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El comienzo del declive de Al Qaeda


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Jesús M. Pérez

Analista de seguridad y defensa especializado en la transformación de los conflictos armados.


Escrito el 27 de febrero de 2011 a las 9:02 | Clasificado en Oriente Medio

Un politólogo argumentó que el estallido violento del islamismo radical simbolizaba su fracaso, y quizá la primavera árabe le dé la razón.

yihad

El 1 de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, EEUU y México. Lo que se vendió por parte de las élites mexicanas como el gran salto al desarrollo se vio alterado por el levantamiento zapatista. El EZLN contó con una red internacional de apoyo que usaba internet, algo entonces novedoso. La convulsión en el panorama político mexicano llevó al fin de 71 años de hegemonía del PRI. Pero el EZLN quedó relegado a la irrelevancia política.

En 2000 el politólogo francés Gilles Kepel publicó ‘Yihad: expansión y declive del islamismo’ donde argumenta que la deriva violenta del radicalismo islámico era un síntoma de su debilidad y de su fracaso en alcanzar el poder.

La tesis de Kepel resultó extravagante a ojos estadounidenses tras el 11-S. Pero no es difícil encontrar paralelismos con la explosión de violencia de ultraizquierda en Europa tras la incapacidad del espíritu de Mayo del ’68 para generar revoluciones populares.

Lo interesante es saber, algo que sólo la perspectiva del tiempo nos permitirá estudiar, si el 11-S actuó como la fuerza cataclísmica que provocó las transformaciones necesarias que nos han llevado a los acontecimientos de Túnez y Egipto. Pero desde luego el salafismo yihadista acaba de quedarse sin excusas.

Los votantes dicen...
  1. Ahmadineyad dice:

    Sólo si el resultado de las revoluciones en curso y en ciernes es un significativo mejoramiento de las condiciones de vida de los hombres musulmanes, jóvenes y más o menos preparados que las han llevado a cabo.

    Lo que, a día de hoy, parece cada vez menos probable.

    Si así sucede, entonces el yihadismo, o las formas que lo superen, y que ya se estarán cocinando en las trastiendas de los hawaladars desde Lavapies a Yakarta, se encontrarán con decenas de miles de nuevos reclutas con todas las características de los reclutas tradicionales del activismo violento y, además, desencantados – por haberlos probado y constatado su fracaso- de todos los demás medios.

    A Europa le convendría hacer que un significativo desarrollo económico se asociase inmediatamente a esas revoluciones “democráticas”, pero, teniendo en cuenta que para empezar ya hemos perdido la cabeza del pelotón en la salida de esa carrera por primar un mal entendido negocio, mal vamos.

  2. RT @borjaventura: RT @sesiondecontrol Mientras algunos temen la llegada de los islamistas, hay quien aventura el final de Al Qaeda http://bit.ly/i6gUzL

  3. Lobo dice:

    No creo que el salafismo yihadista esté única y directamente conectado con las condiciones materiales de vida. La “narrativa” yihadista es más amplia. Occidente es el “enemigo lejano” por su apoyo a las autarquías árabes (“el enemigo ” cercano) y su naturaleza represiva.

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