de Bar-Lev se trasluce el nerviosismo con que Dayan instó a Golda Meir a desencadenar una acción de imprevisibles consecuencias para el futuro de Israel, que algunos miembros del gabinete de crisis llegaron a evocar como muy negro. Salió a relucir incluso la posibilidad de la caída del Tercer Templo, es decir de una derrota que cercenara la viabilidad del Estado judío, que apenas cumplía entonces 25 años de existencia.

Sharon y Kahalani, con sus correspondientes contraofensivas en el Sinaí y el Golán, cambiaron por completo el curso de una guerra que concluyó al cabo de 19 jornadas de lucha. De ella nació un statu quo que se ha prolongado hasta nuestros días: acuerdos de paz con Jordania y Egipto y tácita no agresión con Siria. Israel dejó de ganar sus enfrentamientos con los árabes de manera aplastante y Egipto pudo tomarse un respiro para reconstruirse, eso sí, a costa de la pérdida de liderazgo sobre todo el mundo árabe y del desprecio de los partidarios de la guerra a cualquier precio. En cuanto a Siria, la dictadura de la familia Al Assad se consolidaría por la fuerza y el terror, manteniendo unido el tremendo y varipinto mosaico del país hasta el estallido de la rebelión, y su consiguiente guerra civil, como parte del dominó desencadenado en Túnez.

Netanyahu reitera que Israel no puede permitirse volver a ser cogido por sorpresa como en la guerra del Yom Kipur

Israel, por su parte, mantiene a sus reservistas en alerta. Sabe que sus capacidades militares son muy superiores a las de Siria, pero desconfía de que Damasco pueda ser utilizado por sus aliados iraníes. El reciente diálogo telefónico entre el presidente iraní, Hassan Rohaní, y el norteamericano, Barack Obama, considerado como el primer paso hacia el deshielo entre sus respectivos países, no convence en absoluto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que instó a Obama a no fiarse de las pretendidas buenas intenciones iraníes. Como reitera en muchas de sus intervenciones, Israel no puede permitirse volver a ser cogido por sorpresa como en la guerra del Yom Kipur.

Como si quisiera darle la razón a Netanyahu, el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, juzgaba “inapropiadas” algunas de las actividades de Rohaní en Nueva York durante la Asamblea de Naciones Unidas, en referencia al acercamiento sin precedentes en 30 años con Estados Unidos. Sin llegar a desautorizar expresamente a su presidente, y a la postre subordinado suyo, Jamenei calificó al Gobierno de Estados Unidos de “arrogante, poco fiable e indigno de confianza”, circunstancias a las que también se une, según el ayatolá supremo, el estar controlado por “una red internacional sionista”.

FuenteIsrael consideró usar el arma nuclear en la Guerra del Yom Kipur

Autor: Pedro González

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