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El MIT de medio oriente


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Yorokobu

Este artículo ha sido publicado en Yorokobu, revista sobre innovación, inspiración, tendencias, emprendedores, creatividad y las cosas positivas que ocurren en el mundo y nadie cuenta.


Escrito el 20 de marzo de 2013 a las 18:44 | Clasificado en Oriente Medio

Todos sabemos las historias de los centros académicos estadounidenses, con miles de millones de dólares a su disposición para investigar cualquier elemento que les plazca. Pero este modelo queda lejos para un sistema educativo en quiebra que cuenta con un compromiso casi nulo de las instituciones por apoyar el I+D.

Peretz Lavie, presidente de Technion. (Pablo Albacete, Yorokobu)
Peretz Lavie, presidente de Technion. (Pablo Albacete, Yorokobu)

Las necesidades científicas de España están más enfocadas en salvar los muebles en un entorno de escasez que intentar emular a las instituciones norteamericanas. Con tres premios Nobel en siete años y un presupuesto de investigación relativamente modesto de 140 millones de dólares, Technion se ha convertido en un modelo a seguir en todo el mundo.

De sus laboratorios en Haifa (Israel) han salido descubrimientos como la proteína Ubiquitin, se ha elaborado un test que logra determinar si un paciente tiene cáncer o no con el aliento, o el descubrimiento de los cuasicristales, entre muchas otras cosas.

Esta Universidad acaba de ganar un concurso junto con la de Cornell para crear un centro de tecnología aplicada en Nueva York que pretende desbancar a MIT. El proyecto, una iniciativa impulsada por el alcalde saliente Michael Bloomberg, propone un modelo de universidad radicalmente distinto, basado en la articulación de distintas disciplinas para resolver problemas de salud, tecnología y urbanismo, lejos de las facultades tradicionales.

Pero no ha estado exento de polémica. El acuerdo ha suscitado el recelo de un grupo de alumnos de Cornell que objetan que el proyecto se realice con una Universidad que consideran que está muy vinculada al ejército israelí.

Peretz Lavie, el presidente de Technion y uno de los principales referentes de este plan, se sentó con Yorokobu para hablar del sistema educativo israelí que ha contribuido a que el país cuente con el mayor número de startups per cápita en el mundo.

Las compañías israelíes reciben más inversión de capital riesgo per cápita que cualquier país en el mundo. Después de EE UU, Israel es el país que cuenta con más empresas cotizadas en el Nasdaq. Existe una colaboración firme entre el sector privado y el público a través de la figura del Chief Scientist. ¿Cuáles son las claves de este éxito?

Es una combinación de varios factores que tienen que ver, en parte, con nuestra cultura. Los estudiantes llegan a la universidad tras haber estado en el ejército y eso les aporta madurez, independencia y no tener miedo a tomar riesgos.

Otro factor a tener en cuenta es que las diferencias jerárquicas son bastante planas. Los trabajadores cuestionan a su CEO desde el primer día y, si eres profesor de universidad, en el momento que abres la boca en una clase, ya tienes a un estudiante levantando la mano y rebatiéndote.

En cada periodo de nuestra historia hubo una ideología común. Durante los años 30 y 40 el Kibbutz representaba la mayor ambición para jóvenes que querían cambiar el mundo. Dejabas tu carrera y te ibas a trabajar al Kibbutz porque era algo nuevo e innovador. Cambiar el mundo en el siglo XXI es tener y crear tecnología nueva que te permita hacerlo.

La nación de startups es la encarnación moderna del país del Kibbutz. Cuando lo miras en su conjunto, ves una cultura que valora el esfuerzo y que no castiga el fracaso. En Technion, por ejemplo, lo demandamos. Todos los estudios dicen que pedimos el 30% más que otras universidades similares en el mundo. Buena parte de nuestros estudiantes están involucrados con la industria desde los comienzos de su carrera.

Si dibujas un círculo alrededor de este campus y conduces quince minutos en todas las direcciones, encontrarás los centros de I+D de las empresas tecnológicas más importantes del mundo: Yahoo, Google, Microsoft, Intel, Apple, Applied Materials, Philips. Todas están aquí. Gran parte de nuestros estudiantes están involucrados en sus departamentos de investigación a partir del segundo año de su carrera.

Hay profesionales del sector en Israel que critican que el mercado está demasiado lleno de startups con visiones cortoplacistas, que solo buscan vender rápido sin aportar verdadero valor. ¿Estás de acuerdo con estas afirmaciones?

Hay quien dice que por qué no tenemos empresas como Nokia. Esto no es del todo cierto. Tenemos empresas consolidadas y globales como Checkpoint y Mellanox. Pienso que es vital tener un buen equilibrio entre multinacionales y pymes. Tampoco es recomendable depender de empresas enormes. Cuando Nokia estornuda, Finlandia coge la gripe.

Tienes que entender que Israel apenas tiene mercado interno. ¿Qué tipo de mercado puedes tener con una población de ocho millones de personas? El comercio está en otras partes. A mí no me decepciona este fenómeno y lo veo en términos realistas.

Es muy difícil promocionar un producto tecnológico creado aquí sin un partner estratégico o un presupuesto enorme de marketing. Prefiero ver muchas más compañías que llegan a tener un tamaño mediano y que encuentren socios más adelante.

España sufre un recorte brutal de inversión en I+D. ¿Cuál es tu posición respecto a la inversión pública en ciencia?

Nosotros criticamos a nuestro gobierno por no financiar adecuadamente las universidades. Incluso el ministro de Educación se refiere a los años 2000-2010 como una década pérdida. Los presupuestos se recortaron muchísimo y tuvimos que prescindir de 100 profesionales de nuestras facultades porque no teníamos dinero para mantener sus puestos de trabajo.

Ahora el gobierno ha instaurado un plan a cinco años vista para intentar volver a la situación anterior, pero hemos perdido mucho durante ese tiempo. Encontrarás a israelíes en puestos muy importantes en el extranjero. Hoy tengo una visita de uno de los catedráticos más importantes de Cal Tech en EE UU. Es licenciado en Technion y tuvo que emigrar porque no encontraba trabajo aquí.

Sinceramente, el gobierno no está invirtiendo lo suficiente. Acabo de volver de un viaje a Australia y allí están destinando muchísimo dinero para impulsar la investigación. En Technion, en cambio, dependemos mucho de las donaciones. Ninguno de los edificios que ves a tu alrededor, construidos en los últimos 25 años, fueron financiados por las autoridades.

Todos fueron donados por gente que nos apoya. Es muy difícil mantener una institución académica de primer nivel cuando dependes de la filantropía de otros. Es muy distinto a EE UU donde existe un potente fondo federal. Nuestro presupuesto total de investigación es de 140 millones de dólares.

Eso es todo comparado con nuestros socios en Cornell, que tienen más de 1.000 millones de dólares a su disposición, o John Hopkins con 2.000 millones, y MIT y Harvard, que superan estas cifras. Cuando se publican los rankings, estas universidades siempre estarán en los puestos más altos porque tienen dotaciones de fondos privados con lo que es imposible competir.

En cierto modo se podría decir que sois un ejemplo de cómo hacer mucho en investigación con poco…

Cuando lo miras desde el punto de vista del retorno a la inversión, con 140 millones de dólares al año (antes era menos de 100 millones de dólares) hemos logrado tres premios Nobel en los últimos siete años.

Estamos entre las 50 universidades más importantes del mundo. Pensemos ahora qué pasaría si tuviésemos acceso a 1.000 millones de dólares. ¡Ahhh! Quizá no seríamos tan buenos porque la necesidad es la madre de la invención como bien sabéis.

Si tuvieras la oportunidad de sentarte con políticos españoles para convencerles de que recapaciten sobre los recortes en ciencia, ¿qué les dirías?

Mandaría al alcalde Bloomberg a visitar Madrid. Hace un año y medio, escribió una carta a 40 universidades, entre ellas, a nosotros. En la misiva decía: ‘Mira, el futuro del desarrollo económico depende de la investigación académica. El conocimiento es poder y el conocimiento a largo plazo estará en las universidades.

Por eso quiero duplicar el número de ingenieros en Nueva York y abrir un centro de investigación que rivalice con Boston y Silicon Valley”. Nos invitó a participar en el concurso. Es un verdadero visionario. Ofreció terrenos gratuitos en la isla de Roosevelt y 100 millones de dólares del erario público para construir un centro de investigación aplicada.

Nosotros unimos fuerzas con Cornell para realizar una propuesta. La dividimos en tres espacios: el entorno urbano, connected media y vida sana.

Proporcionamos nuestra experiencia en ciencia e ingeniería aplicada para que se animara a los estudiantes a que montaran su propia empresa; habría muchas compañías externas colaborando… Bloomberg es un alcalde que entiende que las nuevas tecnologías e ideas disruptivas vienen del mundo académico. Desearía que más líderes lo tuvieran tan claro como él.

Al final vuestra propuesta fue la ganadora…

Había 40 universidades en la primera ronda. Quedaron 18 en la segunda. En la final, quedaron las propuestas de Stanford y la nuestra con Cornell. Stanford, finalmente, decidió retirarse y ganamos.

El corazón del campus será el TCII, Technion Cornell Institute of Innovation. La propiedad estará dividida entre las dos universidades al 50%. Estamos convencidos de que en un par de años seremos líderes del mundo en nuevas tecnologías.

Aportáis vuestra experiencia, pero a la vez tenéis la ventaja de empezar de cero. ¿De qué forma queréis reinventar el modelo educativo?

El modelo disruptivo que vamos a utilizar, que es relativamente nuevo, consiste en construir el campus alrededor de hubs. No habrá un departamento de Ciencia Computacional, habrá un hub del entorno urbano compuesto por arquitectos, ingenieros, planificadores urbanos, sociólogos y psicólogos.

El hub de vida sana tendrá una mezcla de ingenieros y médicos enfocados principalmente en monitorizar, desarrollar sensores y el data mining. Lo que todos tendrán en común es el uso de datos. Imaginemos que en 2040 todo el mundo tiene un pequeño chip implantado que traslada información en tiempo real sobre nuestra salud a un centro de datos en Tel Aviv o Madrid.

¿Cómo analizas esta información que viene de millones de personas para determinar la salud de Cataluña o Valencia? Luego está la sección de connected media en la que se crearán los Facebook del futuro. El segundo elemento es el de los mentores. Cada estudiante tendrá alguien de la industria y de la universidad como mentor.

¿Se buscarán nuevas formas de gestionar las patentes?

La oficina de patentes americana ya ha decidido abrir una oficina en el campus. Por cierto, cuando miras los planos (saca un mapa con un render del plan) la estructura también estará diseñada para fomentar la colaboración, el debate y la apertura de los proyectos.

En 2017 nos mudaremos a la isla. Para estar cerca del programa, Google nos proporcionará espacio de oficinas gratuitas hasta ese año en su sede en Nueva York. Un total de 18.000 metros cuadrados en Manhattan.

Peretz Lavie, presidente de Technion (Fuente: Pablo Albacete para Yorokobu)

Cambiando de tema. En los últimos años habéis hecho mucho para intentar atraer a las minorías a la universidad. ¿Es un compromiso real? ¿Está funcionando?

Acabo de hablar con el presidente de Cornell. Ayer se celebró una manifestación en la que se le instaba a dejar de colaborar con la universidad del apartheid llamada Technion; sin embargo, el 20% de nuestros estudiantes son árabes. En Israel la población árabe es el 18%. Nuestro decano de estudiantes es árabe. No miramos la etnia a la hora de admitir a un estudiante ni su religión.

Tenemos un programa de inmersión que ha sido un éxito. Traemos a estudiantes musulmanes durante ocho meses y les enseñamos matemáticas e inglés avanzado para que puedan competir como iguales. Una vez que reciben estas clases no suelen tener ningún problema en conseguir una plaza. Somos conscientes también de que existe el shock del primer año de carrera.

Puedes ser el mejor estudiante de tu clase y encontrarte perdido aquí. Para mitigarlo hemos creado la figura del hermano mayor. Cada estudiante árabe tiene un mentor de más edad que le ayuda a navegar en los comienzos. Este programa empezó hace diez años. Hace una década la ratio de fracaso era del 40%. Ahora la cifra de fracaso es equiparable a la de los estudiantes israelíes.

¿Llegaremos a ver estudiantes palestinos algún día en Technion?

¿Y por qué no? Es solo un tema político. Una vez que se firme un acuerdo de paz, veo seguro que habrá estudiantes palestinos en el campus. Entonces la región se convertirá en un verdadero paraíso.

¿Crees que algunas críticas que recibís son justificadas en relación con la situación de la zona? ¿Te preocupan?

Acabo de volver de EE UU hace unas semanas y tuve un diálogo abierto con el presidente John Hopkins. Fue una conversación delante de una audiencia muy grande. Él empezó con una felicitación. Dijo que lo que hemos logrado en Nueva York enseña el lado admirable de Israel.

Todo lo que escuchamos en los campus en Israel es que somos parte de un sistema de apartheid, pero el sistema educativo israelí tiene mucho que mostrar al mundo. Una de las críticas que recibimos es que Technion está muy involucrado con el ejército en Israel; no obstante, estoy orgulloso de ello. Cada uno de los ingenieros que desarrollaron el Iron Dome es un licenciado de Technion. No se hizo en la Universidad pero todos estudiaron aquí.

Desarrollaron un sistema que salvó muchas vidas. Cuando atacaron al presidente de Cornell, él respondió que en su día había trabajado en el sistema de Star Wars. “¿Me vais a boicotear también?”, señaló. Technion proporciona la espina dorsal de ingenieros para el país y son personas que están haciendo mucho por el mundo.

De todas las investigaciones que estáis desarrollando, ¿cuáles son las que más te interesan en estos momentos?

Hay muchas pero escogeré solo una: somos pioneros en la investigación de células madre.

Un campo que sufrió la marginación en la época de George Bush por motivos religiosos e ideológicos…

Bueno, aquí tenemos la suerte de que el judaísmo no considera que un feto es humano hasta pasado los tres meses. Por eso, cuando usas el huevo fertilizado de tres semanas no plantea ningún dilema moral.

Algunas de las investigaciones que se están realizando con células es alucinante. Tanto para entender enfermedades como para tratar y transplantar órganos. El profesor Gebstein está realizando una investigación en la Facultad de Medicina en la que toma una célula de piel de un paciente con problemas congénitos de corazón y la remplaza por una célula sana que implanta en el corazón dañado para arreglarlo.

Pensamos que en un par de años esto tendrá aplicaciones prácticas en el mundo real. Otro trabajo interesante está en el área de satélites. Estamos trabajando en uno que se montará solo en el espacio. Las distintas piezas se enviarán por separado y una vez que estén en el firmamento se buscarán y se unirán automáticamente para formar un satélite más grande.

¿Es por cuestión de peso? Es más fácil llevar menos carga al espacio, ¿no?

Exacto. En Israel tenemos que mandar el cohete en la dirección opuesta a la curvatura de la Tierra. Tenemos que lanzarlo hacia el oeste y eso requiere más combustible. Esperamos que esté listo en cinco años.

Otra investigación interesante es en el área de fotones. En nuestro Instituto de Nanotecnología estamos experimentando con nuevos materiales orgánicos que remplazarán a la silicona en el futuro.

Se está realizando un trabajo estupendo sobre los antibióticos en el departamento de biología y los responsables de ingeniería biomédica están inventando chips que detectan estructuras de ADN. La investigación en Technion es muy rica y muy diversa.

España, EE UU e Israel tienen algo en común. En los últimos años han tenido protestas juveniles importantes que denuncian la falta de oportunidades y una creciente desigualdad en la sociedad. ¿Qué pueden hacer las universidades para atajar esta situación?

Los licenciados de nuestra Universidad tienen los salarios más altos de Israel. Especialmente los de ciencia computacional e ingeniería eléctrica. Cuando vienen aquí saben que conseguirán trabajo.

Aquí, estas protestas suelen venir de universidades con facultades en humanidades y derecho más sensibles a estos temas, pero eso no significa que no hagamos nada. Hacemos mucho. Tenemos un centro preacadémico muy importante en el que formamos a personas con menos recursos y oportunidades para que puedan competir.

Uno de los mayores problemas que tenemos aquí son los ultraortodoxos. No estudian nada más allá del Talmud. Ni inglés ni matemáticas. Invité al ministro de Educación a conocer a un chico de 24 años que ya tiene cuatro hijos. Cuando llegó a su primera clase, el profesor puso los números del 1 al 10 en la pizarra y la letra x. El chico levantó la mano y comentó al profesor: “Entiendo del 1 al 10, pero ¿qué son esos dos unos cruzados?”. No sabía el significado de la letra x.

Hoy es licenciado en ingeniería industrial y administración de empresas. Los cogemos durante 18 meses y les enseñamos toda la física, inglés y matemáticas que no han aprendido antes.

Damos una segunda oportunidad a los que no terminaron el colegio para que compitan.No les damos condiciones especiales para entrar. El 67% de los estudiantes que deciden tomar este curso son admitidos en la Universidad. Cada año traemos a miles de jóvenes para motivarlos a que aprendan sobre la ciencia, pero no es fácil.

Es un verdadero quebradero de cabeza atraerlos. Buscan la salida más fácil. Si no hacemos algo pronto, tendremos serios problemas en diez años.

Fuente: El MIT de Medio Oriente
Autor: Marcus Hurst

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